Las altas capacidades viven en el 11 de abril de 1954
En la mente de una persona con altas capacidades intelectuales, todo lo que acontece a su alrededor es como si ocurriera el 11 de abril de 1954: ve los mismos hechos, con los mismos resultados, y es capaz de interpretar con precisión metodológica los actos formalizados por el entorno social.
Para un cerebro con altas capacidades intelectuales, además de observar su particular 11 de abril de 1954, la persona percibe que todo se mueve lentamente y que, en algunos momentos, los demás no están dispuestos a poner a prueba otros algoritmos que podrían conducir a resultados, digamos, más interesantes.
Cuando interactúa con su ecosistema –ya sea en el colegio, en el trabajo o en un entorno de ocio–, aunque se encuentre en ambientes cercanos que protegen su forma de interpretar el mundo, sigue percibiendo patrones en los que el 11 de abril de 1954 se manifiesta en las conversaciones y en los ejercicios reflexivos que se desarrollan a su alrededor. Lo asume como parte de su cotidianidad, en la que lo más inteligente es formar parte de un todo, aunque ello suponga vivir en el 11 de abril de 1954.
Aun con todo ello, tenemos una ventaja nada desdeñable: es precisamente desde el pleno aburrimiento cuando se llevan a cabo los logros que consolidan nuestros proyectos. El aburrimiento nos lleva a encontrar otro tipo de triangulaciones para poner en marcha trabajos que mejoren, tanto cualitativa como cuantitativamente, la tesina en la que estemos elaborando.
Esta es la herramienta más poderosa que tenemos las personas con altas capacidades intelectuales: nuestro 11 de abril de 1954 no sirve únicamente para aburrirnos –aunque, siendo honestos, el aburrimiento forma parte de la evolución del sistema–, sino que también tiene la cualidad de permitirnos abordar nuestro proyecto desde todos los ángulos posibles y conducirlo hacia la excelencia mediante el rigor empleado.

