¿Por qué nos cuesta tanto hablar inglés?

Estudiar inglés durante años no siempre nos prepara para la incomodidad de mantener una conversación. Basta con que alguien nos haga una pregunta inesperada para que las palabras que creíamos conocer empiecen a resistirse. ¿Qué ocurre entre aprender una lengua y conseguir hablarla con naturalidad?

Álvaro Muñoz Ibáñez
Maestro de Educación Infantil y Primaria
26 de octubre de 2026
0

La inseguridad que algunos alumnos experimentan al hablar delante de sus compañeros puede intensificar las dificultades. ADOBE STOCK

En una clase de Inglés, un alumno puede responder correctamente a varias preguntas cuando estamos practicando una estructura conocida y quedarse pensando cuando le pedimos que cuente algo sobre su propia vida. A veces sabe perfectamente lo que quiere decir, pero no encuentra las palabras; otras, necesita escuchar de nuevo la pregunta porque no ha conseguido comprenderla a la primera. Quienes trabajamos en Educación Primaria conocemos situaciones como estas. Resulta llamativo observar cómo un niño puede desenvolverse con seguridad durante una actividad y mostrar dificultades cuando necesita utilizar esos mismos conocimientos para comunicarse.

Hablar una lengua extranjera exige coordinar numerosos procesos en muy poco tiempo. Cuando conversamos en nuestra lengua habitual, apenas prestamos atención a cómo construimos las frases. Pensamos en lo que queremos contar, escuchamos a nuestro interlocutor y respondemos con relativa naturalidad. Buena parte de esas decisiones se producen automáticamente. En inglés, especialmente durante las primeras etapas del aprendizaje, debemos buscar vocabulario, recordar estructuras, interpretar lo que escuchamos y organizar una respuesta mientras otra persona espera. Esa acumulación de tareas ayuda a comprender por qué incluso estudiantes con conocimientos suficientes para desenvolverse en situaciones sencillas pueden experimentar dificultades al expresarse.

Durante la escolaridad dedicamos muchas horas a enseñar los recursos necesarios para comprender y utilizar el inglés. El alumnado aprende vocabulario, descubre cómo se organizan las oraciones y practica estructuras mediante actividades que facilitan la comprensión del idioma. Ese trabajo permite construir una base lingüística necesaria, aunque recuperar lo aprendido y utilizarlo con agilidad requiere práctica. Un alumno puede reconocer inmediatamente un verbo irregular cuando aparece en un ejercicio y tardar varios segundos en recordarlo mientras intenta contar qué hizo el día anterior. La información está aprendida, pero todavía necesita demasiado esfuerzo para utilizarla espontáneamente.

Durante la escolaridad dedicamos muchas horas a enseñar los recursos necesarios para comprender y utilizar el inglés

Las conversaciones presentan, además, una dificultad que los ejercicios escolares no siempre reproducen. Cuando completamos frases, sabemos qué contenido estamos trabajando y disponemos de indicaciones que orientan nuestras respuestas. Al conversar, debemos escuchar sin conocer exactamente qué nos dirán y decidir cómo continuar. Podemos encontrarnos con una palabra desconocida, una pregunta inesperada o una pronunciación diferente de aquella a la que estamos acostumbrados. Si buena parte de las oportunidades de utilizar el inglés se produce en actividades con respuestas previamente delimitadas, el alumnado puede llegar a cursos superiores con conocimientos lingüísticos apreciables, pero con escasa experiencia para desenvolverse ante situaciones imprevistas. Los años de estudio importan, aunque también importa cómo se han utilizado.

Hay algo especialmente interesante en las aulas de Primaria: algunos niños tienen muchas más cosas que contar de las que sus conocimientos de inglés les permiten expresar. Un alumno puede explicar en castellano una experiencia con numerosos detalles, añadir comentarios y responder espontáneamente a sus compañeros. Cuando intenta contar lo mismo en inglés, necesita simplificar considerablemente sus ideas. Busca expresiones, elimina información y termina utilizando frases mucho más sencillas de las que habría querido. Esa distancia entre lo que somos capaces de pensar y aquello que conseguimos expresar en otra lengua puede resultar frustrante. Durante el aprendizaje, nuestra capacidad para comunicarnos en el idioma extranjero avanza a un ritmo diferente de la que ya hemos desarrollado en nuestra lengua habitual.

Esa frustración aparece también cuando el alumnado desconoce una palabra. Hay niños que interrumpen inmediatamente su intervención para preguntar cómo se dice aquello que quieren explicar. A veces necesitan realmente ese vocabulario, pero otras podrían utilizar expresiones alternativas. Si no recuerdan el nombre de un objeto, pueden describirlo; si desconocen un verbo, quizá consigan transmitir la idea utilizando otros recursos. Aprender a comunicarse implica desarrollar estrategias para desenvolverse con conocimientos incompletos. Descubrir que podemos hacernos entender sin conocer todas las palabras supone un avance importante y ayuda a ganar confianza.

