Hemeroteca :: 03/03/2010
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En Clave educativa

El presidente de la Junta de Andalucía y la consejera de Educación visitan un centro con portátiles. (Foto: MAGISTERIO)

Ordenadores en el aula: y ahora, ¿qué hacemos con ellos?

Por Diego Francesch
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dfranceschmagisnetcom/10/10/19
Última actualización 02/03/2010@09:08:12 GMT+1
La entrega masiva de ordenadores en los centros hace que los profesores se pregunten cómo utilizarlos. A muchos les falta la formación técnica y metodológica necesaria para sacarles partido más allá del uso habitual que todos sabemos.
“La semana pasada nos trajeron un montón de ordenadores, para todos menos para el profesor. Nos pusimos muy contentos porque pensamos que también nos pondrían aire acondicionado en verano (nos morimos de calor) y que traerían una pizarra nueva, sin reflejos y en la que se pueda escribir sin que la tiza resbale, sillas y mesas nuevas adecuadas a nuestra estatura, estanterías y una taquilla para nuestras cosas. Pero no, sólo trajeron ordenadores. Y sin lupa porque son muy pequeños, pero eso da igual”. Esta redacción de Marta, una alumna de 5º de Primaria de un centro de Cataluña, bien podría reflejar la opinión en muchas de las aulas donde estos días las distintas administraciones están entregando ordenadores de forma masiva. Sólo tres comunidades se han desmarcado de la iniciativa ministerial Escuela 2.0 –Murcia, Valencia y Madrid– un programa de incentivo económico más que pedagógico, al menos hasta ahora.

Y aunque es difícil valorar aún el efecto de la implantación de los equipos, sabemos por la experiencia de otros países que los ordenadores, por sí solos, no cambian nada si no van acompañados de la metodología adecuada. Es más, se pueden convertir en un estorbo si se emplea la pedagogía habitual.

La informatización de las aulas es una necesidad derivada de la modernización, pero debe abordarse dentro de un plan completo de cambio de mentalidad, de formación del profesorado y de adaptación a cada etapa educativa.

Lo dicen todos los informes, como éste de la Fundación Encuentro sobre tecnología y aprendizaje: “El problema principal no es técnico, sino educativo: para qué, cómo y en función de qué concepción de la enseñanza se utilizan los ordenadores”. La cuestión central no es tener más o menos ordenadores sino sobre el modelo pedagógico y su transformación a través de las nuevas tecnologías.

Hasta ahora, el modelo de enseñanza es de carácter transmisivo. En este modelo, el ordenador puede servir para que el alumno amplíe información, realice ejercicios o establezca alguna relación interactiva.

Pero el ordenador demanda un cambio en esta metodología tan arraigada entre profesores y alumnos. Una metodología basada en un proyecto de aprendizaje que exige la cooperación entre los alumnos, la búsqueda de la información y la utilización de diferentes estrategias de solución de problemas.

Los profesores comprueban que existen dificultades para la normal incorporación de las tecnologías. Por ejemplo, con o sin ordenador mantienen el mismo tipo de evaluación de conocimientos. Pero la evaluación condiciona todo el proceso anterior. Son los propios alumnos los que demandan una respuesta sobre cómo se les va a evaluar y de qué. En este sentido manifiestan las ventajas del libro de texto sobre el ordenador, con afirmaciones como “vamos muy lentos” o “el ordenador quita mucho tiempo”.

En definitiva, si cambia el sistema de enseñanza ha de cambiar el de evaluación. Porque, ¿cómo evaluar ritmos de aprendizaje diferentes o el trabajo en equipo? O ¿cómo evaluar distintas materias?
Otro de los elementos que se constata en un aula con tecnología es que los docentes creen que se aprende más en el aula tradicional, pero al mismo tiempo en ella los alumnos tienen menos interés, se mantiene peor el orden, las relaciones entre los alumnos son más limitadas, hay menos ambiente de trabajo y más dificultades para adaptar la enseñanza a las necesidades de cada uno de los alumnos.

Por este motivo hay estudios que relacionan el uso del ordenador con un menor rendimiento que se explicaría no tanto por la tecnología en sí misma como por su mal uso. Pero no es un problema sólo de España. En los demás países de Europa occidental tiene el mismo efecto o no tiene ninguno, salvo Bélgica o Italia, donde consiguen un resultado positivo y significativo como consecuencia del aumento de la ratio de ordenadores por aula. Holanda e Irlanda, en cambio, obtienen los peores rendimientos. Los responsables de las compañías tecnológicas lo advierten en algunos casos. El presidente de IBM España, Juan Antonio Zufiria, afirmaba en enero pasado que “el problema de que las escuelas españolas integren la tecnología en las aulas no radica en los dispositivos. El planteamiento de fondo debe sostenerse en unos contenidos de calidad”.

De lo contrario, tendremos que hacer caso a Marta, nuestra alumna de 5º de Primaria sobre su experiencia con los ordenadores: “El primer día no hicimos nada con ellos porque tiene un sistema que es diferente al que tenemos en casa, un tal Linux, y que el maestro no conoce. En realidad no sabe nada de informática. Dijo que ya miraría algo, pero María, otra empollona, le contestó que ella podía enseñarle, pues en su casa tiene un ordenador y sabe manejarlo. Todos nos reímos, pero el maestro no”.
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  • Ordenadores en el aula: y ahora, ¿qué hacemos con ellos?

