Si estudias, no trabajas: la mayoría del alumnado universitario español sigue dependiendo del soporte familiar en esta etapa
De los 25 países participantes, solo Azerbaiyán, Georgia y Malta superan el porcentaje de España de universitarios que viven con sus padres. © ADOBE STOCK
La familia continúa siendo el principal sostén de los estudiantes de educación superior en España. El análisis publicado por la Fundación CYD, a partir de los resultados de EUROSTUDENT 8 en 25 países, refleja una elevada dependencia económica familiar, vinculada tanto al reducido porcentaje de alumnos con empleo continuado como al limitado alcance de las ayudas públicas.
El 51,2% del estudiantado español vive con sus padres, una proporción únicamente superada por Azerbaiyán, Georgia y Malta entre los países participantes. Otro 21,7% comparte piso, el 17,6% reside con su pareja o hijos, el 5,4% vive solo y apenas el 4,1% utiliza una residencia universitaria.
vive en una residencia universitaria, el 21,7% comparte piso, el 17,6% reside con su pareja o hijos y el 5,4% vive solo
Los datos muestran que emanciparse durante los estudios resulta prácticamente imposible para buena parte del alumnado. Compartir vivienda con otras personas se convierte en la principal alternativa al domicilio familiar, mientras que España registra, junto con Malta, el menor uso de residencias universitarias de toda la muestra.
Emanciparse durante los estudios resulta prácticamente imposible para buena parte del alumnado
El gasto medio mensual de cada estudiante asciende a 1.148 euros, por encima de los 1.112 euros del promedio europeo. La estimación incluye vivienda, manutención, transporte, actividades sociales, ocio y costes directamente relacionados con los estudios.
Cerca de la mitad de esos desembolsos se cubre mediante transferencias de personas próximas al estudiante. La contribución de las familias representa el 48,5% de los ingresos totales y se consolida como la principal fuente de ingresos, mientras que los recursos propios aportan el 39,7%.
El respaldo institucional tiene un peso sensiblemente menor. Solo el 29,1% del alumnado recibe alguna ayuda pública, frente al 40% del promedio europeo. Además, estas aportaciones representan únicamente el 6,9% de sus ingresos, menos de la mitad del 14% registrado en el conjunto de países analizados.
La baja incorporación al mercado laboral durante el periodo académico incrementa esa dependencia. Únicamente el 33,3% trabaja de forma continuada durante el curso, una de las tasas más bajas del estudio, mientras que otro 15% lo hace de manera ocasional. Por tanto, más de la mitad no desarrolla ninguna actividad laboral mientras estudia.
Este modelo no evita que el 24,8% del alumnado afirme sufrir dificultades financieras serias o muy serias para afrontar sus costes materiales. El porcentaje es similar a la media europea, aunque en España el esfuerzo recae en mayor medida sobre los hogares y menos sobre los mecanismos públicos de financiación.
El informe también destaca la elevada presencia de alumnado procedente de hogares con menor nivel educativo. El 14,6% tiene progenitores que cuentan, como máximo, con estudios obligatorios, el doble que en Europa, lo que indica una mayor presencia de estudiantes de primera generación universitaria.
En cambio, solo el 28,9% procede de familias en las que los padres tienen estudios universitarios, frente a cerca del 50% de media europea. El acceso a la educación superior se produce además a una edad más temprana: el 77,9% del alumnado español tiene menos de 20 años.
Las dificultades no son únicamente económicas. España presenta la tasa europea más alta de estudiantes que sienten que no encajan en la universidad: el 31,4%, frente al 18,3% del promedio. Asimismo, el 31,9% asegura haber sufrido discriminación y el 36,9% comportamientos hostiles durante el último año.
Solo el 54% califica su estado de salud como bueno o muy bueno, una de las proporciones más bajas entre los países participantes. Además, el 23,8% declara alguna discapacidad, problema de salud o limitación funcional y, dentro de este grupo, el 43,4% considera completamente insuficiente el respaldo recibido.
Los resultados dibujan un sistema en el que el acceso y la permanencia en la educación superior descansan especialmente sobre la capacidad económica de los hogares. La Fundación CYD plantea la necesidad de reforzar el apoyo público, mejorar la inclusión y garantizar que estudiar una carrera no dependa principalmente de los recursos disponibles en cada familia.
El acceso y la permanencia en la educación superior descansan especialmente sobre la capacidad económica de los hogares



