'Influencers' y universidad: educar en la era de la influencia digital 

A pesar del peso del entorno digital, la investigación muestra que los referentes más influyentes siguen siendo los cercanos. La familia representa el núcleo principal de influencia (81,2%), con un papel especialmente significativo de la madre (45,8%), seguida del padre (21,1%).
Felipe Rodrigo Gutiérrez de la CámaraLunes, 22 de junio de 2026
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En este nuevo ecosistema, plataformas como Instagram, YouTube y TikTok se convierten en espacios privilegiados de socialización simbólica, donde los jóvenes no solo consumen contenido, sino que interpretan la realidad, configuran aspiraciones y contrastan su identidad. ADOBE STOCK

En los últimos años, el término influencer ha pasado de ser una categoría propia del marketing digital a convertirse en un fenómeno cultural que atraviesa la vida de millones de jóvenes. Cerca del 49% de los usuarios de redes sociales en España sigue a influencers, y uno de cada tres jóvenes afirma que le gustaría convertirse en uno. Este contexto no es irrelevante para la educación superior: plantea una cuestión de fondo que interpela directamente a la universidad.

¿Qué papel puede y debe desempeñar la universidad en la formación de la persona cuando los procesos de influencia y modelaje se producen también en el entorno digital? Esta pregunta ha guiado la investigación doctoral, del Felipe Rodrigo Gutiérrez de la Cámara, centrada en estudiantes universitarios y en el análisis del impacto de los influencers en su desarrollo personal.

La influencia: entre lo humano y lo digital 

Los resultados muestran que los propios estudiantes definen al influencer, principalmente, como un creador de contenido en redes sociales (53,57%), pero también como alguien con capacidad de influir en gustos y comportamientos (46,8%). Es decir, reconocen explícitamente su dimensión formativa.  Este dato confirma una intuición de fondo: la influencia no es un fenómeno nuevo, sino constitutivo de la vida humana. Lo que sí es nuevo es su escala, su intensidad y su mediación tecnológica.

En este nuevo ecosistema, plataformas como Instagram (422 usuarios), YouTube (271) y TikTok (216) se convierten en espacios privilegiados de socialización simbólica, donde los jóvenes no solo consumen contenido, sino que interpretan la realidad, configuran aspiraciones y contrastan su identidad.

Una influencia que entretiene… pero también orienta 

El principal motivo por el que los estudiantes siguen a influencers es el entretenimiento (64,6%), muy por encima del conocimiento (15,8%). Sin embargo, reducir el fenómeno a lo lúdico sería simplificarlo en exceso. Los jóvenes valoran el humor (28%) y la experiencia (28,5%), pero al mismo tiempo muestran una actitud crítica ante la falta de autenticidad (100 menciones) y el exceso de publicidad (68 menciones). En paralelo, identifican como cualidades positivas el sentido del humor (145 menciones) y la autenticidad (115), frente a críticas como la falsedad (62) o la actitud de superioridad (42).

Estos datos evidencian una ambivalencia: los influencers atraen, pero no de cualquier manera. La autenticidad aparece como criterio central de legitimidad.

Los influyentes reales: la fuerza de la cercanía 

A pesar del peso del entorno digital, la investigación muestra que los referentes más influyentes siguen siendo los cercanos. La familia representa el núcleo principal de influencia (81,2%), con un papel especialmente significativo de la madre (45,8%), seguida del padre (21,1%). Este resultado es especialmente revelador: el ecosistema digital no sustituye la relación personal, sino que convive con ella. De hecho, cuando se pregunta por las capacidades que inspiran en la vida real, los estudiantes destacan la capacidad de trabajo (53%) y la superación personal (50%), cualidades encarnadas en personas concretas.

Asimismo, los valores que orientan su vida cotidiana –ayuda (68,9%), respeto (66,5%) y lealtad (66,3%)– apuntan a una aspiración ética profunda que no se agota en el consumo digital.

Influencia y formación: una cuestión de sentido 

Uno de los hallazgos más relevantes es que los jóvenes no solo buscan entretenimiento o contenido: buscan orientación. Las figuras influyentes son importantes porque les ayudan a “querer mejorar” (53%) y contribuyen a su bienestar emocional (20%). Además, cuando se les pregunta qué esperan de referentes reales, aparecen demandas claras: empatía, paciencia y capacidad de transmitir lecciones vitales. Este punto es clave para comprender el papel de la universidad. La influencia –digital o presencial– siempre implica una propuesta de valores. Y toda propuesta de valores requiere un sujeto capaz de discernir.

La universidad como espacio de acompañamiento 

En este contexto, la universidad está llamada a desempeñar un papel insustituible. No tanto como competidora del ecosistema digital, sino como espacio de formación integral que permita al estudiante comprender, interpretar y jerarquizar las influencias que recibe. La investigación apunta al acompañamiento como clave educativa. Un acompañamiento que no se limita a la transmisión de contenidos, sino que genera espacios de relación, reflexión y construcción de sentido.  Aquí emerge con fuerza la figura del profesor como influyente real: no solo como experto, sino como alguien que encarna valores, que acompaña procesos y que ayuda al estudiante a integrar lo que vive en su propio camino personal.

Una responsabilidad ineludible

Volvemos así a la pregunta inicial: ¿qué papel debe desempeñar la universidad cuando la influencia ya no se produce solo en el aula, sino también –y de forma intensa– en el entorno digital?  La respuesta no pasa por ignorar este fenómeno ni por demonizarlo, sino por asumirlo desde una perspectiva formativa más amplia.

Si los jóvenes no encuentran en la universidad referentes que les ayuden a comprender su experiencia y orientar su vida, los buscarán en otros lugares. Pero si la universidad es capaz de ofrecer acompañamiento, sentido y modelos auténticos, puede convertirse en un espacio decisivo en la formación de la persona.

Felipe Rodrigo Gutiérrez de la Cámara (Pdh), es director adjunto del Instituto de Acompañamiento de la Universidad Francisco de Vitoria.

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