Lo malo mola
“La Educación es un arma de construcción masiva” (Marjane Satrapi – Persépolis)
El griterío que nos rodea es de tal magnitud que rompe a saco el silencio indispensable para reflexionar y conversar civilizadamente, un ruido exasperante generado precisamente para impedir pensar. Se corre el riesgo de dar rienda suelta a la propia indignación gritando más fuerte para ser escuchado o por el contrario callar para no entrar en el juego de la provocación, pero el silencio en estos momentos tiene un alto costo. La crispación va en aumento en la sociedad, si hasta en foros en los que se espera un diálogo inteligente las certezas se disparan a la yugular. Los dueños de la verdad no necesitan dialogar ni contrastar opiniones, atropellan con impunidad y soberbia, gritando para no escuchar. No es nuevo, hace tiempo que se viene gestando una sociedad deshumanizada con prepotencia y mentira, donde el individualismo viene desplazando los valores del bien común. Ya está bien de admitir barbaridades cargadas de odio y violencia por haber caído en una tolerancia malentendida, porque la libertad de expresión no es un derecho absoluto, tiene sus límites como cualquier otro derecho precisamente para proteger una ética del respeto, una actitud decente como requisito de convivencia cívica. Cuando la palabra racional se reemplaza por la descalificación destrozando el escenario público tiene un solo objetivo, el de reventar el sistema democrático utilizando la confusión como medio de control y miedo dividiendo a la ciudadanía. Se atenta de forma constante contra la autoridad bien entendida, contra la confianza en las instituciones, anarquía a ritmo del “todo vale” horadando con insulto y humillación nuestra sociedad.
La fuerza civilizadora basada en el poder de la palabra está sometiéndose a la palabra de otro poder, ser listo cotiza más que ser inteligente, lo malo mola y los móviles están siempre prestos a grabar la agresión en lugar de impedirla. Decencia, justicia, dignidad, valores consagrados que no hace mucho hacían pasar un mal momento a quien era pillado en falta y hoy hace gala de banalizarlos. Los valores necesitan ser reformulados con una nueva gramática. No se trata de recuperarlos de un tiempo pasado que para algunos fue mejor, sino de vertebrarlos por consenso en la conducta del día a día a compartir y para eso hay que poder hablar y escuchar.
Se pretende combatir el acoso escolar cuando los chavales tan solo reproducen la conducta de sus mayores, especialmente indecente cuando se trata de personajes públicos, un malestar que crece por la contradicción entre las consignas dentro de la escuela y fuera de ella. ¿Con quién cuentan los adolescentes actualmente cuando necesitan hablar de su propio malestar, de la incertidumbre presente y del futuro incierto, el horror de las guerras, de la muerte y perversión de las imágenes descarnadas? En muchos casos si tienen suerte lo hacen con sus padres o se abren a profes receptivos más allá de sus funciones, de los que no se olvidan, pero cada vez más se desahogan con el chat GPT, con Siri o Alexa que saben escucharlos con atención, siempre tienen tiempo y la empatía necesaria para aconsejar sin censurar, incluso asesorar en ideas de como suicidarse o hacerse un tatuaje. ¿Qué Educación nos planteamos en el aquí y ahora? ¿Insistir en transmitir el conocimiento basado en técnicas de utilidad práctica con tiempo de caducidad o aprender a aprender, ejercitando la capacidad de pensar por sí mismos o es que no se requiere pensamiento crítico para reinterpretar los cambios constantes de la tecnología, no son objetivos complementarios? ¿Seguir insistiendo en ser competitivos en lo individual o emprender proyectos en conjunto con el grupo de referencia, con la propia comunidad? Pensar críticamente no implica oponerse al otro como enemigo sino devenir con él, aprender a levantarse juntos para no ser atropellados desbancando la manipulación y sobre todo el odio. Somos mortales pero el odio no, se transmite de padres a hijos, de generación en generación, se perpetúa desde los conflictos domésticos o la violencia de género hasta las guerras que no hacen más que ahondar en el rencor perpetuando el deseo de venganza, la consigna ya no es la Paz sino la destrucción total del enemigo. También la condición de miserable forma parte del legado.
Conjurar el malestar con el ejercicio de la palabra desde la escuela infantil, donde la opinión fluya y confluya desde la primera red social de la infancia, con la sola imposición del respeto, prohibiendo la descalificación. Todo es hablable para mejorar la convivencia en casa, en el aula y en la sociedad en general, un proyecto cara a cara, oreja a oreja. No se busca la uniformidad de opiniones, solo entendimiento en favor de la convivencia y de la Dignidad que exige ante todo sostenerse en los derechos humanos, todos juntos bajo la misma bandera, como la que nos une y nos vuelve patriotas con el futbol. La amistad cívica como exigencia para una vida mejor en una ciudadanía cohesionada, no puramente humanista ni religiosa, ni el número de amigos de acuerdo al número de likes. Debemos ser conscientes de la imperiosa necesidad de nuevos retos en la Educación que hacen a nuestra propia existencia, conscientes de que el desasosiego en la joven ciudadanía proviene del has lo que yo digo pero no lo que yo hago. La responsabilidad es ante todo de los adultos reconociendo en el caos una oportunidad, la de aprender a cambiar actitudes abriendo mentes y cerrando heridas. Que la Educación brinde la posibilidad de reconocer y rechazar la palabra que pretende manipular o adiestrar. Es imprescindible que la llamada minoría silenciosa actúe, no solo para unirse en el lamento y la ira sobre todo a la hora de las elecciones. La parcela de la escuela pública es un ámbito rico en posibilidades para que padres y maestros recuperen con imperiosa necesidad el lugar que le corresponde a la legitima Educación, una enseñanza basada en la Justicia. De ello depende nuestra existencia, salvo que nuestro deseo sea dejar en manos de la IA la tarea de educar a nuestros hijos y nos contentemos con que las armas lleven la pegatina de haber sido fabricada de forma ecológica con material reciclado.
