Del patio del cole al pasillo de los “mayores”: el vértigo de dar el salto al IES
Entre la compra de libros, el reajuste de horarios y las dudas sobre la parada del autobús, la cuenta atrás sigue su curso. © ADOBE STOCK
El paso del Colegio de Educación Infantil y Primaria (CEIP) al Instituto de Educación Secundaria (IES) es uno de los ritos de paso más trascendentales de la infancia escolarizada. De repente, el pupitre compartido, las filas ordenadas y la mirada cercana del tutor de toda la vida dan paso a una marea de timbres, multitud de profesores, aulas temáticas y compañeros que rozan la mayoría de edad. Para los alumnos de 11 y 12 años es una aventura llena de “cosquilleos”; para sus familias, una ecuación con bastantes incógnitas.
Para tomar el pulso a este reto familiar, hemos conversado con tres madres del sur de Cantabria que se encuentran en plena “cuenta atrás” hacia el primer curso de la ESO. A través de sus testimonios descubrimos que, aunque la teoría del cambio está bien asimilada, la práctica genera un inevitable cóctel de nervios, prudencia y esperanza.
Entre las voces que componen este retrato está la de María Sainz Estabén, que ofrece el análisis más reflexivo y experimentado. Conoce el entorno del instituto por experiencia previa, lo que le permite valorar positivamente la coordinación entre centros, aunque no oculta su reflexión sobre el impacto inevitable de las hormonas y los nuevos círculos sociales a esta edad.
Por su parte, Laura Antízar Vivar representa la mirada protectora y apunta directamente al corazón del debate emocional. Su postura es clara: a los 12 años “aún son unos niños” y hay que seguir tratándolos como tal, sin exigirles una madurez precoz para la que aún no están listos.
Finalmente, Aroa González Gutiérrez aporta la perspectiva más práctica del proceso. Observa el cambio entre la inquietud de sus hijas y los retos de la logística del transporte diario, al tiempo que defiende que la preparación académica real dependerá en gran medida de la exigencia del último profesor que hayan tenido en el colegio.
¿Madurez o pura supervivencia?
Si hay un sentimiento que define esta etapa entre las familias no es ni el miedo paralizante ni la tranquilidad absoluta: es la incertidumbre. La idea de que niños de 12 años compartan pasillos con jóvenes de 18 despierta cierto recelo inicial, aunque las madres con experiencia en el centro matizan este temor. “Sé cómo funciona porque estudié allí y apenas coinciden los más pequeños con los mayores”, explica María. “Me preocupa más la etapa en sí: el gran cambio en las relaciones sociales y en la adolescencia”.
A la pregunta de si los niños tienen la madurez suficiente para gestionar la libertad del IES, la respuesta de las familias es unánime y contundente: no. Laura lo expresa sin rodeos: “No están preparados. Considero que aún son unos niños y, por lo tanto, hay que tratarlos como tal”. Desde otra perspectiva, se señala que la madurez irá llegando sobre la marcha: existe un amplio abanico de ritmos de desarrollo a los 12 años, pero a lo largo de 1º y 2º de ESO terminan adaptándose.
El haber estudiado en un colegio pequeño, donde siempre han estado con los mismos compañeros, hace que sienta incertidumbre por las nuevas amistades, aunque las actividades extraescolares le han ayudado a abrir su círculo
"Autónomos en clase, despistados en la agenda
¿Les prepara el último curso de primaria para el alud de exámenes y tareas de la ESO? Aquí las opiniones encuentran un punto de matiz muy interesante. Las familias coinciden en que el nivel curricular básico sí se alcanza, pero el factor humano lo cambia todo. “Depende de cómo sea el profesor que te dé el último año en el cole”, comenta Aroa, señalando la diferencia de exigencia según el docente.
Sorprendentemente, la adaptación a las tecnologías no asusta a las familias. El uso previo de plataformas virtuales y dispositivos digitales en la primaria hace que los alumnos lleguen con soltura técnica. La verdadera batalla se librará en la organización personal.
Aunque las hijas de Aroa y Laura ya estudian de forma autónoma, estas madres prevén que durante el primer trimestre del instituto tendrán que arrimar el hombro para enseñarles a planificarse. A esta edad, los intereses principales suelen alejarse del rendimiento académico para centrarse en el grupo de iguales y, con la llegada de los cambios hormonales, la capacidad de concentración suele resentirse.
Autobuses, tardes libres y 20 minutos de espera
El salto al IES no solo transforma las aulas; rompe de golpe la rutina familiar cotidiana. Por primera vez, muchos niños cogerán el autobús escolar solos o regresarán a casa sin la compañía de un adulto. Es un paso hacia la independencia que se asume con naturalidad, pero con pequeños detalles logísticos que inquietan.
El primer día las dejaré escoger si quieren ir solas en el autobús o que las lleve yo. Lo que no me gusta nada es que desde que salen del instituto hasta que se suben al autobús pasen 20 minutos sin supervisión
"Respecto a la jornada continuada –que deja las tardes completamente libres–, la confianza en los hijos es alta, aunque combinada con una vigilancia discreta. La estrategia compartida por los hogares es dejarles cierto margen de maniobra en el primer trimestre y estar atentos a cómo gestionan el tiempo entre las extraescolares, los deberes y las pantallas.
De la mirada cercana del tutor a una comunicación en evolución
Una de las grandes rupturas para los padres es el cambio en la relación con el centro educativo. La figura protectora del tutor de primaria, a quien se ve a la salida del colegio casi a diario, desaparece. ¿Produce esto desamparo?
“Un poco sí nos preocupa, pero todo será acostumbrarse”, admite Aroa. Por su parte, Laura confía en que, aunque el marco cambie, desde casa se mantendrá una comunicación fluida con el nuevo equipo docente. Un punto muy positivo que destacan todas las madres entrevistadas es la excelente labor de coordinación entre los CEIP y los IES adscritos. Las jornadas de puertas abiertas, las reuniones entre directivas y las visitas guiadas han ayudado enormemente a amortiguar el impacto del cambio.
Desde casa intentaremos mantener una relación fluida con el centro, algo que creemos del todo necesario
"Un nuevo cuaderno que rellenar
De momento, la cuenta atrás sigue su curso. Entre la compra de libros, el reajuste de horarios y las dudas sobre la parada del autobús, septiembre llegará con la misma certeza de siempre.
Con 12 años recién cumplidos, a los alumnos les espera el primer día de clase frente a un edificio enorme. A las familias, la difícil tarea de esperar al otro lado.


