Los profesores que se van y los que todavía no pueden llegar

La universidad española está a punto de afrontar uno de los mayores cambios de plantilla de las últimas décadas. Mientras miles de investigadores jóvenes intentan abrirse paso en una carrera académica marcada por la temporalidad, una parte muy relevante del profesorado se acerca a la jubilación.
Azahara Valverde AlonsoLunes, 14 de septiembre de 2026
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La contradicción debería preocuparnos. España cuenta con una amplia cantera de investigadores en formación y ha activado miles de plazas de profesorado ayudante doctor. Pero eso no garantiza que el sistema consiga reemplazar a tiempo el conocimiento, la docencia y la capacidad investigadora de quienes se retiren. La pregunta no es solo si llegarán nuevos profesores, sino si lo harán con estabilidad, en las áreas adecuadas y antes de que se pierda talento por el camino.

La edad media del Personal Docente e Investigador (PDI) se sitúa ya en 49,5 años. Hace una década, en el curso 2014-2015, la edad media era dos años menor a la actual, 47,9. Hoy, el 18,7% tiene 60 años o más y, en los centros propios de las universidades públicas, el 56,2% supera los 50 años, según datos recientes del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.

No se trata de presentar al profesorado sénior como un problema. Buena parte de la capacidad de la universidad depende de quienes sostienen asignaturas, dirigen tesis, lideran proyectos y conservan un conocimiento construido durante décadas. El desafío aparece cuando las salidas no se anticipan y la incorporación de jóvenes investigadores se retrasa. El envejecimiento tampoco es exclusivo de España, pero aquí la brecha resulta evidente: el 49,6% del PDI español supera los 50 años, frente al 38,6% de la media de la Unión Europea. La cuestión no es sustituir edad por juventud, sino conseguir que la experiencia pueda transmitirse y que las nuevas incorporaciones lleguen a tiempo.

¿De qué áreas del conocimiento estamos hablando?

Los datos de edad permiten anticipar dónde puede concentrarse una parte importante de esas salidas. En el curso 2022-23, el porcentaje de PDI de 60 años o más alcanzaba el 26,7% en Ciencias, el 25,2% en Ciencias de la Salud y el 24,2% en Artes y Humanidades. En Ciencias Sociales y Jurídicas era del 16,8%, y en Ingeniería y Arquitectura, del 16,7%.

La presión, por tanto, no será homogénea. Y tampoco será igual el conocimiento que haya que sustituir. No se trata solo de cubrir horas de clase, sino de mantener asignaturas, grupos de investigación y especialidades que dependen de perfiles concretos. La salida de un especialista específico en áreas como Enfermería Comunitaria, Física Teórica, Ingeniería de Materiales, Filosofía Medieval o Econometría Espacial no encuentra necesariamente una sustitución inmediata.

Cada salida abre así una decisión: qué materias seguirán siendo necesarias, qué líneas de investigación necesitan continuidad y qué nuevos perfiles debería incorporar la universidad ante los cambios tecnológicos, ambientales y sociales de la próxima década.

Una jubilación no garantiza una plaza

La idea de que cada jubilación genera automáticamente una plaza idéntica no responde al funcionamiento real de la universidad. Cuando un profesor se retira, la institución debe decidir si repone la plaza, cuándo la convoca, con qué perfil y con qué financiación. Una plaza puede mantenerse, transformarse, retrasarse o no cubrirse.

Por eso, el relevo generacional no es solo una cuestión demográfica. Las jubilaciones pueden servir para reforzar áreas necesarias, corregir desequilibrios o crear oportunidades estables para investigadores jóvenes. Pero también pueden convertirse en vacantes que se cubren tarde o se fragmentan entre contratos temporales. La Universidad Complutense de Madrid lleva desde 2020 aplicando una política orientada a anticiparse a las jubilaciones. Su Plan de Actuaciones en Profesorado 2020-2023 introdujo la posibilidad de convocar plazas de Profesor Ayudante Doctor antes de que se produjera la salida de un docente, siempre que el departamento tuviera necesidades concretas. La idea era evitar que la jubilación dejara un vacío: conocer la estructura de cada departamento, prever las salidas y poner en marcha con tiempo la incorporación de nuevo profesorado.

Hay cantera, pero falta estabilidad

España no parte de cero. En el curso 2023-2024 había 94.680 estudiantes matriculados en programas de doctorado, según los datos del Ministerio. Más de la mitad se concentraban en dos grandes ramas: Ciencias Sociales y Jurídicas (26,3%) y Ciencias de la Salud (25,4%). Les seguían Ingeniería y Arquitectura (16,9%), Ciencias (15,7%) y Artes y Humanidades (15,6%).

