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Multar, multar

Rafael Guijarro
Periodista
27 de octubre de 2021
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Lo malo de multar es que luego, a lo mejor, tienes que devolverlo, como le pasa al Gobierno con las sanciones del primer confinamiento. Multar para acallar puede ser inconstitucional y parece una mala solución, porque no resuelve casi nada y en cambio genera enfado profundo en el que tiene que apoquinar, aunque luego pueda alegrarse cuando se lo devuelvan, pero quién sabe cuando.

Lo mismo pasa con los castigos si se utilizan para intentar solucionar algo. O los mandatos insulsos que se dictan porque sí. La coerción está por todas partes con las amenazas de que no hagas esto, o no pienses, o no digas lo que a mí no me convence, porque ¡ya está bien! de imponer a los demás lo que nos parezca conveniente, antes de pensar un poco si esa medida coercitiva en realidad va a servir para algo más que para encabritarnos unos a otros.

Si las leyes y las normas son para que te fastidies, quien dicta el mandato o el castigo por despecho, se está haciendo un flaco favor a sí mismo. La gente se da cuenta enseguida del atropello y es muy posible que se rebote contra el mandatario. Esas cosas no se olvidan y vuelven cuando menos uno se lo espera, en las próximas elecciones o cuando cambia la tortilla y el multado manda más.

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