Álvaro Bilbao analiza el primer día de curso de un adolescente

Álvaro Bilbao abrió la nueva temporada de La Charleta Educativa con una advertencia clara: el curso no empieza el primer día de clase, sino mucho ante. A lo largo de la entrevista, el neuropsicólogo fue hilando consejos prácticos con una idea de fondo: en la adolescencia, la clave no es vigilar más, sino entender mejor.
José Mª de MoyaMartes, 8 de septiembre de 2026
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Álvaro Bilbao dialoga con José Mª de Moya en 'La Charleta Educativa'.

Álvaro Bilbao llegó a La Charleta Educativa para recorrer, casi minuto a minuto, un día cualquiera de inicio de curso en una familia con un hijo de 15 años. Y lo hizo con una tesis que atravesó toda la conversación, el arranque del colegio no puede improvisarse. El despertador, el desayuno, el camino al instituto, la comida, los deberes, las pantallas, la cena y la hora de acostarse forman parte de un mismo engranaje educativo en el que padres y profesores tienen mucho que decir.

Desde el primer momento, Bilbao dejó claro que la adolescencia no admite soluciones bruscas ni recetas de última hora. Su mirada estuvo puesta en ese cerebro que cambia, que se desordena y que necesita preparación, límites y, sobre todo, vínculo. A partir de ahí, la entrevista avanzó como una guía de supervivencia para el curso: sin dramatismos, pero con precisión, y con una advertencia constante sobre un punto especialmente sensible en la educación de hoy: la tecnología, las redes sociales y la inteligencia artificial están alterando la forma en que los adolescentes descansan, se relacionan, estudian y construyen su identidad.

07:00 – El despertar y la vuelta a la rutina

Tras un verano de horarios más relajados, volver a madrugar no debería convertirse en un cambio brusco de un día para otro. Bilbao insistió en que el despertar del adolescente debe prepararse con antelación, adaptando progresivamente los horarios durante los días o incluso semanas anteriores al comienzo de las clases. El adolescente suele tener ritmos de sueño más tardíos y su organismo necesita tiempo para acostumbrarse de nuevo a las exigencias del curso. Por eso, más que recurrir a las prisas, los gritos o una disciplina repentina, el neuropsicólogo propone anticiparse.

También recomendó que, siempre que sea posible, los padres estén presentes durante esa primera mañana. Acompañar el despertar, compartir el desayuno o simplemente generar un ambiente tranquilo puede ayudar a reducir la tensión. No hace falta forzar conversaciones ni convertir el momento en algo solemne: se trata de crear un pequeño ritual que transmita seguridad.

07:30 – La prisa del desayuno

En el desayuno, Bilbao propuso una regla sencilla, los padres deciden la calidad de los alimentos que hay disponibles en casa, pero el adolescente debe poder decidir cuánto come. Obligarle a ingerir una determinada cantidad puede convertir la mesa en otro espacio de conflicto, especialmente si se despierta sin apetito. La responsabilidad de los adultos consiste en ofrecer alimentos saludables y accesibles, pero respetando en cierta medida los ritmos del menor.

08:15 – El camino al centro educativo y la autonomía

El inicio de la adolescencia implica también comenzar a revisar hasta dónde llega la protección de los padres y dónde empieza la autonomía de los hijos. Aunque Bilbao recordó que cada adolescente tiene un nivel distinto de responsabilidad y madurez, su planteamiento general apuesta por acompañar progresivamente ese crecimiento.

La autonomía no aparece de un día para otro. Debe construirse dando pequeñas responsabilidades y permitiendo que el adolescente vaya haciendo por sí mismo aquellas cosas para las que ya está preparado. La clave, como aparecería después en otros momentos de la entrevista, no está en aplicar una única norma para todos, sino en observar al hijo concreto y ajustar las decisiones a su capacidad para organizarse y desenvolverse con responsabilidad.

14:15 – La salida del colegio y el reencuentro

Cuando el adolescente vuelve a casa después de varias horas de clase, Bilbao recomienda evitar uno de los errores más habituales de las familias, iniciar inmediatamente un interrogatorio. Preguntas como “¿qué tal el día?”, “¿tienes deberes?”, “¿te han puesto exámenes?” o “¿qué has hecho hoy?” suelen aparecer demasiado pronto, precisamente cuando el adolescente necesita primero bajar la guardia y desconectar.

Bilbao resumió esta idea señalando que la conexión precede a la conversación. Antes de intentar averiguar qué ha ocurrido durante la jornada, conviene generar un momento de encuentro: hacer una broma, contar una anécdota propia, comentar cualquier cosa cotidiana o simplemente acompañar.El adolescente debe sentir que al regresar a casa no entra en un nuevo examen, sino en un espacio en el que puede relajarse. Una vez recuperada esa conexión, será mucho más probable que aparezca espontáneamente la conversación.

14:45 – El almuerzo: ¿Televisión o desconexión en silencio?

