Más salud mental en las aulas y menos en las pantallas

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Salud mental por las redes, en podcast y medios de comunicación, en charlas, pero… ¿realmente interesa tanto?

En los últimos años parece que la salud mental se ha hecho un hueco a nivel informativo y que forma parte de las agendas de muchas empresas (al menos en apariencia, quizá porque queda bien dar la imagen de una organización realmente interesada en el bienestar mental de sus empleados).

Sin embargo, ¿realmente interesa tanto… o es tan solo una forma más de intentar quedar bien con la sociedad? Incluso… ¿de ganar clientes? Porque las redes sociales, pese a ser un recurso muy valioso para la comunicación, también suponen un enorme altavoz para personas interesadas únicamente en ganar dinero, aunque ello suponga ponerle el nombre de «consejos para la salud mental» a frases baratas, lo que resulta muy peligroso, particularmente, para personas que realmente padecen de algún trastorno mental.

Quienes me conocen saben que la psicología y salud mental es algo que me apasiona, y que me encanta conocer a expertos en este ámbito, charlar con ellos, compartir impresiones y aprender.

Cuando lo hago, a casi todos les pregunto lo mismo en algún momento: ¿se le da a la salud mental la importancia que requiere? ¿Todo lo que se habla y se difunde por redes y medios… se traduce en una educación en salud mental en las aulas?

Si lo pensamos desde un punto de vista generacional, es cierto que nuestros abuelos y padres vivieron en épocas en las que quizá no se hablaba demasiado de emociones. De hecho, en muchos contextos, en muchas realidades, se censuraba la expresión del amor (según qué amores…), la tristeza (cómo olvidar que “los hombres no lloran”), el enfado (porque todo el mundo sabe que hay que ser correcto hasta el exceso – o posturista, diría yo- y acatar todo, a toda costa).

Hemos comprado que los adultos no saben de emociones y no están acostumbrados a expresarlas ni apoyar a otros en su gestión. Y yo brindo por todos aquellos que, lejos de quedarse en este discurso y de pensar que son “demasiado mayores” (¿perdón?) para ello, se animan a mirarse el ombligo y analizarse por dentro, descubriendo sus mejores virtudes… y peores defectos. Con terapia de por medio o no, hacerse cargo de las emociones y aprender a gestionarlas es fundamental, para uno mismo y en su relación con el resto.

Donde no hay excusa (o no debería haberla) es en las nuevas generaciones. Y sí, es maravilloso que la salud mental hable su idioma y la cantidad de contenido al respecto que se difunde por las redes sociales (entre todo el humo, hay muchísimas cosas interesantes y que realmente aportan).

Mi pregunta es: ¿por qué no se establece en el currículo, de carácter obligatorio y sin importar la tipología del centro educativo, una asignatura sobre salud mental? Y en todos los niveles.

Considero que, si realmente estamos interesados en la salud mental de los ciudadanos, desde que entran por la puerta de la guardería el primer día hasta que se gradúan en su centro de formación superior, en todos los estudios debería haber formación emocional.

Quizá a una persona nacida en 1956 le resulte complicado expresar miedo al rechazo. Pero si hoy, en 2026, a un niño pequeño le preguntamos cómo se siente y qué le dice su cuerpo, le explicamos que esa sensación se llama miedo y que, lejos de ser mala, le quiere decir algo y tiene que aprender a detectarla, ponerle nombre, escucharla y gestionarla… probablemente ese niño, cuando llegue a la última etapa de su vida, sepa qué hacer con esa emoción. Y, de paso, no proyectarla sobre el resto. Y, de paso, detectarla y acompañar a sus nietos en su propio aprendizaje emocional.

En todos los centros educativos, en todos los niveles, deberían impartirse conocimientos de educación emocional… pero no se hace. Y no, no me refiero a charlas, a cursos breves o iniciativas tipo “La semana de las emociones” o “El mes de los emociones” para los niños. Me refiero a asignaturas reales en las que se eduque a personas de todo tipo de edades y niveles y se les integre en actividades que realmente les hagan interiorizar e integrar conceptos.

¿Por qué no sucede? ¿Por qué no interesa? ¿De dónde tiene que venir este cambio? ¿Es algo a nivel educativo… o se trata de algo más allá, una decisión que depende de instituciones y políticos?

¿Será que si enseñamos a la población a entenderse y gestionarse a sí misma no aceptará cualquier cosa y se planteará lo que tratan de “venderle” o “imponerle”? ¿Será que, de educarnos a conocernos, entendernos y gestionarnos a nosotros mismos, perderán capacidad para manipularnos en su beneficio?

He tenido la suerte de hablar con muchos profesionales con conocimientos y experiencias en educación emocional, salud mental y psicología y todos coinciden en lo mismo: si enseñas a una persona, desde pequeño, algo, ese aprendizaje lo conservará el resto de su vida. ¡Son esponjas!

Dejémonos de tantas publicaciones en redes sociales, tantos comunicados de prensa, tantas acciones bienqueda… y centrémonos en lo importante: en educar, desde pequeños y para toda la vida, en salud mental. Así realmente conseguiremos mejorar nuestras cabezas individualmente… y avanzar como sociedad.

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