Orientación para el siglo XXI: "Te guste lo que te guste, va a haber algo en lo que te puedas formar"

La entrevista se detiene en una idea que resume su alcance: la formación ya no puede pensarse como un camino único ni cerrado, sino como un recorrido que se adapta al mercado laboral y a las necesidades reales de los jóvenes. Entre formatos breves, nuevos grados y una FP cada vez más especializada, la conversación dibuja un mapa de oportunidades que cambia a gran velocidad.
Marta Peiro del ValleJueves, 18 de junio de 2026
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El momento clave de la conversación llegó cuando Elena dejó una idea muy clara, de esas que resumen perfectamente el sentido de todo el episodio: “El mejor favor que le podemos hacer a los jóvenes es tener a su disposición formaciones actualizadas”. A partir de ahí, la charla de Orientación para el siglo XXI se centró en una orientación muy pegada a la realidad: una orientación que no se queda solo en contar qué opciones existen, sino que ayuda a conectar los estudios, el futuro laboral y los cambios que están transformando el mercado de trabajo.

La entrevista comenzó, además, mirando al propio sentido del programa y a cómo darle continuidad. Antes de entrar de lleno en el tema, surgió la idea de crear una especie de panel de expertos en orientación académica: profesionales con experiencia que pudieran compartir buenas prácticas, casos reales y formas distintas de acompañar al alumnado. La propuesta no se planteó como una simple suma de entrevistas, sino como una manera de construir un relato común, útil para otros orientadores que buscan referencias concretas y aplicables en su día a día.

En el fondo, lo que se proponía era ir un paso más allá de la teoría. Elena insistió en que cada episodio podría partir de un tema trabajado con éxito por un experto diferente, porque no todos los centros tienen las mismas necesidades ni funcionan de la misma manera. De ahí salió una de las ideas más potentes de la conversación: la orientación gana fuerza cuando baja al terreno, cuando se apoya en experiencias reales y cuando permite aprender de quienes ya están encontrando soluciones a problemas muy parecidos.

Formación rápida para un presente que no espera

La primera gran línea de la entrevista tuvo que ver con los nuevos formatos de aprendizaje que han ido ganando terreno en los últimos años. Elena habló de los MOOCs, las microcredenciales y los bootcamps como tres respuestas distintas a una misma necesidad: aprender más rápido, con menos barreras y de una forma mucho más conectada con lo que está pasando en el mundo profesional. Lo resumió de manera muy directa cuando recordó que “hay que estar constantemente reciclando”, una frase que hoy ya no suena a consejo, sino casi a una obligación para no quedarse atrás.

Los MOOCs aparecieron como una opción especialmente interesante porque permiten acceder a cursos de universidades e instituciones educativas de cualquier parte del mundo sin moverse de casa. Durante la conversación se destacó precisamente eso: que son online, flexibles y fáciles de encajar en el día a día. Pero también se puso el foco en su calidad, ya que muchos de estos cursos están impartidos por docentes y expertos de primer nivel. Para quienes necesitan actualizarse sin parar su vida académica o profesional, este formato ofrece una puerta de entrada muy accesible.

Después, Elena se detuvo en las microcredenciales, que explicó como formaciones breves centradas en adquirir un conocimiento muy concreto y que, además, vienen acompañadas de una acreditación. Pueden durar unas semanas o varios meses, pero siempre tienen una duración mucho más reducida que un máster. Por eso resultan tan útiles para complementar estudios anteriores, reforzar un perfil profesional o ponerse al día en una especialidad sin tener que embarcarse en una formación larga. No vienen a sustituir otros caminos, sino a sumar valor de una manera muy precisa.

El tercer formato que apareció en la conversación fue el de los bootcamps. Elena los presentó como una formación intensiva, muy práctica y orientada directamente a aprender haciendo. La teoría pasa a un segundo plano y lo importante es adquirir habilidades concretas en poco tiempo. Por eso suelen estar muy vinculados a áreas como la programación, la ciberseguridad o el diseño de experiencia de usuario, donde saber hacer pesa muchísimo. En un mercado laboral que cambia tan deprisa, estos itinerarios responden bien a quienes necesitan aprender algo útil, aplicable y con resultados rápidos.

