Pánico en las aulas

Jesús Asensi
Profesor de Religión
18 de mayo de 2020
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Los niños valencianos de Educación Infantil y de Primaria no van a volver a la escuela hasta el próximo curso. Los más mayores sólo irán a su colegio si los cita su tutor para hacerles entrega de material escolar o para darles unas pautas claras si, por el motivo que fuere, no han podido aprovechar el tiempo a lo largo de estos dos meses que están sin clase. ¿Y qué van a hacer las familias de esos niños hasta el mes de septiembre? ¿Cómo van a compaginar las actividades escolares de sus hijos con su trabajo profesional? ¿Quién se va a quedar al cuidado de los niños si han de salir de casa para ir a trabajar?

La incertidumbre será total mientras no tengamos un tratamiento efectivo para esta enfermedad. Porque en septiembre, aunque se tomen medidas físicas en cada uno de los centros, vamos a tener el mismo problema que ahora. Los docentes saben que el comportamiento del alumnado de Infantil es imprevisible y que con ellos va a ser imposible seguir unas estrictas normas sanitarias, empezando por esa distancia social que les resulta incomprensible. Y lo mismo se podría decir del alumnado de los dos primeros cursos de la etapa de Primaria. Su grado de madurez no alcanza para que sean conscientes de lo excepcional de la situación.

Nos encontramos con intereses contrapuestos: las familias que no saben qué hacer con sus hijos en casa y los docentes que se ven incapaces de evitar los contagios en sus aulas. Por eso, si queremos que todos los centros educativos abran sus puertas en septiembre, que las familias puedan volver a sus labores profesionales y que los docentes no sufran un ataque de ansiedad cada vez que entren en una clase, no cabe otra que hacer test masivos y de forma regular a toda la comunidad educativa. Nuestras autoridades sanitarias han de garantizar que todas las personas que accedan a un centro escolar estén libres del coronavirus o certificar que ya han pasado la enfermedad. Solo de ese modo, las clases y demás actividades escolares se podrán desarrollar con cierto clima de tranquilidad, algo indispensable para que los centros escolares no se conviertan en unas simples guarderías donde aparcar a los niños durante unas horas al día.

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