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Desde el cole para el mundo

Lo que pasa dentro del aula es un fiel reflejo de lo que pasa fuera. Si tu clase o tu colegio es inclusivo, tus alumnos van a salir sabiendo y queriendo un mundo más justo e igualitario.
Juan José Leal MartínezJueves, 21 de April de 2022
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© METAMORWORKS

Da igual el profesor con el que hables, todos te pueden explicar con argumentos sólidos por qué su área es la más importante. Un profesor de idiomas te podrá decir la importancia de su asignatura en los planes de estudio y la necesidad de aumentar su carga horaria para conseguir un empleo mejor. Un profesor de Educación Física te dirá que el deporte y la salud deberían considerarse igual de valiosos que sacar un 9 en Matemáticas y te va a costar discutirle lo contrario. Pero hay un tipo de Educación que, aunque ya tiene reconocimiento de la gran mayoría de los docentes, todavía no cuenta con ese nivel de especialización ni se le atribuye el peso que le corresponde y, sin embargo, tiene un alto impacto en nuestros estudiantes y en el futuro de la sociedad en su conjunto. Se trata de la Educación para la ciudadanía global.

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Hay un tipo de Educación que todavía no cuenta con ese nivel de especialización ni se le atribuye el peso que le corresponde y, sin embargo, tiene un alto impacto en nuestros estudiantes y en el futuro de la sociedad en su conjunto: la Educación para la ciudadanía global

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Ciudadanía global es saber conscientemente que todo lo que me pasa y me rodea a mí también tiene el mismo efecto y repercusión a nivel mundial. Por eso, organizaciones como la Unesco se refieren a ella como una respuesta a las amenazas a la paz o al desarrollo sostenible, que se ponen de manifiesto a través de la violación de los derechos humanos, la desigualdad o la pobreza en un mundo cada vez más interconectado.

Las competencias y habilidades que se aprenden a través de la Educación para la ciudadanía global no difieren en mucho a otro tipo de competencias: aprender determinados conceptos de memoria no es la mejor solución y más si hablamos de formación en valores; tienen sus propios mecanismos de medición con indicadores de seguimiento de cumplimiento; deben evolucionar con el tiempo al mismo ritmo que otras competencias y van a requerir de cierta voluntad para realizar algunos cambios a nivel curricular. Además, tienen que poder adaptarse a las necesidades de los alumnos y van a necesitar del esfuerzo y la implicación desde los centros y desde las aulas.

En un estudio de Unesco de 2020 se concluye que términos como «Respeto», «Diálogo», «Identidad», «Derechos», «Solidaridad» o «Democracia» son identificados en al menos 16 currículos en diferentes países de América Latina y el Caribe, mientras que otros conceptos como «Equidad de género», «Libertad» o «Empatía» deben todavía potenciarse. Pero el análisis reconoce la importancia no sólo de conocer el diseño del currículo sino investigar su implementación, así como las prácticas y metodologías que facilitan que los estudiantes aprendan estos conceptos.

Entonces, ¿cuál es el verdadero papel de las escuelas en este proceso? Es posible que en algún momento hayamos leído o escuchado la famosa frase de Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz en 1984: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”… y en ese sentido, este compromiso y empatía con lo que le pasa al otro tiene que comenzar desde pequeño en el colegio. Por supuesto que también tienen su papel la familia, los amigos o internet, pero la influencia de lo que pasa en una clase y la interacción entre alumnos y con el profesor son esenciales.

Soy también de la opinión de que lo que pasa dentro del aula es un fiel reflejo de lo que pasa fuera. Si tu clase o tu colegio es inclusivo, tus alumnos van a salir sabiendo y queriendo un mundo más justo e igualitario. Si tu clase cuida y respeta su entorno, tus alumnos van a salir queriendo cuidar el medio ambiente. En definitiva, que lo que se enseña y se aprende dentro de nuestros sistemas educativos está estrechamente relacionado con cómo uno piensa y actúa.

Muchos de los problemas en Iberoamérica son los mismos que en el resto del planeta: desigualdades, recursos naturales que se agotan, violencia, colectivos más vulnerables. Pero ojo, la Educación para la ciudadanía global hace lo que puede. Si fuera del centro educativo existen tiranos invasores, dictadores en contra de la democracia, corrupción o flagrantes quebrantamientos de los derechos humanos, no vayamos a culpar ahora al papel de la Educación. Como dijo Paulo Freire, “La Educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”, y hay muchas personas con la capacidad de tomar decisiones importantes que apenas logran cambiar.

Abiertos al mundo

No obstante, son muchos los expertos que señalan que los centros tienen que estar abiertos a los problemas del mundo y enseñar a sus estudiantes las habilidades que les permitan participar, ser críticos e involucrarse. Las escuelas deben querer subirse a este tren y tener el criterio suficiente para saber que, aunque este tipo de enseñanza-aprendizaje tiene complicado evitar que sucedan, por ejemplo, conflictos armados, sí que es una herramienta con la que pueden contar para ayudar a frenarlos y paliar sus terribles consecuencias. Que cuantas más competencias ciudadanas se trabajen, más paz habrá, y que cada día en el aula es una oportunidad para que los estudiantes conozcan y enfrenten lo que le está pasando a otros estudiantes.

Para promover el conocimiento de los grandes retos globales y de las competencias ciudadanas, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) está llevando a cabo un estudio, junto al Ministerio de Educación y Formación Profesional de España, con el que se va a reflexionar sobre cómo se están implantando estas competencias en Iberoamérica y poder generar recomendaciones que ayuden a los centros educativos en el diseño de estrategias enfocadas en el fortalecimiento de competencias ciudadanas.

Con la Educación para la ciudadanía global aprendemos y nos importa lo que le pasa al otro, esté más cerca o lejos. Nos hace responsables de conocer y saber qué puedo hacer, de colaborar y tener conciencia crítica. Aprendemos que hoy estamos más conectados que nunca, que todos los problemas son globales y que pertenecemos a algo más grande. También, que un centro educativo será exitoso en el momento que sepa dar las respuestas correctas a sus alumnos de lo que está pasando en el mundo y lo invite a querer mejorarlo.

Juan José Leal Martínez. Especialista en Educación de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).

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