Pero esa cantera no representa una reserva automática de futuros profesores universitarios. Hacer un doctorado significa formarse para investigar, no necesariamente iniciar una carrera académica. Muchos investigadores acabarán trabajando fuera de la universidad. Otros intentarán continuar en ella, pero la estabilidad suele llegar después de una trayectoria larga: tesis, contratos predoctorales y posdoctorales, publicaciones, estancias, docencia, acreditaciones y proyectos competitivos.

Mientras tanto, la movilidad constituye otro reto. El 66,8% del PDI doctor trabaja en la misma universidad donde defendió su tesis; en las públicas, la proporción asciende al 73%. La continuidad puede fortalecer grupos de investigación, pero la universidad también necesita atraer investigadores de otros entornos y garantizar procesos de selección abiertos y competitivos.

Una respuesta que debe sostenerse

El Programa María Goyri es una de las principales respuestas públicas al desafío de rejuvenecer las plantillas universitarias. Puesto en marcha en 2024, prevé incorporar 5.638 profesores ayudantes doctores a las universidades públicas de forma progresiva hasta 2028. De ellos, 3.400 cuentan con financiación estatal durante seis años, mientras que las comunidades autónomas se han comprometido a sufragar otras 2.236 plazas. En julio de 2026, el Ministerio informó de que las 3.400 plazas financiadas por el Estado ya habían sido contratadas. Las comunidades autónomas, por su parte, habían contratado entonces 311 de sus 2.236 plazas y disponían hasta el curso 2027-2028 para completar el proceso.

El programa puede reducir déficits de profesorado y abrir una vía de entrada para una nueva generación de docentes e investigadores. Pero el número de contratos no basta para medir su éxito. La cuestión será qué ocurre cuando termine la financiación estatal de seis años y, sobre todo, cuántas de esas incorporaciones se convierten en carreras académicas estables.

Por la universidad que quede

Las plazas que se convoquen en los próximos años decidirán qué áreas crecen, qué líneas de investigación se consolidan y qué perfiles académicos tendrán las universidades. La renovación puede ayudar a incorporar conocimiento en ámbitos como la inteligencia artificial, la transición energética, la salud digital, la biotecnología o la sostenibilidad, sin relegar campos fundamentales de las ciencias básicas, las ciencias sociales, las humanidades y la educación.

Dentro de diez años, muchas aulas seguirán en los mismos campus, algunas asignaturas conservarán el mismo nombre y los PowerPoint, confiemos, se habrán actualizado. Lo que es evidente es que la academia puede ser muy distinta según las decisiones que se adopten hoy. Una institución pública que se planifique podrá mantener conocimiento especializado, incorporar perfiles nuevos y ofrecer carreras académicas más estables. Una que se limite a administrar jubilaciones corre el riesgo de perder talento y convertir la temporalidad en una condición estructural.

La universidad española tiene por delante una renovación que no se resolverá solo con nuevas plazas. Necesitará personas capaces de enseñar, investigar y crear conocimiento, pero también condiciones para desarrollar una carrera dentro del sistema. No solo con las ganas es suficiente: se necesitan medios.

El reto no es solo quién llegará a la universidad, sino qué universidad encontrará cuando llegue.

Fuentes

Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD). Informe CYD 2025: ¿Cuál es el perfil y la situación del Personal Docente e Investigador en la universidad española? Datos del curso 2023-2024 sobre volumen, edad, estabilidad, género, movilidad y estructura del PDI.

Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Estadística de personal de las universidades. Curso 2022-2023. Datos sobre volumen de PDI, edad media, profesorado permanente, doctorado, dedicación y composición de las plantillas universitarias.

Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Estadística de Personal de las Universidades: metodología. Definiciones de “plantilla joven” y “plantilla en proceso de jubilación” empleadas en las estadísticas oficiales.

Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Estadísticas de personal de las universidades. Tablas de distribución del PDI por edad y rama de conocimiento.

Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. “El Gobierno acuerda transferir a las CCAA cerca de 150 millones de euros a través del Programa María Goyri para financiar la incorporación de profesorado ayudante doctor en las universidades públicas españolas en 2026”, 21 de julio de 2026.

Universidad Complutense de Madrid. Portal de Transparencia: Personal Docente e Investigador. Información institucional sobre la política de profesorado vinculada a jubilaciones y plazas de profesorado ayudante doctor.

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