Bilbao se mostró especialmente partidario de preservar la comida familiar como un espacio de encuentro y conversación. Por eso, cuestionó la costumbre de comer habitualmente con la televisión encendida. Después de una mañana de clases, las pantallas pueden parecer una forma cómoda de desconectar, pero también ocupan un espacio que podría utilizarse para recuperar el vínculo familiar. Para Bilbao, sentarse alrededor de una mesa ofrece una oportunidad especialmente valiosa para hablar y conocer cómo está viviendo el adolescente su día a día.

Eso no significa convertir cada comida en una conversación trascendental. De nuevo, defendió empezar por temas sencillos, una broma, una noticia, una experiencia de los padres o cualquier detalle cotidiano. La actualidad puede convertirse precisamente en una buena puerta de entrada a conversaciones más profundas. Una noticia permite hablar indirectamente sobre cuestiones sociales, relaciones, valores o preocupaciones sin colocar al adolescente en el centro del interrogatorio.

A partir de ahí pueden surgir asuntos más personales. Bilbao defendió que incluso cuestiones tradicionalmente incómodas como el sexo, el alcohol, las drogas o el suicidio deben tener espacio dentro de las conversaciones familiares. Su razonamiento fue claro, aquello que no se habla abiertamente termina muchas veces apareciendo “por debajo de la mesa”. Para detectar problemas académicos o relacionales, por tanto, no propone preguntas diseñadas como un examen psicológico. La mejor estrategia consiste en conversar habitualmente y construir confianza. Cuando existe conexión, el adolescente tiene más posibilidades de contar lo que le preocupa.

15:45 – El debate de la Inteligencia Artificial en los deberes

La inteligencia artificial fue uno de los asuntos sobre los que Bilbao mostró una mayor preocupación. No la presentó como una herramienta que deba prohibirse completamente, pero sí advirtió del riesgo de convertirla en un sustituto del esfuerzo intelectual. Los deberes, recordó, cumplen una función que va mucho más allá de conseguir la respuesta correcta. Cuando un alumno intenta resolver una duda, organizar información, equivocarse o buscar una solución, está poniendo en marcha procesos mentales necesarios para desarrollar su cerebro.

Si una herramienta de inteligencia artificial realiza continuamente esos pasos por él, el adolescente puede perder importantes oportunidades de aprendizaje. Por eso, Bilbao reivindicó que los deberes sigan siendo fundamentalmente trabajo del alumno. La IA puede formar parte del mundo en el que está creciendo, pero no debería resolver sistemáticamente sus dificultades ni sustituir su capacidad de pensar. La advertencia llegó incluso al terreno emocional. Si un adolescente empieza a contar sus problemas a una máquina en lugar de recurrir a otra persona, puede perder una parte fundamental de la experiencia humana, escuchar, ser escuchado, recibir apoyo y aprender a relacionarse con los demás.

16:30 – La organización de la tarde: ¿Deberes obligatorios o juego lúdico?

Al organizar la tarde, Bilbao vinculó el estudio con la ciencia de los hábitos. Su propuesta general consiste en situar primero aquellas actividades que requieren esfuerzo y dejar las más gratificantes para después. Primero los deberes; después, el móvil, la televisión o los videojuegos.

La lógica no consiste simplemente en premiar al adolescente, sino en evitar que una actividad enormemente estimulante haga mucho más difícil sentarse posteriormente a estudiar. Cuando el esfuerzo precede a la recompensa, resulta más sencillo consolidar rutinas. Sin embargo, Bilbao evitó establecer una fórmula idéntica para todas las familias. Hay adolescentes capaces de organizarse solos y otros que necesitan una mayor supervisión. Los padres deben observar cuál es el nivel de responsabilidad de su hijo y adaptar las normas. Su papel tampoco debería consistir en hacer los deberes por él. La frustración, las dudas y el esfuerzo forman parte del aprendizaje. El acompañamiento adulto debe ayudarle a organizarse y encontrar soluciones sin eliminar todas las dificultades del camino.

17:30 – Las actividades extraescolares: ¿Ocio estructurado o tiempo libre?

En una época en la que muchas tardes infantiles y adolescentes están completamente ocupadas, Bilbao defendió una idea mucho menos habitual: aburrirse también es bueno. Las actividades extraescolares pueden tener un enorme valor cuando responden a intereses reales del adolescente, pero pierden parte de su sentido si simplemente llenan cada hueco de la agenda por miedo a que el hijo pierda oportunidades.

Bilbao cuestionó precisamente esa tendencia a convertir toda la tarde en una sucesión de inglés, deporte, música, robótica u otras actividades. El adolescente necesita tiempo libre en el que no exista una tarea organizada por un adulto. El aburrimiento puede favorecer la creatividad, la búsqueda de soluciones propias y la capacidad de descubrir intereses. Cuando cada instante está ocupado por una actividad o por una pantalla, desaparece parte de ese espacio necesario para aprender a decidir qué hacer con el propio tiempo.

