Las altas capacidades no son un trofeo medible
Desde hace varios años he observado que ciertos padres de hijos con altas capacidades exhiben el potencial cognitivo de sus hijos como si fuera un trofeo personal. Estos padres, aunque representan una minoría, deberían actuar con mayor responsabilidad respecto a este tipo de comportamientos negativos. No solo generan una presión extra en el niño al mostrar su potencial ante los demás, sino que las altas capacidades no están destinadas a ser motivo de competencia ni de concurso. El menor o adolescente no es un espectáculo para ser sometido a vuestras expectativas personales.
Tened en cuenta que vuestro hijo posee altas capacidades, ¡y nada más! No es un sujeto abstracto para satisfacer, quizás, frustraciones personales, ni para expresarlas a través del menor de edad. Lo más recomendable, según la valiosa experiencia que he analizado durante todos estos años, es permitir que el niño se desarrolle de manera intuitiva y según sus necesidades reales en cada etapa de su vida. Es fundamental recordarles a esos padres que el menor no tiene nada que demostrar a la sociedad. Debe permitirse equivocarse tantas veces como sea necesario.
Además, ese niño con un enorme potencial puede, cuando sea adulto, optar por manejar su propio diagnóstico con absoluta discreción, limitándolo únicamente al entorno familiar. Cuando estos padres exponen a sus hijos frente a todas las miradas públicas, aun sin mala intención, pueden provocar situaciones dolorosas de acoso escolar o hacer que el niño se sienta completamente marginado de su entorno.
Soy de los que opinan que las altas capacidades deben ser reconocidas abiertamente y que es totalmente necesario crear programas pedagógicos tanto para profesionales como para el público en general. Pero no es lo mismo ser un adulto maduro que respalda una experiencia, que un menor o adolescente en pleno proceso de formación, con todas las implicaciones complejas que eso tiene para su persona. Por lo tanto, tener ese gran potencial debe manejarse con suma delicadeza, en los momentos adecuados, y nunca debe convertirse en una exhibición, porque se trata de una persona con las mismas aspiraciones y vulnerabilidades que cualquier otra, cuya infancia merece ser respetada siempre.

