¿Y ahora qué? Tres jóvenes cántabros explican las decisiones que cambian la vida tras la PAU

Universidad, Formación Profesional o unas oposiciones directamente. Son caminos que se abren, todos igual de válidos, para quienes, rondando la mayoría de edad, se enfrentan a su primera gran decisión de adultos.
BenHur Valdés LlamaLunes, 7 de septiembre de 2026
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© ADOBE STOCK

“El camino que escojas ahora es el que vas a seguir toda tu vida para poder vivir de lo que quieres”. — Mateo

“Lo que predomina en este momento es la incertidumbre”. — Gabriela

“Con 18 años me mueve la posibilidad del bienestar financiero y un trabajo fijo de por vida”. — Cayetano

Tres visiones, tres metas diferentes y una misma frontera vital: el momento exacto en el que el timbre del instituto o del colegio “de toda la vida” deja de sonar y nadie te dice qué hacer a la hora siguiente.

Tras meses de exámenes “a vida o muerte” y el atracón final de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU), el «día después» llega cargado de silencio y de un vértigo imponente en casa. Ya no se trata solo de elegir qué carrera meter en la lista o si mudarse de ciudad; es la primera gran decisión de adulto.

Hoy en día, la idea de que todo el mundo deba pasar de forma obligatoria por un aula magna universitaria ha quedado atrás. La universidad, la Formación Profesional (FP) y el empleo público se plantean ahora como tres autopistas igual de válidas, prácticas y realistas para encarar el futuro

Camino 1. La universidad o la búsqueda de una experiencia vital

Para Gabriela Blanco Valdés, el siguiente paso es la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), en el campus de Leioa. Ella se ha matriculado en el Grado en Arte, un terreno donde la vocación y la creatividad pesan más que los fríos números de empleabilidad.

Dar el salto de un aula con 30 compañeros de toda la vida a la inmensidad de la universidad impone lo suyo. Pero Gabriela no va buscando solo un diploma para colgar en la pared: “Más que miedo a lo académico, lo que me asusta es el tema social: esa ansiedad de decir ‘¿qué pasará?’. Yo busco en la universidad más una experiencia de vida, hacer amistades y crear anécdotas y momentos únicos”.

Tampoco se hace ilusiones románticas con el mercado de trabajo actual. Sabe perfectamente que la titulación no es una varita mágica y prefiere mantener los pies en la tierra: “Siento que a día de hoy pocas cosas te garantizan trabajo, y lo mío es una de esas. No digo que tenga que redefinirme constantemente, pero no creo tener trabajo nada más acabar. Para mí, haber acertado dentro de cinco años significará poder vivir de lo que me gusta, no ser una amargada y no dejarme influenciar nunca por opiniones ajenas”.

Camino 2. Formación Profesional, de «plan B» a opción estrella

El caso de Mateo Vélez Valdés refleja lo que está pasando en media España: la FP de Grado Superior ya no es el consuelo del que no entra en la carrera, sino una elección con cabeza. Él está matriculado en el Ciclo Formativo de Grado Superior en Automoción en el Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP) Nº 1 de Peñacastillo, en Santander.

“En principio la FP era mi plan B, ya que el primero era el Grado de Ingeniería Industrial para especializarme en coches. Pero al final me metí a FP porque la uni es todo mucha más teoría, y a mí lo que me gusta es la práctica. Tras hablar con mis padres, mi plan B se convirtió en mi plan A”.

A pesar de que el estigma de la FP está desapareciendo a pasos agigantados, Mateo se ha tenido que cruzar con algún que otro comentario escéptico entre sus conocidos, aunque en casa siempre le apoyaron:

“Tanto mis amigos como mi familia bien, pero sí que algunos amigos me dicen que la universidad es mejor y que podría conseguir un grado mayor… aunque yo difiero bastante en eso. Yo le pido al ciclo mucha práctica, ya que es la mejor forma de aprender”.

Su meta futura está muy definida y no pasa necesariamente por tocar un aula universitaria en mucho tiempo: «En principio no voy a entrar en la universidad. Después de terminar el grado superior quiero hacer cursos de preparación enfocados directamente en coches y después ponerme a trabajar a tope».

Camino 3. Opositar nada más terminar Bachillerato, la apuesta por lo seguro

Y luego está la opción más rompedora a los 18 años: la de Cayetano Blanco Valdés. Mientras sus amigos están organizando las novatadas de la facultad o preparando las mochilas para el campus, él ha decidido encerrarse a estudiar una oposición para el empleo público: Operario de Montes – Bombero Forestal (Grupo 2 de la Administración de la Comunidad Autónoma de Cantabria).

¿Qué lleva a un chaval recién salido de las aulas de un colegio a meterse voluntariamente en el túnel de las oposiciones? Su respuesta es puro pragmatismo: “Me mueve la posibilidad del bienestar financiero y un trabajo fijo de por vida, aparte de la gran cantidad de plazas de un trabajo que me gusta y aumenta las posibilidades de acceder. Si consigo entrar en la oposición, me asegura el trabajo fijo para siempre”.

Preparar una oposición exige una disciplina militar y renunciar a buena parte de la vida social de los 18 años. Sin embargo, Cayetano le da la vuelta a la tortilla para no venirse abajo: “Cuando todos mis amigos estén en la universidad no tendré distracciones ni nada mejor que hacer que estudiar, aparte del pensamiento puesto en mi futuro. De momento afronto el temario solo, apuntado a un curso online con test, foro de consultas y planificación, aunque estoy barajando algún tipo de apoyo presencial”.

Aun con el fantasma de la incertidumbre sobre cuándo saldrán exactamente los exámenes —Mi planteamiento es sacarlo en la siguiente fecha; aún no está definida la convocatoria para la prueba teórica y eso genera cierta incertidumbre—, él tiene claro qué significará haber ganado esta apuesta dentro de un lustro: “Haber acertado dentro de 5 años significará entrar en la oposición, conseguir una buena economía y tener mi propio sitio donde vivir”.

Un futuro plural sin recetas únicas

Las vivencias de estos tres primos cántabros demuestran que tras el Bachillerato ya no hay un único camino marcado. Buscar la maduración creativa en la universidad, tirarse a la piscina práctica de la FP o apostar por la seguridad de un puesto fijo desde el primer minuto son caminos igual de válidos.

Al final, como demuestra este retrato de la juventud actual, la clave no está en qué casilla marcas en la preinscripción, sino en la madurez de defender tu propia decisión sin dejarte arrastrar por lo que digan los demás.

En un mundo que cambia a toda prisa, la valentía de saber, quién eres, qué quieres y a qué estás dispuesto a renunciar es el verdadero primer título que se gana en la vida adulta.

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