18:30 – El acceso al móvil tras el colegio y el riesgo de la pornografía o TikTok

Las redes sociales y las pantallas ocuparon una parte importante de las advertencias de Bilbao. El neuropsicólogo defendió limitar especialmente su acceso durante la adolescencia temprana y se mostró incluso favorable a que determinadas restricciones por edad puedan establecerse legalmente. Su argumento fue fundamentalmente neuropsicológico. Las plataformas están diseñadas para capturar continuamente la atención y utilizan mecanismos de recompensa que comparó con los de una máquina tragaperras. Esa dinámica puede afectar a la atención, la autoestima y la capacidad para relacionarse.

En las chicas destacó especialmente el impacto que puede tener la comparación constante y la presión sobre la imagen corporal. También señaló que la protección de los menores no puede depender exclusivamente de la vigilancia de sus padres. Las propias plataformas poseen recursos tecnológicos para establecer controles relacionados con la edad y deberían asumir parte de esa responsabilidad.

21:30 – La cena y el clima emocional antes de dormir

La cena vuelve a ofrecer una oportunidad para recuperar la conexión después de una jornada larga. Para Bilbao, la relación con el adolescente funciona mejor cuando los adultos son capaces de combinar cercanía y firmeza. Eso implica evitar que todos los momentos familiares se conviertan en recordatorios de obligaciones, notas o exámenes. La conversación puede servir para descargar parte de la tensión acumulada durante el día, siempre que exista un clima en el que el adolescente no sienta que debe defenderse continuamente.

22:30 – La hora de dormir: el dispositivo en el dormitorio

El último gran momento del día conduce directamente a una de las normas sobre las que Bilbao fue más contundente: el teléfono móvil no debería dormir junto al adolescente. El neuropsicólogo alertó del fenómeno conocido como vamping, la costumbre de permanecer despierto durante la noche utilizando el teléfono, navegando por redes sociales, jugando o consumiendo contenidos. Cuando el móvil está dentro de la habitación, resulta mucho más difícil establecer una barrera clara entre el tiempo digital y el descanso.

Y proteger el sueño es especialmente importante durante la adolescencia. Dormir poco o dormir mal termina afectando al rendimiento académico, al estado emocional y a la propia salud. Por eso, más que confiar exclusivamente en que el adolescente tenga suficiente autocontrol para dejar el móvil voluntariamente, Bilbao defendió establecer límites externos y rutinas claras alrededor de la hora de acostarse. El recorrido por ese día de inicio de curso terminaba así en el mismo lugar en el que había empezado: preparar el terreno. Desde el despertador de primera hora hasta el móvil que debe quedarse fuera del dormitorio por la noche, la educación adolescente no consiste en reaccionar constantemente ante los problemas, sino en construir hábitos antes de que aparezcan.

Conectar primero, poner límites después y explicar esos límites con claridad. No se trata de ser un padre permisivo ni un profesor colega, sino de convertirse en un adulto cercano que acompaña sin renunciar a su autoridad. En el fondo, esa fue la gran conclusión de la entrevista: ayudar a un adolescente a comenzar el curso no significa controlarlo todo, sino crear las condiciones para que pueda crecer con hábitos, afecto, conversación, autonomía y criterio. Porque una familia y una escuela verdaderamente educativas no son aquellas que resuelven todas las dificultades, sino las que saben sostener, orientar y proteger cuando más falta hace.

La Charleta Educativa

Un día de curso con Álvaro Bilbao

El neuropsicólogo recorre la jornada de un adolescente de 15 años: el curso no empieza el primer día de clase, sino en los hábitos de casa.

  1. 07:00

    El despertar no puede ser un shock

    Adelantar los horarios de sueño días o semanas antes. El ajuste no se hace de un día para otro.

  2. 07:30

    Desayuno: calidad frente a cantidad

    Los padres eligen qué hay en casa; el hijo decide cuánto come. Ambiente tranquilo y sin conversación forzada.

  3. 14:30

    La mesa, espacio de conexión

    Televisión apagada y nada de interrogatorio. Sexo, alcohol, drogas o suicidio no deben quedar fuera de la mesa.

  4. 17:00

    Primero deberes, después pantalla

    El hábito se fortalece cuando el esfuerzo precede a la recompensa. La IA no puede sustituir el pensamiento del alumno.

  5. 19:00

    Tiempo libre... y aburrirse

    Extraescolares solo si responden a intereses reales. Del aburrimiento nacen la creatividad y la resolución de problemas.

  6. 23:00

    El móvil no duerme en la habitación

    El vamping pone en riesgo el sueño y, con él, el rendimiento escolar y la salud del adolescente.

Regla de oro

La conexión precede a la conversación

Equilibrio

Conectar primero, poner límites después

Idea de fondo

No vigilar más, sino entender mejor

Fuente: entrevista a Álvaro Bilbao en La Charleta Educativa · Magisterio
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