Una huelga general por intereses políticos
Los sindicatos de clase CCOO y UGT han convocado una huelga general el miércoles 11 de noviembre, es decir 18 días antes de unas elecciones generales. Los motivos de los convocantes son el encarecimiento de la vivienda, la pérdida de poder adquisitivo y el deterioro de los servicios públicos. A esta convocatoria se le han sumado algunos sindicatos del sector de la enseñanza.
En el Sindicato de profesores AMES se considera que sería un grave error participar en esta huelga general, porque se trata de una huelga en apoyo de los intereses electorales de determinados partidos políticos, es decir su objetivo es predisponer a los manifestantes a votar a dichos partidos.
Después de ocho años de gobierno sin ninguna huelga general ahora, en plena precampaña electoral, estos sindicatos convocan una huelga para que el partido en el gobierno, que casi todas las encuestas le den como perdedor, pueda hacer grandes promesas electorales y apruebe muchos y generosos Reales Decretos, uno o más cada martes, sabiendo que después no tendrá que cumplirlos. Con ello intenta conseguir que los partidos políticos que después sí tendrán que gobernar, no puedan cumplirlos y, por eso, tengan muchas protestas en las calles. Éste es un juego muy sucio en el que los votantes no deben caer.
Los sindicatos convocantes, en sus reivindicaciones relacionadas con la enseñanza en Catalunya piden: «más inversión en la pública, menos ratios, plantillas suficientes y estables, un plan de escuela inclusiva con recursos, desburocratización, defensa del catalán y centros dignos y adaptados al cambio climático». No solicitan ni un solo cambio en el sistema educativo para conseguir que nuestros alumnos dejen de salir tan mal parados en todas las pruebas internacionales en las que participan. No es que realmente piensen que con mayor inversión en la enseñanza nuestro sistema educativo ya funcionará bien, es que simplemente quieren tener más votos en las elecciones sindicales, más afiliados, más liberados sindicales, más peso en las negociaciones y más ayudas económicas por parte del gobierno, en resumen: más poder.
Y no se contenten simplemente con esto, sino que en algunas comunidades autónomas, a pocas semanas de las elecciones del 29N, ya están haciendo huelgas, manifestaciones y concentraciones en el sector de la enseñanza. En otras comunidades han anunciado que les harán inmediatamente después del 29N. ¿Y de qué estilo serán estas acciones? Pues es fácil imaginar, porque ninguno de estos sindicatos ha hecho ninguna crítica a lo que ya han hecho los manifestantes en Francia, Bélgica, Italia, Grecia y Portugal durante estos días. Lo que están haciendo estos sindicatos es el trabajo sucio que les han pedido determinados partidos políticos, que ven que las encuestas les dan como perdedores. Su objetivo es demostrar que si no les dejan gobernar a ellos, los partidos que ganen las elecciones tampoco podrán hacerlo.
Todos estos sindicatos tienen una cosa en común, el modelo del “sin esfuerzo”, es decir que todos los alumnos puedan pasar de curso y etapa sin esfuerzo, que todos los interesados en ser docentes puedan llegar a ser maestros y profesores con muy poco esfuerzo, y a poder promocionar profesionalmente también sin esfuerzo, simplemente en función del número de años de profesión. Estos sindicatos y esos políticos que siguen el mismo modelo no mejoraran nunca la enseñanza, sino que la hundirán aún más.
La táctica que piensan aplicar es primero convocar huelgas y manifestaciones de alumnos de Secundaria a través de los “sindicatos” de estudiantes, haciéndoles creer que todo se arreglaría simplemente invirtiendo más dinero en educación y que los culpables de no hacerlo son los partidos de izquierda que no son suficientemente de izquierdas y los de derechas aunque no gobiernen. Luego se producirán las huelgas y manifestaciones de los docentes. Al final de todas las manifestaciones intervendrán los grupos profesionales del desorden público, todos ellos con la cara tapada, quemando contenedores, rompiendo los cristales de las tiendas y robando todo lo que encuentren. Los medios de comunicación próximos a ellos pasaron las imágenes de los manifestantes rompiendo cosas pero sin valorar éticamente esta conducta, mientras que si condenarán a los policías que aparezcan golpeando a los manifestantes para que no sigan tirando piedras y rompiendo todo lo que encuentran.
Uno de los objetivos ocultos de estos profesionales de la violencia callejera es conseguir uno o más manifestantes heridos, para así poder señalar a un responsable del gobierno y anunciar que los representantes de los manifestantes están dispuestos a sentarse en una mesa de negociaciones, si esta persona es cesada. A partir de ahí el gobierno ya no gobernaría, simplemente lo aparentaría. Por lo tanto el sistema democrático habría fracasado, porque ya no gobernaría el que ganó las elecciones, sino el que ha ganado el relato de lo que ocurre en la calle. El pueblo es engañado en el momento en que sentimentalmente se pone al lado del que se queja y del que dice que él es una víctima, porque ya no ve su mal comportamiento, sino que empieza a ver al policía no como el defensor de la seguridad ciudadana y del orden público, sino solo como un agresor.
Ante esta impresentable estrategia política electoral, la sociedad no debe participar en la huelga general convocada para el 11 de noviembre, sino que debe darse cuenta que dieciocho días antes de unas elecciones generales, no es el momento de hacer una huelga general. Hay que esperar a que el nuevo gobierno, sea del color que sea, comunique lo que quiere hacer y, además, darle un tiempo de confianza para ver si sus medidas pueden solucionar los problemas que ahora tenemos. Igualmente, en el sector educativo, ni los docentes ni los alumnos deberían participar en las huelgas y manifestaciones que los sindicatos del “sin esfuerzo” ya han convocado o piensan convocar inmediatamente después de las elecciones. El que es necesario hacer es esperar a ver si los cambios que el próximo gobierno introduzca en la enseñanza permiten o no conseguir que todos los alumnos se esfuercen más y aprendan más.
Antonio Jimeno es presidente del sindicato de profesores AMES.
