USIE presenta el libro que preserva 175 años de historia de la Inspección de Educación
De izquierda, a derecha, José María Martínez Lozano, coordinador de la obra; Jesús Marrodán, presidente de USIE; y José María de Moya, director de Magisterio.
La Unión Sindical de Inspectores de Educación (USIE) ha presentado el libro dedicado al 175 aniversario de la Inspección de Educación, una obra colectiva editada por el sindicato con la colaboración del periódico Magisterio. El acto reunió a Jesús Marrodán Gironés, presidente de USIE; Victoria García-Caro, presidenta de USIE Madrid; José María Martínez Lozano, coordinador de la publicación, y José María de Moya, director de Magisterio.
La presentación sirvió también como acto de inicio del curso 2026-27 para USIE Madrid. Su presidenta, Victoria García-Caro, dio la bienvenida a los asistentes, agradeció el trabajo de quienes hicieron posible el encuentro y reconoció especialmente la aportación de los autores que han participado en el volumen.
García-Caro explicó que el libro constituye el «foco» de una convocatoria concebida para compartir el trabajo desarrollado durante la conmemoración. La presidenta de USIE Madrid recordó también el certamen de ensayos convocado por el sindicato y la intervención durante el acto de Manuel Lozano Esteban, ganador de su primera edición con un trabajo sobre la evolución de la inspección, desde el sistema métrico hasta la inteligencia artificial.

Jesús Marrodán Gironés abrió su intervención celebrando la llegada de un nuevo libro como un motivo de alegría, especialmente para una organización que ha participado directamente en su gestación. La publicación responde, explicó, al compromiso adquirido por USIE durante sus encuentros de Mallorca y Lleida: trasladar al papel todo lo realizado alrededor de una efeméride que comenzó a conmemorarse el 2 de abril de 2024 con un amplio programa de actividades.
El presidente de USIE reconoció que detrás del proyecto existe también el deseo de dejar testimonio del trabajo realizado. «Estamos orgullosos de lo que hemos hecho», afirmó antes de reclamar una mayor autoestima para una institución capaz de atravesar 175 años de transformaciones políticas, sociales y educativas.
La Inspección de Educación, recordó Marrodán, ha sobrevivido a monarquías, repúblicas, dictaduras y sucesivas reformas del sistema. Las personas son finitas, señaló, pero las instituciones pueden perdurar cuando conservan su sentido y son capaces de adaptarse. Esa trayectoria fue abordada también por el propio presidente de USIE en su reflexión sobre las aportaciones y los retos de esta profesión centenaria.
Para Marrodán, la historia demuestra que la inspección no ha trabajado únicamente para sí misma. La puesta en marcha y consolidación de servicios como las escuelas infantiles, los comedores o los guardarropas escolares contó con inspectores que creyeron en esas iniciativas y las respaldaron pensando en la comunidad educativa.
«La vocación de servicio a la educación es la que todo inspector debe tener», sostuvo. Sin ese compromiso, advirtió, un profesional puede convertirse en un excelente funcionario o en un buen burócrata, pero perderá la esencia de su función pública.
El libro se incorpora al sello editorial de USIE, creado para reunir las publicaciones promovidas por el sindicato. Marrodán explicó que esta línea de trabajo trata de responder a dos problemas históricos de la inspección: uno externo, relacionado con su escasa visibilidad pública, y otro interno, vinculado a la necesidad de fortalecer sus fundamentos profesionales y académicos.
«En el mundo de los medios de comunicación y de las redes, lo que no se ve no existe», apuntó. De ahí la decisión de USIE de «publicar, publicar y publicar», recuperando la historia de la institución, difundiendo buenas prácticas y generando materiales destinados tanto a los inspectores como al conjunto de la sociedad.

El presidente del sindicato lamentó además la limitada presencia universitaria de la inspección. Son todavía escasas las titulaciones y propuestas formativas especializadas, pese a que la supervisión constituye uno de los elementos distintivos de la profesión. A su juicio, consolidar una base de conocimiento propia resulta imprescindible para reforzar su autonomía técnica y su contribución al sistema.
