Opinión
En educación, como en tantos otros ámbitos, no siempre es fácil distinguir la señal del ruido. Al deseable pluralismo sobre qué y cómo enseñar, hay que sumar la acumulación de novedades, proyectos, metodologías, que se superponen unas a otras y que desaparecen tan rápido como llegan. El escepticismo es un remedio natural contra un mundo líquido. Nada me creo porque todo llegará y desaparecerá. Y, sin embargo, ¿no hay nada que deba escapar de ese escepticismo? Muchos creemos que los programas tempranos, preventivos, intensivos y focalizados en atender al alumnado más vulnerable son, por ejemplo, una de las cosas por las que merece apostar a largo plazo. Un ejemplo son los resultados obtenidos en el estado de Mississippi, en Estados Unidos, tras apostar precisamente por ello.
Se acerca el fin de curso y, con él, las ansiadas vacaciones de verano. Para muchos niños y niñas, eso significa juegos, deporte, excursiones, nuevos amigos y días enteros alejados de la rutina escolar. Para muchas familias, además, los campamentos de verano se convierten en una opción imprescindible para poder conciliar durante estos meses.





