Acompañamiento educativo
Algunos expertos opinan que sería conveniente que los alumnos de sexto de Primaria matriculados en la escuela pública permanecieran un par de cursos más en su colegio y estudiaran allí el primer ciclo de Secundaria. De este modo, se afianzarían los vínculos afectivos con sus maestros, gracias a la mentoría en ese paso de la niñez a la pubertad, y se evitaría el desapego que supone salir a edad tan temprana de su barrio. Además, se impediría una convivencia en desigualdad con los adolescentes y jóvenes que estudian los últimos cursos de Secundaria y de Bachillerato.
También es verdad que hay alumnos que muestran una actitud disruptiva desde su más tierna infancia y que se encuentran desubicados dentro del aula porque son incapaces de leer, escribir, hablar o escuchar. La situación se agrava, también en la etapa de Primaria, si las familias de estos escolares se desentienden de su educación y no refuerzan las directrices que sus hijos reciben en las aulas. De ahí que el profesorado pueda ver con buenos ojos que este tipo de alumnado abandone cuanto antes el colegio y pase sin demora al instituto para que otros docentes se hagan cargo de su formación.
Si parte de lo dicho hasta ahora fuera cierto, se podría deducir que en los centros concertados, donde se imparten las etapas de Primaria y de Secundaria, se experimentaría una actitud más receptiva hacia el estudio y la disciplina y, en consecuencia, habría menos fracaso y abandono escolar. Cabe recordar que estos colegios ya acogen en sus aulas a un número creciente de alumnado foráneo y de algunas etnias en las que no se concibe que alguno de sus miembros continúe sus estudios más allá de los dieciséis años.
