Igualitarismo empobrecedor

Javier Fernández Franco
Inspector de educación
8 de septiembre de 2026
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Como cada edición, llega cargada de trinchera ideológica la resaca del Informe PISA. Y, tras los titulares explosivos, los días irán cayendo del almanaque para que pase lo que siempre pasa: pasamos de la educación. Tenemos un problema colosal y no queremos tomar conciencia de él. Confundimos educación con escolarización. Perturbamos la igualdad de derechos con la dejación en las obligaciones hasta tal punto que logramos ser iguales en la mediocridad en un igualitarismo que nos empobrece y debilita como sociedad.  Pretendemos que nuestros deseos se conviertan en derechos ignorando la naturaleza de las cosas. Alejados de todo realismo engañamos a nuestras aspiraciones manipulando el lenguaje para hacernos trampas al solitario porque las matemáticas tienen que tener perspectiva de género. Así nos va y peor nos irá. Otra de gambas y que pasen los días.

A la luz de las evidencias seguimos enfrascados en debates estériles en vez de asumir cada cual sus responsabilidades en el grado que le correspondan, evitando una especulación educativa alejada de todo rigor. A la administración no se la puede culpar ni de la inversión, ni de la ratio, ni de los recursos e infraestructuras, pues cada vez los indicadores han ido superándose; otros serán los factores en el saldo deudor de las políticas educativas. Dejemos de echar balones fuera. Si los alumnos son impuntuales o absentistas los responsables directos son sus padres. Si a pesar de aumentar los recursos y disminuir las ratios, los alumnos siguen sin saber aplicar los “conocimientos”, cabe deducir que algunas responsabilidades tendrán tanto los docentes como las facultades de ciencias de la educación.

Si nuestro alumnado no aprende habrá que demostrarles con el ejemplo que, para saber, hay que estudiar, esforzarse, frustrarse, tomar nota de los errores, ganar cuando toca y saber perder; esto es: educarles. Si las evaluaciones externas no son lo suficientemente eficaces y la rendición de cuentas brilla por su ausencia, la inspección educativa debería reflexionar sobre el escaso impacto de su trabajo y el sentido del mismo. Si la varianza interna en un mismo centro se revela como una de las  causas principales de la diferencia de rendimiento en el alumnado, es posible advertir que la dirección no ejerce un liderazgo pedagógico mínimamente eficiente. Si las diferencias entre centros en nuestro país es poca, pero las que se dan entre alumnos de un mismo centro son preocupantes, ¿de qué equidad estamos hablamos?

Si los colegios se están progresivamente convirtiendo en oficinas por el teletrabajo docente, algún efecto tendrá esta medida en el deterioro de la coordinación, raigambre en la cultura de centro, e identidad profesional. Ante esto sobran excusas centradas en factores exógenos e ideológicos que entran en bucle como la rueda de un hámster. Nadie parece sentirse aludido ni sonrojado con un fracaso educativo tan alarmante como el español. La borrachera del informe PISA se parece mucho a una noche electoral en la que todos los partidos políticos manifiestan haber ganado las elecciones.

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