Nuevos grados para unir ciencia, letras y tecnología

A partir de ahí, la charla dio un paso más y entró de lleno en los contenidos y en cómo están cambiando también las enseñanzas universitarias. Elena quiso dejar claro que la transformación no va solo de estudiar online, hacer cursos más cortos o buscar formatos más flexibles. También está cambiando lo que se estudia. Y ahí apareció una idea muy interesante: cada vez hay más grados que mezclan disciplinas que antes parecían ir por caminos separados. Uno de los ejemplos más llamativos fue el grado en Matemáticas y Filosofía, una formación que combina el rigor científico con el pensamiento humanístico en un mismo recorrido.

La conversación siguió con otras propuestas muy conectadas con los retos actuales. Elena mencionó el grado en Economía Azul Sostenible, pensado para formar perfiles especializados en economía marina sostenible, junto a otros itinerarios relacionados con el ámbito aeroespacial, la ingeniería de satélites o la ingeniería térmica. Detrás de todos estos ejemplos había una misma idea: la universidad empieza a parecerse cada vez más al mundo real, un mundo donde la sostenibilidad, la tecnología y la especialización ya no van por separado, sino que se cruzan constantemente.

También salieron otros grados quizá menos conocidos, pero muy reveladores de hacia dónde se mueve la educación superior. Se habló de Estudios Teatrales, de Marketing, Innovación y Tecnología, de desarrollo full stack, de Gestión y Digitalización en el Deporte, de Traducción, Interpretación y Tecnologías del Lenguaje y de Neurociencias. Todos ellos apuntan en la misma dirección: la universidad está abriendo espacio a perfiles más híbridos, capaces de combinar conocimientos distintos y de moverse entre la tecnología, el análisis, la creatividad y la comunicación.

En ese punto, Elena insistió en algo muy importante: profesiones como el marketing, la redacción de contenidos o incluso el desarrollo tecnológico ya no pueden entenderse igual que hace unos años. La inteligencia artificial está cambiando muchas tareas prácticas, desde la analítica hasta la creación de textos o la programación. Por eso, la formación tiene que ayudar a reforzar aquello que sigue siendo más humano: la estrategia, el criterio, la creatividad y la capacidad de adaptarse. El mensaje de fondo fue claro: no se trata de resistirse al cambio, sino de aprender a moverse con él para seguir siendo relevantes.

La FP también acelera

La conversación bajó después al terreno de la Formación Profesional, y el diagnóstico fue muy parecido: también ahí hace falta actualizarse rápido para llegar a tiempo a lo que pide el mercado. Elena habló de títulos y cursos de especialización como sanidad ambiental, comercio electrónico, posicionamiento en buscadores, comunicación en redes sociales, coordinación de eventos o desarrollo de aplicaciones en Python. La imagen que dejó fue la de una FP cada vez más concreta, más técnica y más pegada a sectores donde el empleo necesita perfiles preparados para tareas muy específicas.

Eso sí, Elena también introdujo un matiz importante. Algunas especializaciones, explicó, quizá llegan un poco tarde al mercado, como las relacionadas con SEO y SEM, porque la llegada de la inteligencia artificial generativa ya ha cambiado mucho las reglas del juego. Aun así, defendió que siguen siendo formaciones útiles, aunque el sistema debería ganar agilidad para no ir siempre un paso por detrás. La idea de fondo fue muy clara: la oferta formativa tiene que aparecer cuando surge la necesidad, no cuando el cambio ya está demasiado avanzado.

En ese punto, la charla volvió a poner en valor todo aquello que sigue necesitando presencia, organización y trato humano. Se habló, por ejemplo, de la coordinación de congresos, ferias, exposiciones y eventos, una especialidad donde no basta con manejar herramientas: también hacen falta capacidad de planificación, resolución de problemas y contacto directo con las personas. La conclusión fue sencilla, pero muy potente: cuanto más físico y relacional es un trabajo, más difícil resulta sustituirlo por tecnología, y más importante es contar con profesionales bien formados.

El episodio de Orientación para el siglo XXI se cerró con una idea que había estado presente durante toda la conversación: el sistema educativo tiene que ofrecer a los jóvenes formaciones actualizadas, flexibles y útiles para un mundo que cambia sin parar. Elena lo resumió con una frase muy clara: “te guste lo que te guste, va a haber algo en lo que te puedas formar”. En esa idea final se unieron vocación y oportunidad, pero también una advertencia importante: orientar bien hoy significa ayudar a cada alumno a encontrar su sitio en un presente que no espera.

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