Marrodán destacó también el crecimiento de USIE, que ha alcanzado el millar de integrantes. Más allá de las cifras, atribuyó esa evolución a una cultura basada en el trabajo y el apoyo mutuo. En una profesión formada por alrededor de 1.600 inspectores en España, afirmó, la cooperación resulta indispensable para afrontar los desafíos compartidos.
José María Martínez Lozano, coordinador de la obra, comenzó su intervención con un amplio capítulo de agradecimientos. Reconoció el respaldo de USIE y de su presidente, el trabajo de la comisión organizadora y la colaboración de los órganos autonómicos, la Escuela Estatal de Inspección Educativa, la revista Supervisión 21, universidades, investigadores e instituciones vinculadas a la historia de la educación.
«Hay libros que se escriben para contar algo, otros para conservar algo y otros para obligarnos a pensar», afirmó Martínez Lozano. Su aspiración es que esta publicación, de casi 300 páginas, pertenezca a las tres categorías.
Lo que comenzó como la celebración de una efeméride terminó convirtiéndose en seminarios, jornadas autonómicas, encuentros internacionales, un curso de verano, publicaciones, un certamen de ensayo, actividades universitarias, un vídeo conmemorativo e incluso una intervención televisiva. El resultado refleja la dimensión alcanzada por los actos organizados durante el aniversario.
El libro, explicó su coordinador, no utiliza los 175 años como un punto de llegada, sino como un lugar desde el que observar la profesión. «Miramos hacia atrás para comprender, alrededor para diagnosticar y hacia delante para decidir», resumió.
La obra tiene por ello un carácter coral. En sus páginas participan inspectores en activo y jubilados, investigadores, docentes universitarios y especialistas dedicados a estudiar tanto la memoria como el futuro de la institución. Esa diversidad permite explicar una profesión centenaria desde perspectivas complementarias.
Una primera parte reconstruye las actividades desarrolladas durante la conmemoración, desde el webinar inaugural y las publicaciones del 2 de abril de 2024 hasta el encuentro internacional de Mallorca, las jornadas autonómicas y el curso organizado junto a la Universidad de Oviedo. Los lectores pueden acceder además a diferentes materiales mediante enlaces y códigos QR.

La segunda parte recoge los trabajos del certamen de ensayo, creado para analizar el presente y el futuro de la inspección, reconocer sus aportaciones, identificar amenazas y proponer soluciones. Para Martínez Lozano, una profesión no se consolida simplemente acumulando años, sino cuando es capaz de investigar y pensarse a sí misma.
Otro de los apartados recupera la producción bibliográfica de antiguos inspectores conservada en el Centro Internacional de la Cultura Escolar. Esos documentos muestran que los profesionales no se limitaron a visitar centros: también escribieron manuales, elaboraron memorias, investigaron metodologías y dejaron testimonio de la evolución de las escuelas españolas.
El volumen incluye asimismo una investigación sobre los antiguos uniformes de los inspectores y una recreación de cómo podría haber sido el de las primeras inspectoras. Más allá de la anécdota histórica, el coordinador destacó que una profesión necesita una identidad construida con conocimiento especializado, competencias propias, valores, deontología y una concepción clara del servicio público.
Martínez Lozano situó el horizonte en 2049, cuando la Inspección de Educación cumplirá 200 años. A quienes celebren entonces el bicentenario, afirmó, probablemente no les interesará tanto el número de informes, expedientes o protocolos tramitados como la inspección que reciban en herencia.
El objetivo debe ser entregar una institución técnicamente solvente, bien formada, rigurosa, próxima a los centros, capaz de evaluar y asesorar, garantista, independiente y preparada para incorporar las transformaciones sociales sin perder de vista el objeto central de su trabajo: la mejora de la educación.
«No somos propietarios de la institución, sino depositarios temporales», señaló. El mejor homenaje a quienes precedieron a los actuales inspectores será que las próximas generaciones puedan decir que, cuando la profesión cumplió 175 años, supo responder a su tiempo con rigor, imparcialidad, empatía y criterio ético.
