¿Aprobar inglés o saber usarlo? El gran déficit de la PAU

El aumento de las notas en inglés y francés –hasta un 17% y un 7,5% en los últimos siete años– contrasta con las dificultades de los estudiantes para desenvolverse en contextos académicos y laborales reales.
Alba BartoloméLunes, 15 de junio de 2026
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Estudiantes se enfrentan a la PAU.

La PAU 2026 ha vuelto a situar a cientos de miles de estudiantes ante uno de los momentos más decisivos de su trayectoria académica. En muchas comunidades autónomas, como Aragón, Madrid, Baleares, Castilla y León, Murcia, Navarra y País Vasco, los alumnos ya conocen su calificación final. En el resto del país, sin embargo, se cuentan las horas para la publicación de los resultados, que llegarán de forma escalonada hasta el 23 de junio. Cataluña será una de las últimas regiones en hacer públicos los resultados de la convocatoria ordinaria.

En este contexto de espera y tensión, los idiomas extranjeros –principalmente inglés y francés, las dos lenguas más examinadas en la PAU– vuelven a ocupar un papel destacado dentro de las pruebas. Su peso en la fase de acceso a la universidad los convierte en una de las materias clave para la nota final, en un examen que no solo evalúa conocimientos, sino también la capacidad de los estudiantes para adaptarse a un modelo muy definido de prueba escrita, con estructuras y ejercicios estandarizados.

Sin embargo, más allá de los resultados, la evaluación de idiomas en la Prueba de Acceso a la Universidad sigue generando debate entre docentes y expertos. Mientras las calificaciones medias han mejorado de forma constante en los últimos años –con aumentos de casi un 17% en inglés y un 7,5% en francés en los últimos siete años–, persiste la duda de si este avance refleja un mayor dominio real de la lengua o, más bien, una mejor preparación para el formato del examen. Una cuestión que reabre la discusión sobre la distancia entre aprobar una prueba y desenvolverse con soltura en un idioma en contextos reales.

Para profundizar en este tema, hablamos con Sofia Tavares, Chief Brand Officer en Preply, plataforma de aprendizaje de idiomas online, que analiza la evolución de las notas, el papel de la confianza a la hora de hablar un idioma y la brecha entre el rendimiento académico y el uso real de las lenguas extranjeras.

En España, la PAU sigue siendo una de las pruebas más decisivas para acceder a la universidad. ¿Qué papel juegan los idiomas dentro de esa presión general del examen?
–Los idiomas tienen un papel muy relevante porque forman parte de una prueba que puede condicionar el acceso a determinados estudios universitarios. Para muchos estudiantes, no solo se trata de demostrar conocimientos lingüísticos, sino de hacerlo bajo una gran presión académica. Eso hace que el aprendizaje del idioma se enfoque muchas veces en obtener una buena nota, cuando el objetivo final debería ser también poder utilizarlo con confianza en situaciones reales.

¿Evalúa la PAU realmente la competencia lingüística o premian más la capacidad de memorizar estructuras y modelos de examen?
–Las pruebas evalúan una parte importante de la competencia lingüística, especialmente la comprensión escrita, el vocabulario y ciertos aspectos gramaticales. Sin embargo, la comunicación efectiva implica también comprender, interactuar y expresarse con confianza en situaciones reales. Y eso es especialmente importante porque son precisamente esas habilidades las que cada vez tienen más valor en el mercado laboral, donde trabajar en equipos internacionales o comunicarse con clientes y colegas de otros países es una realidad para muchos profesionales.

¿Crees que un alumno que obtiene buena nota en inglés o francés en la PAU puede desenvolverse con soltura en una conversación real?
 –Sacar una buena nota demuestra que un estudiante domina la gramática, la comprensión escrita y el vocabulario que se le pide. Es un logro real. Pero lo que vemos en Preply es que ese conocimiento no se traduce automáticamente en confianza para mantener una conversación espontánea. Muchos estudiantes saben más de lo que muestran cuando hablan, pero el miedo a equivocarse los frena.

Los datos muestran una mejora constante en las notas de inglés y francés en los últimos años, ¿esto refleja un mayor nivel real o una mejor preparación específica para el examen?
 –La respuesta no es sencilla, porque los datos cuentan dos historias a la vez. A nivel del conjunto de España, las notas medias han mejorado de forma significativa entre 2017 y 2024, pero también sabemos que, mientras las notas mejoran año tras año, España sigue figurando entre los países europeos con menor nivel de inglés hablado según los principales índices internacionales.

Por otro lado, nuestra propia investigación con Leanlab Education muestra que el método de aprendizaje marca una diferencia real: los estudiantes que reciben acompañamiento personalizado de un profesor duplican sus probabilidades de alcanzar sus objetivos con el idioma. Y quizá eso nos dice algo sobre cuál es la pieza que sigue faltando.

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España sigue figurando entre los países europeos con menor nivel de inglés

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¿Hasta qué punto el formato de la PAU condiciona la forma en la que los estudiantes aprenden idiomas en Bachillerato?
–Mucho. La forma en que evaluamos influye directamente en cómo enseñamos y cómo aprendemos. Cuando una prueba tiene un peso tan importante en el futuro académico de los estudiantes, es natural que profesores y alumnos dediquen más tiempo a aquellas habilidades que van a ser evaluadas.

Por eso, si la evaluación se centra principalmente en la comprensión escrita, la gramática o determinados formatos de respuesta, esas competencias acaban ocupando gran parte del proceso de aprendizaje. Sin embargo, sabemos que usar un idioma en la vida real implica mucho más: conversar, reaccionar espontáneamente, expresar ideas y ganar confianza al comunicarse.

