“No hay que limitarse al dominio de la inteligencia lingüística y matemática”
Según Pradas, “concentrarse en determinadas inteligencias minimiza la importancia de otras formas de conocimiento”.
Hoy la Educación apuesta por modelos pedagógicos sostenibles de innovación basados en la neurociencia, las inteligencias múltiples y el aprendizaje cooperativo a través de la tecnología. Así lo intentó demostrar Silvia Pradas, doctora en Ciencias de la Educación y coordinadora del Máster de Neuropsicología y Educación de la UNIR, durante su conferencia Programas de inteligencias múltiples desde la base neurológica: metodología, experiencias, prácticas y recursos.
Según Pradas, “todas las personas poseemos en diversos grados las ocho inteligencias: lingüística, matemática, corporal, naturalista, musical, visoespacial, interpersonal e intrapersonal, y las combinamos y utilizamos de manera profundamente personal”. Y advierte de que “cuando los programas de enseñanza se limitan a concentrarse en el predominio de las inteligencias lingüística y matemática, se minimiza la importancia de otras formas de conocimiento”.
Las actividades para desarrollar la inteligencia lingüística son concursos de palabras, juegos con el lenguaje y aumento de vocabulario en Educación Infantil; debates, teatros y narraciones en Primaria; y asambleas, brainstorming y solución creativa de ideas en Secundaria.
La inteligencia lógico-matemática hace posible cálculos, cuantificar, considerar proposicones, establecer y comprobar hipótesis y llevar a cabo operaciones matemáticas complejas. Las habilidades propias de esta inteligencia son enumerar, hacer series, deducir, medir, comparar, sacar conclusiones y verificar.
La inteligencia espacial es la habilidad con las imágenes, sean estas de la propia mente o del mundo exterior. A los niños con este tipo de inteligencia les encanta pensar con imágenes, diseñar, realizar obras de teatro, jugar al ajedrez, películas, hacer obras artísticas o visitar museos.
La inteligencia musical es la capacidad para percibir, discriminar, transformar y expresar las formas musicales. Los niños son sensibles a la dinámica, al compás y a las pautas rítmicas.
La inteligencia corporal-cinestésica es la habilidad para utilizar el propio cuerpo para expresar una emoción. Los niños con manifiestan control corporal, sensibilidad al ritmo, expresividad, generación de ideas de movimiento y sensibilidad musical.
La inteligencia naturalista es la sensibilidad y la comprensión del mundo natural. Los niños identifican semejanzas y diferencias, muestran interés por la naturaleza y los fenómenos científicos y formulan hipótesis.
Por último, la inteligencia intrapersonal hace referencia a la capacidad para acceder a los sentimientos propios y discernir las emociones íntimas. Y la interpersonal es la capacidad de percibir y comprender a otras personas. Las características de los niños son la independencia, el pensamiento íntimo, la meditación, necesidad de espacio personal y conciencia de emociones.