España se queda corta en la élite educativa: solo un 10,6% del alumnado alcanza alto rendimiento

España mantiene una asignatura pendiente en la cúspide del sistema educativo: solo un 10,6% de su alumnado de 15 años alcanza un alto rendimiento en PISA, tres puntos por debajo de la OCDE. Sin embargo, el estudio de la Fundación Ramón Areces y el IVIE revela un mapa autonómico mucho más desigual, con cinco comunidades por encima de la media internacional y con la familia, la motivación y la curiosidad del estudiante como factores decisivos.
Diego FranceschLunes, 29 de junio de 2026
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La distancia entre España y la OCDE no se explica tanto por los alumnos con más dificultades como por los que parten con mejores condiciones. © GUSTAVO FRING/PEXELS

España sigue sin encontrar la fórmula para convertir el talento en excelencia. Solo un 10,6% del alumnado de 15 años alcanza un nivel alto en, al menos, una de las tres competencias analizadas por PISA –matemáticas, lectura y ciencias–, una cifra que se sitúa por debajo del 13,7% de la media de la OCDE y muy lejos de los países que marcan el paso en rendimiento educativo.

Una brecha que se abre arriba

El nuevo estudio de la Fundación Ramón Areces y el IVIE sitúa el foco en un dato tan revelador como incómodo: la distancia entre España y la OCDE no se explica tanto por los alumnos con más dificultades como por los que parten con mejores condiciones. Entre el alumnado del cuartil socioeconómico más favorable, el rendimiento de España se queda notablemente por detrás del promedio internacional, especialmente en matemáticas, donde el 12,9% del alumnado español de ese grupo alcanza alto rendimiento frente al 19,1% de la OCDE.

En cambio, en el cuartil más desfavorecido las diferencias son mucho menores. Esa es, según el informe, una de las claves del diagnóstico: la base resiste, pero la élite educativa no termina de despegar. La mitad de la brecha entre España y la OCDE se concentra precisamente en ese tramo superior del alumnado.

Un mapa autonómico muy desigual

El análisis regional dibuja un panorama mucho más matizado que la foto nacional. Castilla y León, La Rioja, Asturias, Madrid y Cantabria superan la media de la OCDE en porcentaje de alumnado aventajado. Por detrás quedan Aragón, Navarra y Galicia, que también se sitúan por encima de la media española. En el extremo opuesto aparecen Canarias, Castilla-La Mancha, Ceuta y Melilla, con menos de un 7% de estudiantes en niveles altos.

La radiografía confirma que la excelencia no se reparte por igual. Algunas comunidades logran convertir mejor el potencial de sus estudiantes en resultados de alto nivel, mientras otras se quedan muy por debajo. El informe subraya además que las regiones con más alumnado aventajado obtienen también mejores resultados generales, lo que desmonta la idea de que fomentar la excelencia reste equidad al sistema.

La familia pesa más que el centro

Uno de los mensajes más claros del estudio es que el entorno familiar resulta decisivo. El nivel educativo de los padres, su ocupación y la renta del hogar tienen un impacto mucho mayor que otros factores escolares cuando se comparan todos los elementos a igualdad de condiciones. En los hogares con mayores recursos, el 21,2% del alumnado alcanza alto rendimiento, mientras que entre los estudiantes con menos recursos esa cifra cae por debajo del 4%.

En cambio, el tipo de centro pierde fuerza explicativa cuando se controlan el resto de variables. Aunque de media los centros privados registran más alumnado aventajado que los públicos, el análisis multivariante indica que lo determinante no es tanto la titularidad como el clima escolar, con el acoso escolar como principal obstáculo para llegar arriba.

El perfil del alumno excelente

El estudio también dibuja un retrato del estudiante con mayores probabilidades de destacar. Se trata, en términos generales, de un alumno que ha pasado por Educación Infantil, no ha repetido curso, tiene altas expectativas académicas, buena salud y procede de un hogar con estatus socioeconómico alto. A ello se suma un nivel medio de apoyo familiar, un dato llamativo porque el exceso de presión tampoco ayuda.

Hay también diferencias por sexo. Las alumnas rinden mejor en lectura, mientras que los alumnos presentan más alto rendimiento en matemáticas y ciencias. La brecha no es enorme, pero los autores la interpretan como una señal de que persisten sesgos culturales y barreras que siguen condicionando el acceso a la excelencia en ciertas áreas.

Una minoría dentro de la minoría

El informe insiste en que el alto rendimiento está todavía muy concentrado en un grupo reducido. En España, el 61,3% de los estudiantes aventajados destaca solo en una competencia, mientras que únicamente el 12,8% sobresale en las tres, frente al 21% de la OCDE. Además, solo un 1,6% del total del alumnado español alcanza el nivel máximo 6 en alguna materia, lejos del 3,1% de la media internacional.

Esa escasez de perfiles sobresalientes no se limita a una cuestión estadística. El estudio la presenta como una limitación estructural para el desarrollo del capital humano y, en última instancia, para la productividad y la competitividad del país.

Altas capacidades: detectar más, atender mejor

Otro de los capítulos del informe se centra en el alumnado con altas capacidades, cuya detección ha crecido de forma notable en la última década. De 14.422 estudiantes identificados en el curso 2013-14 se ha pasado a 47.745 en 2023-24, aunque solo representan el 0,98% del total. La disparidad territorial es muy grande: en Baleares se detecta un 2,5% en ESO, mientras que en Aragón y Castilla-La Mancha apenas llega al 0,2%.

Para los autores, la identificación sigue siendo insuficiente y, además, no siempre se traduce en mejores resultados. Allí donde se detecta más alumnado con altas capacidades no necesariamente aparecen mejores indicadores en PISA, lo que apunta a una atención todavía limitada a este colectivo.

La curiosidad como motor

Más allá de los datos, el informe deja una idea central: el alto rendimiento no depende de una sola variable, sino de la suma de talento, contexto y actitud. Los autores destacan que la motivación, la asertividad, la resistencia al estrés, la perseverancia, el control emocional y, sobre todo, la curiosidad del estudiante están estrechamente asociadas a la probabilidad de alcanzar la excelencia.

Ese componente personal no elimina la importancia del entorno, pero sí reordena el debate. La educación temprana, las expectativas académicas y la lucha contra el acoso aparecen como palancas prioritarias, junto a unas políticas que no solo repartan recursos, sino que mejoren su uso.

Las recetas del informe

La monografía propone varias líneas de actuación: incorporar objetivos sobre alto rendimiento en los sistemas de evaluación, generalizar la educación temprana, estimular las aspiraciones académicas con becas adecuadas, reforzar la lucha contra el acoso y mejorar la identificación de alumnos con altas capacidades.

El mensaje final es claro: España no carece de talento, pero sí de un sistema capaz de llevarlo más arriba y de manera más homogénea. En palabras del propio estudio, «la excelencia no debe entenderse como un privilegio aislado, sino como una condición que puede extenderse si familia, escuela y políticas públicas trabajan en la misma dirección».

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