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Los seis retos a los que se enfrentan los maestros del futuro

En el futuro se requerirá al profesional que trabaje la empatía y la diversidad, que no sea autoritario y se comporte más como un guía que acompaña y no solo transmite conocimientos.
Beatriz López IgualJueves, 20 de enero de 2022
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El profesorado del siglo XXI ha evolucionado sustancialmente.

El profesorado del siglo XXI ha evolucionado sustancialmente respecto a aquellos maestros que ejercían hace cuarenta o cincuenta años. La sociedad ha cambiado, y quienes educan a los adultos del futuro tienen ante sí nuevos desafíos.

Si antaño el profesor era un mero transmisor de conocimiento cuya figura era muy respetada, el del presente y el futuro es alguien en continuo proceso de aprendizaje, que trabaja todos los tipos de inteligencia, para quien los exámenes no son en absoluto el único método para calificar y que tiene una continua interacción con sus alumnos. Con este panorama, ¿cuáles son los retos de los profesores del futuro?

Primer reto

Enseñar a pensar más que enseñar a repetir.

“En el proceso de democratización de nuestro país y de las escuelas, el abordaje de los modelos educativos ha ido cambiando hacia una mirada de enseñanza crítica y abierta, para crear generaciones futuras con herramientas que les permitan desarrollarse libremente desde un punto de vista personal, intelectual y social”, explica Nadia Ahufinger, directora y profesora del máster universitario de Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje y profesora del grado de Educación Primaria de la UOC.

Para Ahufinger, “el desbordado consumismo de la sociedad actual, enfocada en producir, hace que se pida a las escuelas que sean un búnker para proteger a niños y niñas de la sociedad”.

Segundo reto

El reconocimiento de su figura.

Queda cada vez más atrás el rol de figura autoritaria del profesor en el pasado frente al actual, más igualitario: “Este paradigma fue cambiando hacia la idea de que el maestro debía relacionarse de manera más horizontal con los niños y las niñas, pasando de la transmisión de conocimientos al acompañamiento en el aprendizaje”, comenta Ahufinger.

Hay otra cuestión en torno al reconocimiento de la figura del profesor: el altísimo porcentaje de mujeres frente a hombres, en especial en las primeras etapas. Un estudio del INE de 2018 sobre mujeres en el profesorado cifra el porcentaje de profesoras en educación infantil en el 97,6 %; en primaria son el 82 %; en secundaria, el 59,1 %, y la cifra solo desciende por debajo del 50 % en enseñanzas universitarias, artísticas y deportivas.

“Una de las razones por las que este trabajo no se reconoce ni se valora como merecería es porque está altamente feminizado”, explica Nadia Ahufinger, que insiste en referirse al colectivo como profesoras y no como profesores. Los trabajos desempeñados por mujeres se consideran, reconoce, como “menos válidos e importantes”.

La nueva manera de educar en la escuela permite el acompañamiento al alumno y la creación de espacios amables y seguros y hace que los estudios universitarios de educación se perciban como fáciles de superar: “No existe un reconocimiento generalizado de la figura de la maestra como profesional dotada de conocimiento, sabiduría y responsabilidad pedagógica en la educación de niños y niñas”.

Tercer reto

Las nuevas tecnologías en los colegios.

Las TIC han ayudado a facilitar metodologías colaborativas con los alumnos y “favorecen en general un clima de mayor motivación y participación”, comenta Sylvie Pérez. Pero esto, a su vez, implica que el profesorado esté en permanente proceso de actualización, lo cual se suma a los retos del profesor del siglo XXI por varios motivos.

Por un lado, es necesario ir un paso por delante de las demandas de la sociedad y, por otro, dicha actualización ha de estar promovida por los respectivos gobiernos. Además, hay que combinar la inmersión en las TIC del alumnado con la educación en el uso responsable de las tecnologías.

Por último, las expertas consideran que hay alumnos en situación de vulnerabilidad que no tienen el mismo acceso a ellas y se crea así una nueva brecha digital.
Más allá de los contenidos, “hay que enseñar a acceder de forma crítica y útil a los contenidos y trabajar con ellos”, explica Sylvie Pérez.

Esta inclusión de las nuevas tecnologías ha provocado cambios en la figura del maestro. “Estos cambios han provocado también modificaciones en la relación entre el maestro y la familia y los alumnos, porque también ha generado cambios en las estructuras de relación de la institución educativa y la familiar”, reflexiona Pérez.

Cuarto reto

Inclusión y diversidad.

En ese cambio social de las últimas décadas también están las diversidades de todo tipo, y el profesorado necesita estar preparado para su inclusividad. “Incluir las diversidades, las desigualdades y las grandes dificultades”, dice Sylvie Pérez, son materias en las que los profesores tienen que esforzarse.

“Hay que trabajar para que las escuelas se conviertan en espacios inclusivos para todo el alumnado y que garanticen, especialmente, la presencia, participación y progreso de aquellos que se encuentran en desventaja educativa, ya sea porque tienen una discapacidad o enfermedad, porque se encuentran en una situación económica desfavorecida, por falta de conocimiento de la lengua…”, añade Ahufinger.

En este sentido, las nuevas maneras de enseñar al alumnado se van imponiendo en nuevos proyectos educativos.

Quinto reto

Acompañar, no solo transmitir.

Pérez ahonda en cómo la posición de autoridad del maestro, si bien sigue estando regulada por un marco normativo, “precisa actualmente de ser reconocida por los alumnos y consentida por ellos, así como por sus familiares”, pero añade que no hay que confundir “la autoridad con el poder”.

Acompañamiento, orientación y tutoría son transversales a la transmisión de conocimiento. Ahora, explica Pérez, los profesores “deben saber generar la autonomía completa del alumno a través del conocimiento, y también del saber vivir en sociedad, compartiendo normas, reglas…”.

Sexto reto

La implicación de padres, madres y otros agentes.

Frente al profesor tradicional, el del siglo XXI ha de incorporar a su día a día el trabajo con padres y madres, por una parte, y con otros agentes educativos externos, por otra. “La posición de las familias es diferente desde hace años”, recalca Sylvie Pérez.

“El acceso a la Educación de los padres actuales, entre muchos otros factores sociales, contribuye a una necesaria corresponsabilidad de los aprendizajes de los niños y jóvenes”.

Nadia Ahufinger aporta otra visión más: “Las escuelas han realizado procesos de apertura muy importantes para que las familias sean partícipes de las decisiones que se toman en los centros y formen parte de la comunidad educativa”.

Para Ahufinger, “es importante determinar en qué aspectos ha de intervenir la familia y en cuáles el espacio se ha de reservar al profesorado. Los padres y madres son y deben ser padres y madres: no debemos pedirles que también sean maestros”.

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