La OCDE confirma que el contexto social condiciona más que las notas con la orientación como contrapeso
La OCDE vuelve a poner sobre la mesa una de las grandes grietas del sistema educativo: las decisiones académicas no dependen solo de las notas, sino también del contexto social y económico en el que crece cada estudiante. El organismo internacional señala que el origen influye de manera notable en hasta dónde cree poder llegar el alumnado, incluso cuando el rendimiento escolar es alto.

Según el informe, la brecha no se explica únicamente por la capacidad o el esfuerzo. Entre los estudiantes con mejores resultados, quienes proceden de familias con más recursos tienen más probabilidades de aspirar a estudios superiores y a empleos de mayor cualificación. En cambio, el alumnado de entornos menos favorecidos tiende a rebajar sus expectativas, aun cuando su expediente permita pensar en trayectorias más ambiciosas.
En ese marco, Ismael Sanz vuelve a poner sobre la mesasubraya que el sistema educativo no siempre convierte el talento en ambición académica. Su interpretación añade que, en muchos casos, faltan referentes, información y acompañamiento para que el alumnado visualice opciones de futuro más amplias.
La OCDE respalda esa idea al defender que la orientación profesional puede reducir la incertidumbre sobre el itinerario académico y favorecer planes más ambiciosos. Participar en actividades de orientación, apunta el organismo, ayuda a mejorar el pensamiento profesional y a tomar decisiones más informadas sobre estudios y empleo.
Para Sanz, el valor de la orientación no está solo en informar sobre ciclos, grados o salidas laborales, sino también en acercar referentes, ampliar el capital social del alumnado y hacer visibles caminos que muchos estudiantes no contemplan como posibles. Desde esa perspectiva, una orientación bien diseñada puede compensar parte de las desigualdades de origen.
El trasfondo del informe es una brecha menos visible que la de las calificaciones, pero igual de determinante: la de las expectativas. Si el origen social sigue influyendo en la ambición académica, el sistema no solo mide resultados, también reproduce aspiraciones distintas según el contexto.
Ahí es donde, según la lectura de Sanz, la escuela puede marcar la diferencia. La orientación no elimina por sí sola las desigualdades de partida, pero sí puede evitar que el punto de partida condicione en exceso el punto de llegada.