El 23% del profesorado español de Secundaria tiene al menos 55 años

España afronta el reto de renovar sus plantillas docentes mientras la caída demográfica reduce el alumnado potencial. La OCDE constata avances en titulación, escolarización temprana y empleo juvenil, pero también señala una inversión por estudiante inferior a la media internacional y una elevada proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan.

MagisterioMartes, 29 de septiembre de 2026
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La evolución de la última década muestra que las necesidades de personal no dependen únicamente del número de estudiantes. ADOBE STOCK

La radiografía educativa española presenta un escenario marcado por dos tendencias aparentemente contrapuestas: el envejecimiento del profesorado y la reducción prevista de la población escolar. El informe Education at a Glance 2026 de la OCDE calcula que el número de niños de entre 5 y 14 años disminuirá un 13% en España entre 2024 y 2033, aunque advierte de que la demografía no determina por sí sola las necesidades docentes.

Una plantilla que envejece

El relevo del profesorado será uno de los principales desafíos de los próximos años. El 23% de los docentes españoles de Secundaria tiene al menos 55 años, frente al 18% de los trabajadores con una titulación mínima de máster y al 20% del conjunto de la población ocupada. La distribución territorial del alumnado, el tamaño de las clases, las jubilaciones y la financiación condicionarán el impacto real de este envejecimiento.

España cuenta, además, con una proporción relativamente elevada de docentes de segunda carrera, es decir, profesionales que llegaron a la enseñanza después de haber trabajado en otro ámbito. Representan el 11,4% del profesorado de la primera etapa de Secundaria, por encima del 8,4% registrado como promedio en la OCDE. Esta vía contribuye a diversificar la experiencia profesional presente en los centros.

El informe también refleja una satisfacción docente superior a la media internacional. El 71,5% del profesorado español de la primera etapa de Secundaria se declara satisfecho con sus condiciones laborales, sin contar el salario, frente al 68,4% de la OCDE. En materia retributiva, el 54,2% está satisfecho con su sueldo, un porcentaje claramente superior al promedio internacional del 38,7%.

Según los datos de competencias de la población adulta, los docentes españoles a tiempo completo de Primaria, Secundaria y Formación Profesional declaran una jornada semanal media de 38 horas. Otros trabajadores con una titulación de grado o máster aseguran trabajar 40,4 horas semanales. En el conjunto de la OCDE, las cifras son de 40,8 y 41,5 horas, respectivamente.

La diferencia entre etapas también aparece en el tiempo lectivo anual. En España, el profesorado de Primaria imparte habitualmente 828 horas al año, por encima de las 770 horas de promedio de la OCDE. En la primera etapa de Secundaria, la cifra española baja hasta las 642 horas, frente a una media internacional de 710.

Menos alumnos y más docentes

La evolución de la última década muestra que las necesidades de personal no dependen únicamente del número de estudiantes. Entre 2015 y 2024, el profesorado de Primaria aumentó un 9% en España, mientras el alumnado de esta etapa descendió un 5%. En la OCDE, el número de docentes creció un 13% y el de estudiantes, un 2%.

El cambio resulta especialmente visible en la educación preprimaria española. Entre 2015 y 2024, el alumnado matriculado disminuyó un 21%, mientras el número de docentes aumentó un 3%. Como consecuencia, la ratio de niños por profesor se redujo un 23%, una caída superior al 14% registrado como promedio en la OCDE.

La profesión continúa estando fuertemente feminizada, sobre todo en las primeras etapas. Las mujeres representan el 93% del profesorado español de Preprimaria y el 63% del de la primera etapa de Secundaria. La feminización de las aulas es ligeramente inferior a la media de la OCDE, situada respectivamente en el 96% y el 68%.

España eleva su nivel educativo

El porcentaje de adultos españoles de entre 25 y 64 años con titulación de educación superior alcanza el 42%, prácticamente en línea con el 43% de la OCDE. Sin embargo, solo el 23% tiene como máximo nivel educativo la segunda etapa de Secundaria o una formación postsecundaria no terciaria, muy por debajo del promedio internacional del 39%.

