Bilbao pide menos pantallas para el cerebro adolescente
Bilbao recordó que gran parte del malestar adolescente tiene que ver con el descanso insuficiente, con los horarios desordenados y con la dificultad para desconectar.
A las puertas del verano, las familias vuelven a mirar de frente a las rutinas que sostienen el bienestar de sus hijos: descanso, relaciones, uso del móvil y presión académica. Ese fue el hilo conductor del encuentro celebrado hoy en GSD Las Rozas con el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, una conversación pensada para aterrizar en la vida cotidiana las claves de Thinking Kids®, el programa de bienestar emocional y aprendizaje basado en evidencia científica que GSD Educación implantará el próximo curso en sus diez colegios de la Comunidad de Madrid.
Bilbao defendió que el proyecto nace de una convicción muy clara: prevenir antes de reparar. En su intervención insistió en que la salud mental no puede abordarse solo cuando ya hay un problema encima de la mesa, sino también desde la infancia y la adolescencia, con herramientas que ayuden a los chicos y chicas a comprender lo que sienten y a pedir ayuda cuando lo necesiten.
El neuropsicólogo explicó que Thinking Kids® se apoya en una lógica pedagógica muy concreta: conocer el cerebro, entender las emociones, cuidar las relaciones y aprender a regular el estrés. Con ese enfoque, subrayó, la escuela puede convertirse en un espacio de protección y no solo de rendimiento.
Uno de los mensajes que más peso tuvo durante el encuentro fue el relacionado con la higiene del sueño. Bilbao recordó que gran parte del malestar adolescente tiene que ver con el descanso insuficiente, con los horarios desordenados y con la dificultad para desconectar de las pantallas al final del día.

La preocupación por el sueño no es ajena al debate educativo: Magisterio ya recogió que el 85% de los estudiantes de la ESO no duerme las ocho horas recomendadas para su edad, una cifra que encaja con las alertas del neuropsicólogo sobre el cansancio y el estrés que arrastran muchos menores. el 85% de los estudiantes de la ESO no duerme las ocho horas recomendadas para su edad
En esa misma línea, Bilbao fue tajante al hablar del impacto de la tecnología: menos tiempo de pantalla y más vida real. A su juicio, la exposición continua a redes sociales, mensajes y comparaciones permanentes multiplica la presión sobre un cerebro que, en plena adolescencia, ya está sometido a cambios profundos.
El especialista también quiso desmontar una idea muy extendida: la resiliencia no consiste en aguantarlo todo, sino en saber buscar apoyos y encontrar salidas. Por eso, defendió que uno de los grandes objetivos educativos debe ser enseñar a los alumnos a reconocer sus límites, detectar señales de alarma y acudir a sus figuras de referencia antes de que el malestar crezca.

Bilbao dejó una frase que resume bien el espíritu de Thinking Kids®: «la resiliencia no es resistencia«. A partir de ahí, explicó que el programa trabaja cuestiones como la gestión del estrés, la autoestima, la amistad, las relaciones sanas y la capacidad de pedir ayuda sin sentir vergüenza.
Desde GSD Educación insistieron en que la apuesta por Thinking Kids® no se dirige solo al alumnado con dificultades detectadas, sino a toda la comunidad escolar. La idea es que familias, tutores y orientadores compartan un mismo lenguaje para hablar de salud mental, emociones y hábitos de vida saludable.
El formato elegido, además, busca consolidar ese trabajo en el aula con materiales específicos y una mirada progresiva a lo largo de varios cursos. Bilbao defendió que ese acompañamiento práctico es clave para que las ideas no se queden en una charla inspiradora, sino que se conviertan en hábitos y recursos utilizables en el día a día.
Con el verano ya a la vuelta de la esquina, el mensaje de fondo fue inequívoco: cuidar el cerebro también es educar. Y hacerlo a tiempo, con prevención, evidencia y comunidad, puede marcar una diferencia decisiva en la salud emocional de niños y adolescentes.
