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Última actualización 25/01/2006@00:00:00 GMT+1
Los equipos educativos de las casas de niños de la Zona Norte 5 y 10 de Madrid disfrutaron en una de las reuniones semanales de zona de una secreta experiencia que tres de sus compañeras habían preparado para explicar su participación en un proyecto europeo sobre cuentos.
Ya antes de entrar en la reunión se creó un poco de misterio: no podíamos acceder a la sala de reuniones hasta que Charo, Mª Ángeles y Patricia no dieran la consigna. Esto empezó a generar nerviosismo y curiosidad. Y, por fin, se dio la orden: “ya podéis entrar y sentaros”. Nada más sencillo, nada más vistoso, nada más aromático, todo en aquella sala entraba por los sentidos: ramas, flores, objetos, colores, perfumes, velas… despertaban nuestros sentidos y nuestra curiosidad. Se nos dividió en tres grupos y nos dieron la orden de coger un solo objeto cada grupo, algo que nos gustara o nos llamara la atención. La segunda consigna consistió en escoger de entre todo lo que había expuesto aquello que necesitábamos para que enlazándolo con el objeto nos permitiera crear una cuento. Surgiendo casi de inmediato tres cuentos o relatos. 1.Una locomotora que recorría los países llevando la luz por todos los pueblos que pasaba. 2. Una montaña mágica donde todo lo que crecía era enorme y podía repartirse entre todos los habitantes. 3. Un elefante pequeño que vivía en un bosque especial, en el que crecía un árbol que daba un alimento que proporcionaba alegría y felicidad a todo el que lo tomaba. El siguiente paso fue enlazar los tres relatos en uno solo y que surgió así: “Había una vez un pequeño elefante que vivía en un bosque muy especial, en el que crecía un árbol que daba a todo el que lo comía alegría, paz y felicidad. Un día pasó por el bosque una locomotora que llevaba una luz diferente a todas las luces que había visto, también trasmitía magia y paz. El elefante decidió subirse en la locomotora y emprender viaje con ella. Recorrieron pueblos, ciudades y llegaron a una montaña enorme y diferente a las que habían visto en otros lugares. ¡Aquella montaña era mágica! Pasearon por ella y se dieron cuenta de que todo lo que se producía era enorme: manzanas, tomates, pepinos… tenían un tamaño como nunca habían conocido. Con todos aquellos alimentos podían saciar el hambre de mucha gente y decidieron recorrer juntos el mundo, llevando alimentos, luz y alegría a todos sus habitantes.Un poco de esa luz y esa alegría nos inundó a todas tras la experiencia vivida. El intercambio, el compartir y el buen hacer son también vagones de esa locomotora que nos inunda de luz. Y colorín colorado…” Mª del Pilar MARTÍNEZ, Reyes RINCÓN E. Educativo de las Casas de Niños de Madrid Zona Norte 5 y 10
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