España también ha reducido de forma notable la población joven que no completa la segunda etapa de Secundaria. Entre 2015 y 2025, el porcentaje de personas de 25 a 34 años en esta situación pasó del 34% al 25%. Pese a este avance educativo sostenido, el dato continúa lejos del promedio de la OCDE, situado en el 12%.

La mejora de la cualificación se refleja en el empleo. La tasa de paro entre los jóvenes españoles con estudios superiores cayó del 18% en 2015 al 8% en 2025. No obstante, el desempleo de los titulados sigue por encima de la media de la OCDE, que descendió del 7% al 5% durante el mismo periodo.

El porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que no estudian, no trabajan ni siguen una formación también se redujo, desde el 23% de 2015 hasta el 17% de 2025. La evolución es positiva, pero la población joven inactiva continúa cuatro puntos por encima del promedio de la OCDE, situado en el 13%.

Las titulaciones mantienen una relación directa con los ingresos. En España, los trabajadores con una segunda etapa de Secundaria general como máximo nivel de estudios ganan un 15% menos que la media nacional. La diferencia alcanza el 19% entre quienes cursaron una vía profesional y el 31% entre quienes no completaron esta etapa. La brecha salarial educativa española se aproxima así al patrón general de la OCDE.

Una escolarización temprana elevada

España se sitúa entre los países con mayor participación en Educación Infantil. En 2024 estaba escolarizado el 98% de los niños desde los 3 años hasta el inicio de Primaria, frente al 90% de media en la OCDE. Entre los niños de 2 años, la tasa de escolarización alcanzaba el 73% en programas que combinan educación y cuidados.

En la segunda etapa de Secundaria, el 81% de los estudiantes que acceden a un programa general o profesional lo termina en los dos años posteriores a su duración teórica. Otro 5% continúa matriculado y el 13% abandona sin titular. Estos datos sitúan la finalización de los estudios como uno de los ámbitos todavía susceptibles de mejora.

Un año después de terminar esta etapa, el 42% del alumnado español cursa un grado universitario o un máster, mientras otro 27% está matriculado en enseñanzas postsecundarias no terciarias o en estudios terciarios de ciclo corto. El 26% ya no participa en ningún programa educativo. La continuidad académica española supera la media internacional en las vías superiores y postsecundarias.

Más gasto, pero menos inversión por alumno

España aumentó el gasto público total en educación primaria, secundaria y terciaria desde el 3,6% del PIB en 2015 hasta el 3,9% en 2023, mientras el promedio de la OCDE descendió del 4,4% al 4,2%. Pese a esta evolución, la inversión educativa española continúa por debajo del promedio internacional.

El gasto público por estudiante de Primaria a educación terciaria alcanzó los 12.120 dólares ajustados por poder adquisitivo en España en 2023, frente a los 13.601 dólares de media en la OCDE. En Primaria, España destinó 10.534 dólares por alumno, y en la primera etapa de Secundaria, 12.599 dólares. En ambos casos, el gasto por estudiante quedó por debajo de las cifras internacionales.

La situación cambia en la Formación Profesional de la segunda etapa de Secundaria. España invierte 17.994 dólares por estudiante en los programas profesionales, por encima de los 13.901 dólares de la OCDE. En los programas generales, en cambio, el gasto español es de 11.631 dólares, frente a una media internacional de 12.421. La FP concentra más recursos debido, entre otros factores, al coste del equipamiento técnico y de las instalaciones especializadas.

En los niveles de grado y superiores, el gasto público español por estudiante fue de 12.904 dólares en 2023 y cubrió el 61% del coste total. La media de la OCDE ascendió a 16.405 dólares y representó el 68%. El informe dibuja así un sistema que ha mejorado sus resultados y ampliado la escolarización, pero que afronta importantes retos en financiación, equidad y profesorado.

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