PISA: la culpa no es (solo) de las pantallas

Hay países que lideran los rankings de PISA y, al mismo tiempo, lideran el uso intensivo de herramientas digitales en el aula. Singapur, en Asia; Estonia, en Europa. Si la pantalla fuera, en sí misma, el problema, esos países tendrían los peores resultados, no los mejores. El problema no está en la pantalla. Está en cómo, cuándo y para qué la usamos.
Begoña Ladrón de Guevara
Directora del Instituto de Innovación Educativa de la Universidad Villanueva y presidenta de COFAPA
24 de septiembre de 2026
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IMAGEN GENERADA POR IA

El informe PISA 2025 ha situado a España en su peor resultado histórico en comprensión lectora, y percibo que el debate se ha simplificado hasta un titular: las pantallas tienen la culpa. Entiendo la tentación —tenemos una explicación clara, un culpable identificable—, pero lo cierto es que no es tan sencillo, ni tan cómodo.

Hay países que lideran los rankings de PISA y, al mismo tiempo, lideran el uso intensivo de herramientas digitales en el aula. Singapur, en Asia; Estonia, en Europa. Si la pantalla fuera, en sí misma, el problema, esos países tendrían los peores resultados, no los mejores. El problema no está en la pantalla. Está en cómo, cuándo y para qué la usamos.

Por eso, cuando hablamos de pantallas, lo primero que tenemos que hacer es dejar de hablar como si fueran todas iguales. No es lo mismo un Chromebook o una tableta usados con una intención pedagógica clara en el colegio, que una familia que regala un móvil como herramienta de ocio. El primero puede ser una herramienta tan legítima como lo fue siempre el libro de texto: sirve para personalizar el aprendizaje, para llegar mejor a un alumno con una necesidad educativa concreta, para que cada uno avance a su ritmo. El segundo es, sobre todo, un canal de entretenimiento y comunicación que compite (y casi siempre gana) con la concentración.

Esa distinción importa especialmente en los primeros años. En Infantil y en los primeros cursos de Primaria, mi criterio es claro: cuanto menos, mejor. El uso individual de un dispositivo en esas edades debería ser prácticamente cero. Más adelante, la pantalla puede y debe entrar en el aula, pero siempre bajo el criterio del profesor: es él quien decide si esa herramienta ayuda a aprender, no el alumno ni la disponibilidad del dispositivo.

No se trata, en el fondo, de si las pantallas son buenas o malas, sino de cómo convertirlas en una herramienta al servicio del aprendizaje

Y aquí llegamos a un tema clave: la formación del profesorado. De esto sabe bien Empantallados, la iniciativa que desde 2017 investiga y forma en el buen uso de la tecnología entre familias y centros educativos, y que este curso se ha integrado en el Instituto de Innovación Educativa de la Universidad Villanueva. La irrupción de la inteligencia artificial ha hecho aún más urgente esta tarea: según el último estudio de Empantallados y GAD3 ‘Educar en la era de la IA’, en torno al 40% de los profesores ha detectado que sus alumnos usan la IA para generar respuestas sin comprender los conceptos, o directamente para evitar el trabajo autónomo. No podemos seguir evaluando como si la inteligencia artificial no existiera: necesitamos nuevas formas de comprobar qué ha aprendido realmente cada alumno, y eso exige formar a quienes están delante de la clase, no solo a quienes están detrás de la pantalla.

No se trata, en el fondo, de si las pantallas son buenas o malas, sino de cómo convertirlas en una herramienta al servicio del aprendizaje, y de no perder de vista lo que de verdad importa mientras lo hacemos: las habilidades propiamente humanas que ninguna tecnología va a sustituir, como el pensamiento crítico, la creatividad o la capacidad de esfuerzo.

Termino con un dato, también extraído del estudio de Empantallados, que me parece el más esperanzador de todos. En un mundo en el que los alumnos parecen preguntarle todo a un chatbot, casi 9 de cada 10 siguen considerando importante o muy importante la interacción con su profesor. Ahí está la clave, y ahí está también la responsabilidad: los docentes seguimos siendo un referente. Aprovechémoslo para liderar este cambio, en lugar de sufrirlo.

Begoña Ladrón de Guevara es directora del Instituto de Innovación Educativa de la Universidad Villanueva y presidenta de COFAPA.

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