José María de Moya, director de Magisterio, expresó el honor de participar en la publicación y agradeció a Jesús Marrodán la confianza depositada en el periódico. Recordó que la colaboración se extendió al conjunto de la efeméride y al jurado del certamen de ensayos, y garantizó que USIE seguirá contando con el apoyo de Magisterio.

De Moya felicitó al sindicato por una evolución que calificó como «un pequeño milagro». Tras más de tres décadas siguiendo la actualidad educativa, aseguró haber sido testigo de cómo USIE se ha convertido en un referente de la inspección en España mediante una fórmula basada en «trabajo, trabajo y trabajo».
El director de Magisterio recordó que el periódico cumple en 2026 su 160 aniversario. Cuando comenzó a publicarse, en 1866, la Inspección de Educación apenas había dejado atrás su adolescencia institucional. Desde entonces, ambas entidades han recorrido buena parte de su historia observando la transformación de la enseñanza.
De Moya defendió que el inspector posee una mirada especialmente valiosa. El profesor vive pegado al día a día de su aula, mientras que los altos responsables políticos pueden encontrarse demasiado alejados de la realidad de los centros. La inspección, junto a los equipos directivos, reúne proximidad y perspectiva suficiente para comprender los problemas educativos.
En un tiempo de cambios acelerados, digitalización e irrupción de la inteligencia artificial, el director de Magisterio reivindicó el papel de los inspectores como guardianes de la memoria y de las esencias educativas. Ante cualquier innovación, añadió, conviene evitar tanto la actitud del «cejijunto» como la del «boquiabierto»: ni rechazo automático ni fascinación acrítica, sino una mirada humanista y prudente.
La satisfacción por la publicación convivió durante el acto con la preocupación por los malos resultados de PISA. Jesús Marrodán reconoció que los datos no deben decorarse ni disimularse y reclamó que los planes de inspección incorporen con más contundencia la intervención en el ámbito pedagógico.
El presidente de USIE advirtió de que los expedientes disciplinarios, los conflictos de convivencia y las consultas normativas están desplazando otras funciones. Los inspectores, afirmó, se han convertido con frecuencia en asesores legales de centros y equipos directivos, pese a que la pedagogía debe seguir siendo su esencia.
Entre las causas del deterioro educativo citó la repetición, el impacto de determinadas tecnologías sobre la lectura comprensiva y el cálculo, la integración del alumnado procedente de otros países, la atención a estudiantes con necesidades específicas y la falta de recursos especializados.
Marrodán puso también el foco en una normativa cambiante y difícil de interpretar. Elaborar leyes desde arriba sin conocer suficientemente las aulas, afirmó, genera frustración. Por ello, pidió más proximidad a los centros, apoyo a los equipos directivos y una simplificación de la burocracia que permita dedicar menos horas a «teclear papeles» y más tiempo a enseñar, orientar y educar.
USIE reclama además recuperar el respeto al profesorado, reforzar la convivencia, aumentar el número de orientadores especializados y revisar la formación inicial y el sistema de acceso a la función docente. Marrodán criticó que unas oposiciones apoyadas en temarios antiguos y contenidos fundamentalmente disciplinares no respondan a realidades como la tutoría, la inclusión o la convivencia.
El sindicato mantiene igualmente su apoyo a un pacto educativo de Estado. Ya defendió esta vía en 2010 y participó en mayo de 2017 en la comisión de expertos del Congreso de los Diputados. Para Marrodán, solo un consenso legal estable permitirá trabajar sin que las reglas cambien continuamente.
La reflexión debe hacerse, concluyó, con tranquilidad, recursos y participación de la comunidad educativa, no desde la pancarta ni desde una declaración institucional pasajera. Sin jóvenes formados, profesionales cualificados y ciudadanos que confíen en su futuro, advirtió, la sociedad se juega demasiado.
El acto concluyó recuperando el tono de celebración con el que había comenzado. El libro representa una memoria compartida, pero también una invitación a seguir escribiendo, investigando y participando. «La esencia de la inspección sigue viva», resumió Marrodán: un servicio público profesional e independiente, comprometido con la ley, la conciencia y el derecho de todos a la educación.