Hay algo especialmente interesante en las aulas de Primaria: algunos niños tienen muchas más cosas que contar de las que sus conocimientos de inglés les permiten expresar

La inseguridad que algunos alumnos experimentan al hablar delante de sus compañeros puede intensificar estas dificultades. Hay niños que participan con naturalidad cuando trabajan por parejas, pero muestran mayores reservas al intervenir ante toda la clase. Otros necesitan preparar mentalmente cada frase antes de pronunciarla. El miedo a equivocarse, la preocupación por la pronunciación o las experiencias anteriores pueden influir en esa actitud. También importa cómo reaccionamos los adultos. Una intervención puede contener varios errores y conseguir que los compañeros comprendan perfectamente una idea. Reconocer ese logro ayuda al alumnado a valorar su capacidad para comunicarse, mientras continúa mejorando aquellos aspectos que todavía no domina.

La corrección forma parte de la enseñanza de cualquier lengua, pero su momento y su finalidad importan. Durante una práctica centrada en una estructura gramatical puede resultar adecuado detenerse y revisar un error. En una conversación, interrumpir constantemente puede dificultar que el niño mantenga el hilo de lo que intenta explicar. Escuchar primero lo que quiere comunicar y ofrecer después una corrección adecuada puede contribuir a desarrollar tanto la precisión lingüística como la confianza, sin convertir cada intervención oral en una situación de examen.

Las canciones, las repeticiones y los diálogos preparados permiten familiarizarse con sonidos, adquirir vocabulario y practicar expresiones, especialmente durante los primeros cursos. Conforme los niños desarrollan sus conocimientos, las actividades pueden ofrecer mayor libertad para construir respuestas propias. Preguntar a un compañero por sus preferencias, explicar las instrucciones de un juego o compartir una experiencia permite utilizar el idioma con una finalidad concreta. En grupos numerosos, el trabajo por parejas y en pequeños grupos también amplía las oportunidades de intervención y facilita la participación de quienes muestran mayor inseguridad. Estas propuestas necesitan objetivos claros, preparación y seguimiento para que las conversaciones contribuyan realmente al aprendizaje.

Las canciones, las repeticiones y los diálogos preparados permiten familiarizarse con sonidos, adquirir vocabulario y practicar expresiones, especialmente durante los primeros cursos

La evaluación influye en la percepción que el alumnado desarrolla sobre sus capacidades. Un estudiante puede obtener buenas calificaciones en actividades escritas y encontrar dificultades para mantener una conversación. Otro puede hacerse entender con cierta naturalidad y necesitar ayuda para utilizar correctamente determinadas estructuras. Ambas situaciones aportan información relevante. Evaluar el inglés requiere prestar atención a la comprensión, la expresión y la interacción oral, junto con los conocimientos gramaticales y léxicos. Los errores permiten identificar lo que debe mejorarse, pero también resulta importante reconocer aquello que el alumno ya consigue comunicar.

Las dificultades para hablar inglés tienen causas diversas. Algunos estudiantes necesitan consolidar conocimientos básicos, mejorar su comprensión oral o ampliar su vocabulario. Otros apenas tienen contacto con el idioma fuera del colegio. Las oportunidades de exposición, las experiencias personales y la confianza influyen en el progreso de cada niño. Por eso, la enseñanza debe ofrecer experiencias variadas y ajustadas a las necesidades del alumnado. La práctica oral necesita continuidad para que los conocimientos adquiridos puedan utilizarse con una agilidad cada vez mayor.

Hablar con soltura implica alcanzar un punto en el que los conocimientos lingüísticos dejan de reclamar constantemente nuestra atención. Llegar hasta ahí exige aprender palabras y estructuras, escucharlas en diferentes contextos y utilizarlas muchas veces. También supone acostumbrarse a pedir aclaraciones, reformular frases y continuar hablando cuando una expresión no aparece inmediatamente. Merece la pena prestar atención a esos avances que a veces pasan desapercibidos: el alumno que consigue mantener una conversación un poco más larga, que encuentra una alternativa sin preguntar al maestro o que empieza a responder sin preparar mentalmente cada palabra. Son señales de que el inglés va dejando de ser una sucesión de conocimientos que debe recordar para convertirse en una lengua que puede utilizar. Y cuando eso sucede, hablar empieza a resultar más natural porque podemos dedicar menos esfuerzo a construir cada frase y prestar mayor atención a la persona que tenemos delante.

0

Boletín de Magisterio

Lo esencial de la educación, cada día en tu correo.