La buena noticia es que no son objetivos incompatibles. Los estudiantes pueden prepararse para un examen y, al mismo tiempo, desarrollar competencias comunicativas. El reto está en conseguir que la evaluación refleje de forma más equilibrada todas las habilidades que realmente necesitamos cuando utilizamos un idioma fuera del aula.

Ahora mismo en España, ¿se enseñan los idiomas pensando en comunicarse o en aprobar un examen como la PAU?
–Probablemente lo segundo. Cuando un examen tiene tanto peso en el futuro académico de un estudiante, el sistema se organiza alrededor de él. Lo que vemos en Preply es que muchos alumnos llegan con una base sólida de comprensión escrita y gramática, pero piden ayuda específicamente para ganar confianza al hablar. Ahí está el gap.

¿Qué carencias tiene el modelo actual de evaluación de idiomas en la PAU?
–La principal limitación es que resulta difícil evaluar algunas de las competencias más importantes para la comunicación, especialmente la expresión oral y la interacción espontánea. El modelo actual ofrece información útil sobre ciertos conocimientos lingüísticos, pero proporciona una visión parcial de lo que significa utilizar un idioma con eficacia en situaciones reales. Y esto es importante porque sabemos que la confianza es una parte fundamental del aprendizaje.

Nuestra investigación con Leanlab Education muestra que el 97% de los estudiantes que completaron al menos 24 clases afirmaron sentirse seguros hablando inglés. Eso sugiere que la práctica conversacional tiene un papel clave en el desarrollo de la competencia lingüística y que hay aspectos importantes del uso real del idioma que son difíciles de capturar en una prueba principalmente escrita.

¿Por qué crees que sigue existiendo tanta diferencia entre el rendimiento académico en idiomas y la capacidad de hablarlos con naturalidad?
–Por dos razones que se refuerzan entre sí. La primera tiene que ver con cómo se aprende un idioma: dominar una conversación requiere exposición constante a situaciones imprevistas, no a ejercicios cerrados con respuestas correctas. La segunda es emocional. En nuestro último estudio sobre barreras al aprendizaje de idiomas, un 21% de los adultos encuestados reconoce que la vergüenza y la falta de confianza son una barrera para lanzarse a hablar otro idioma.

Eso no se resuelve con más horas de gramática, se resuelve con más conversaciones reales en un entorno donde equivocarse está permitido. La conversación con un profesor o con un hablante nativo es justamente eso: un espacio donde el estudiante puede usar el idioma con naturalidad, incluso cometiendo errores, y eso es lo que mejora la fluidez.

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Un 21% de los adultos encuestados reconoce que la vergüenza y la falta de confianza son una barrera para lanzarse a hablar otro idioma

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En tu opinión, ¿la PAU ‘castiga’ o ‘premia’ la expresión oral en idiomas, teniendo en cuenta que apenas se evalúa en muchas comunidades?
Yo no diría que la castigue: simplemente no la mide en muchas comunidades. Y lo que no se mide, se entrena menos. Por eso cuando un estudiante llega a una entrevista de trabajo o a una conversación real, suele sentir que le falta práctica precisamente en lo que más necesita.

¿Qué papel juega la memorización de textos, estructuras o redacciones en el aprendizaje de un idioma?
–La memorización puede ayudar, especialmente cuando se trata de estructuras, vocabulario o modelos de redacción. Pero por sí sola no explica una buena nota. Los estudiantes también necesitan comprender el idioma, interpretar textos y aplicar conocimientos en distintos contextos. El riesgo aparece cuando la preparación se centra únicamente en reproducir fórmulas en lugar de desarrollar una capacidad de comunicación más amplia.

En la vida real, las conversaciones no siguen un guión: surgen preguntas inesperadas, situaciones nuevas y la necesidad de reaccionar en tiempo real. Ahí es donde se pone a prueba la verdadera competencia lingüística. Por eso es importante complementar el aprendizaje de contenidos con oportunidades para practicar conversaciones reales, donde los estudiantes tengan que adaptarse, improvisar y expresarse con confianza, incluso cuando no tienen una respuesta preparada.

¿Crees que el sistema actual prepara realmente a los estudiantes para usar el idioma en la universidad o en el mundo laboral?
El sistema actual prepara a los estudiantes para aprobar un examen, y lo hace cada vez mejor: las notas medias así lo demuestran. Pero lo que vemos en Preply es que muchos de nuestros alumnos, a pesar de haber sacado buenas notas, a la hora de enfrentarse a una conversación profesional sienten que les falta algo. Eso nos dice que el examen, tal como está, mide una parte del idioma pero no toda. Y la parte que más cuesta evaluar en un examen escrito, la conversación, la espontaneidad, la confianza al hablar, es justamente la que más se necesita en el mundo profesional.

Si pudieras rediseñar la parte de idiomas de la Selectividad, ¿qué cambiarías para que midiera mejor el nivel real de competencia lingüística?
–Intentaría acercar más la evaluación a cómo se utiliza realmente un idioma fuera del aula. No solo medir conocimientos, sino también la capacidad de comunicarse, expresar ideas y desenvolverse en situaciones reales. Al final, tanto en la universidad como en el mundo laboral, lo importante no es solo saber el idioma, sino poder usarlo con confianza.

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Intentaría acercar más la evaluación a cómo se utiliza realmente un idioma fuera del aula

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