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    1868 | JOSE JUAN HERRERA - 07/03/2010 @ 18:53:33 (GMT+1)
    Juguetes para todos.
    “Los ordenadores ya los tenemos, ¡qué ilusión! ¡qué alegría! ¡por fin se ha arreglado la educación en España!
    ¡No sabemos quién ha sido, pero ya al fin los aparatos han venido!
    ¿Fue el presidente? ¿Ha sido obra de un ministro o ministra?¿Quién tomó la última decisión? No sabemos responder a la pregunta con exactitud, pero lo que sí sabemos es que quien la tomó, desde luego ha sido alguien que no conoce la escuela ni de lejos , por supuesto no conoce a los niños, no tiene la más mínima idea de pedagogía y sabe poco de psicología evolutiva y social. Esto, es comprensible, los que conocemos a los niños y a las niñas, somos los padres, las madres, los maestros y maestras; nosotros somos los que sufrimos y los que reímos con ellos y los que les enseñamos y también los que aprendemos con ellos”, y con nosotros nadie ha contado.

    ¿Por qué se dan ordenadores entonces a los niños? ¿Por qué se dan ahora en un momento de enorme crisis de las finanzas públicas y no en otros momentos de bonanza? Las respuestas son sencillas y cualquiera las responde, el más torpe y burdo populismo electoral: “Si a las familias les damos un ordenador y una mochila, nos justificamos, quedamos bien y así podremos coger un puñado de votos en unas perspectivas electorales poco halagüeñas”. Los niños, son lo de menos.
    (Ahora lo descubro… el que dio la idea era especialista en sociología política electoral,
    no sé si buen especialista).

    ¿Son útiles los ordenadores? Por supuesto, no sólo útiles, sino convenientes y necesarios para la formación de los niños. Pero… en el colegio, claro. Los profesionales de esto, ya nos arreglaremos para formarnos, para insertar los ordenadores en nuestras programaciones. No es tan difícil. Claro que el ordenador es un instrumento útil, y cada día lo será más, pero solo un instrumento más.

    He aquí, surgen también algunas preguntas: ¿es necesario dotar a cada niño de un ordenador personal, para que lo utilice fuera del horario escolar para sus actividades de ocio? Creo sencillamente que es un despilfarro regalar a los niños un portátil para sus juegos, chats, twenties, etc, en lugar de invertir ese dinero en educación, que es de lo que se trata, (por lo menos eso creía yo), es decir, dotar con ordenadores a los centros para todos los niveles educativos, (¿por qué a niños de 5º y 6º y no en toda la secundaria obligatoria, por ejemplo?), realizar desdobles, dotar a los centros profesores de refuerzo, orientadores en primaria, pizarras digitales en todas las aulas…lo que ocurre, que todo esto último vale dinero y no se ve, se queda dentro de la escuela, y no se arañan votos.

    Hace unas semanas entregamos los portátiles en mi colegio, era tragicómico, cómo entregábamos su regalo a alumnos, que sabes no van a utilizarlos en actividades educativas, a alumnos que no van a aprovecharlos, ojalá, me equivoque. Y aquí, me viene otra pregunta. Si el proceso de enseñanza debe tener lugar en la escuela bajo la supervisión de un docente, ¿qué sentido tiene llevarse el portátil a casa? ¿Se le va a regalar también el acceso a Internet a los padres?, ¿se les va a dar cursos “intensivos” de pedagogía digital, o será el pequeño portátil un competidor de la videoconsola en el proceso “lúdico-educativo” de los alumnos?

    No voy a entrar en más problemas, con los que sin duda nos encontraremos con el uso:
    garantía de continuidad del proyecto, equipos que se estropearán, que serán manipulados, equipos que desaparecerán, en fin ya iremos viendo como responde la administración, crucemos dedos y todo lo que podamos.

    Ya tenemos nuestros portátiles, espero que los disfrutemos y que pasemos buenos ratos con ellos. Siempre me queda la frase de Nietzsche que decía: “ El que quiera dar algo, que tenga cuidado de que los que acepten, sean capaces de comprender cuál es el sentido de sus donaciones”

    José Juan Herrera Sánchez.
    1866 | David Rabadà - 05/03/2010 @ 17:32:05 (GMT+1)
    El aula digital con un portátil por alumno ha sido publicitada como la gran y moderna solución al problema educativo, pero por desgracia el adjetivo moderno, que a muchos convence, esconde algo muy perverso, la estafa. Moderno no implica necesariamente mejor, sino alterar lo que ya funcionaba. Éste resulta el caso del aula tradicional que ahora unos quieren que de repente pase a digital cien por cien. Que tal un poco paciencia y pruebas piloto. Pues no, sin tiempo de reflexión, ahora se ha decretado, casi impuesto por un gobierno demócrata, que el aula digital esté en un par de meses. Sabemos que un proyecto similar fracasó en Suecia, sabemos que la red fallará muchos días en el aula, sabemos que los alumnos se conectarán a Internet sin hacer el trabajo de clase, sabemos mucho pero nuestra atención ya ha sido desviada del problema real, nuestro flagrante fracaso escolar nacional, un problema que no solucionará un ordenador por alumno. Ostentamos el doble de fracaso escolar que la media europea, el doble. Un treinta por ciento de nuestros escolares no alcanzan la enseñanza secundaria obligatoria, treinta de cada cien. Cabe añadir aquí que más del noventa por ciento de los alumnos que fracasan pertenecen a familias, la mayoría con ordenadores, que no dedican el tiempo necesario en la educación de los mismos, no a escuelas sin aulas digitales. Lo más grave de todo ello será la inversión que se prevé tanto familiar como pública durante una época de crisis como la que vivimos. Quizá sea eso lo que se desea, inversiones, ¿pero a quién van a favorecer? A sus hijos no, se lo aseguro.
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