Fomentar las altas capacidades, pero controlando el ego
Es esencial que todas las personas que tengan en su círculo cercano a un hijo, hermano, padre o pareja con altas capacidades impulsen al máximo todo el potencial que posee. Desarrollar este talento es un deber que beneficia tanto a su propia vida personal como a la comunidad en la que se desenvuelven. Sin embargo, este impulso debe ir acompañado obligatoriamente de una gestión adecuada del ego. Mantenerlo en niveles saludables es vital para evitar que la conducta de la persona con esta inteligencia se vuelva problemática y desencadene conflictos mayores en su entorno cotidiano.
Este es un tema que merece ser analizado cuidadosamente. En la práctica, es común observar cómo algunos padres confunden la abierta insolencia de un niño con los destellos de genialidad propios de su mente. En este sentido, yo mismo he recibido correcciones profundas a lo largo de mi vida. Afortunadamente, tanto mi madre, mi hermana como mi pareja han sabido hacerme notar mis errores. Ellas me demostraron que, cuando yo expresaba mis características de altas capacidades, muchas veces lo hacía desde la soberbia, con un ego excesivo que requería que me señalaran un límite de inmediato. Me enseñaron con firmeza que el orgullo no es una aptitud válida para resolver problemas ni para dialogar sobre diversas cuestiones.
Si un menor con altas capacidades intelectuales no es corregido oportunamente, las consecuencias a largo plazo serán graves
Por eso, si un menor con altas capacidades intelectuales no es corregido oportunamente, las consecuencias a largo plazo serán graves. Debido a que los padres creen erróneamente que el niño solo está siendo resolutivo, independiente o firme, pasan por alto conductas destructivas. Cuando ese niño crezca y se convierta en adulto, enfrentará serios problemas de comportamiento tanto en el ámbito familiar como en el social, sufriendo un fuerte aislamiento por su incapacidad para conectar con los demás de igual a igual.
El ego es, en su esencia, una clara manifestación de inseguridad. Por lo general, nos empuja a confrontar los problemas desde lo visceral, por lo que resulta una fuerza inútil y dañina en todas las áreas de la vida de cualquier persona. Por ende, resulta imprescindible transformar el ego del menor con altas capacidades en una seguridad real. A mayor seguridad, existirá una mayor autoestima en el niño. Estos dos conceptos a menudo se confunden por puro desconocimiento social, aunque en realidad no tienen una relación directa.
De hecho, esta es una tarea educativa pendiente que no solo afecta a los menores con altas capacidades, sino a todos los niños en general. A lo largo de los años, he podido observar directamente a varios niños cuyos padres les han permitido tomar decisiones complejas y adoptar actitudes que, además de no corresponder en absoluto con la edad cronológica del menor, generan dinámicas familiares disfuncionales. Al otorgarles un poder que no pueden gestionar, se fomenta una falsa superioridad. Para evitar adultos intransigentes, el entorno debe actuar a tiempo, equilibrando la capacidad cognitiva con la necesaria empatía que ofrece el diálogo.

