César Poyatos alerta contra el "piloto automático" de la IA en las aulas
El profesor de Tecnología Educativa ha reclamado una integración crítica de la inteligencia artificial que mantenga al docente al volante, preserve el esfuerzo cognitivo y no confunda una respuesta convincente con una respuesta verdadera.
César Poyatos, doctor en Educación y profesor de Tecnología Educativa en la Universidad Autónoma de Madrid.
Después de dedicar la primera crónica de TOP Voces Educación 2026 al cuidado emocional del profesorado, la atención se desplaza hacia otro de los grandes asuntos que atravesaron la jornada inaugural organizada por ACADE: la entrada de la inteligencia artificial en la enseñanza. César Poyatos, doctor en Educación y profesor de Tecnología Educativa en la Universidad Autónoma de Madrid, situó el debate lejos del entusiasmo automático y de la prohibición defensiva: la clave está en mantener el control humano.
Durante la conferencia «Docentes inteligentes en tiempos de algoritmos artificiales», Poyatos comenzó desmontando algunas palabras aceptadas sin demasiada discusión. La inteligencia artificial, sostuvo, ni piensa como una persona ni puede considerarse completamente artificial, pues su entrenamiento y funcionamiento dependen de recursos naturales, infraestructuras y trabajo humano. Frente al marketing que presenta cada modelo como una tecnología casi omnipotente, pidió una mirada crítica y pedagógica capaz de preguntar cómo funciona, con qué datos ha sido entrenado y qué intereses existen detrás.
Una de sus principales advertencias se dirigió contra la antropomorfización de la IA, es decir, la tendencia a atribuir intenciones, emociones o cualidades humanas a una herramienta. Dar las gracias al chatbot puede parecer una anécdota, pero el problema aparece cuando esa apariencia de conversación genera un vínculo de confianza. El usuario puede terminar compartiendo información médica, económica, académica o emocional que quizá nunca entregaría a otra persona.

La cuestión resulta especialmente delicada con los menores. Si un alumno percibe al asistente como un amigo, un psicólogo o una autoridad infalible, puede reducir sus precauciones y aceptar sus respuestas sin examinarlas. «Que responda con un lenguaje convincente no quiere decir que la respuesta sea veraz», recordó Poyatos. A ello añadió la adulación algorítmica, esa facilidad con la que algunos sistemas confirman las ideas del usuario y rebajan todavía más su nivel de vigilancia.
Por eso defendió que el pensamiento crítico necesita conocimiento. Para identificar un error, contrastar una afirmación o detectar un sesgo es necesario saber algo previamente sobre el asunto. La IA no elimina la necesidad de estudiar fundamentos, memorizar, comprender y relacionar conceptos; al contrario, los vuelve más necesarios. Sin una base sólida de conocimiento, el estudiante carece de criterios para juzgar la calidad de lo que recibe y corre el riesgo de aceptar como buena una respuesta equivocada.
Poyatos recurrió a «El coche fantástico» para representar dos maneras de relacionarse con la tecnología. En una, el ser humano permanece al volante y utiliza las capacidades del vehículo cuando las necesita. En la otra, activa el piloto automático y cede la conducción. Su propuesta educativa se resume en la primera imagen: la IA puede acelerar, orientar o ampliar posibilidades, pero la agencia permanece en la persona, que supervisa el proceso y decide cuándo utilizarla y cuándo dejarla apagada.
Esa distinción permite separar el atajo del apoyo. No es lo mismo pedir a una herramienta que redacte un trabajo completo que emplearla para revisar la ortografía, proponer otra perspectiva o explicar un error. Tampoco es igual resolver automáticamente una ecuación que solicitar un ejemplo guiado y practicar después sin ayuda. Cuando la máquina evita el esfuerzo necesario para aprender, puede producir aprendizaje superficial o dependencia; cuando elimina una barrera y devuelve autonomía, sí aporta valor.
El ponente trasladó esta reflexión a los deberes y a la evaluación. Antes de preguntar cómo detectar si una tarea ha sido realizada con IA, invitó a revisar qué actividades se envían fuera del aula, para qué se encargan y cómo se acompaña su elaboración. La tecnología no siempre crea el problema: en ocasiones hace visibles prácticas que ya necesitaban una revisión. La respuesta pasa por recuperar el seguimiento del proceso, la conversación con el alumno y las evidencias generadas durante el aprendizaje.
Como propuesta práctica, presentó el modelo MAPA: modelar, anticipar, personalizar y acompañar. La IA puede ofrecer ejemplos cuando un estudiante se bloquea, anticipar barreras de accesibilidad, transformar información visual en auditiva, adaptar materiales al nivel educativo o contextualizar problemas según los intereses del alumno. También puede proporcionar andamiajes que se retiren progresivamente. El criterio decisivo es que esas ayudas conduzcan hacia una mayor autonomía del estudiante, no hacia una dependencia permanente.
Macarena Estévez, CEO de Cirentis, exsocia en Deloitte y ex CEO de Conento, prolongó el debate con una intervención centrada en la aceleración tecnológica y sus posibles consecuencias. Invitó a observar el futuro no solo con los ojos de los adultos actuales, sino con los de los niños que todavía no han nacido y que encontrarán normal aquello que hoy parece extraordinario. Su advertencia coincidió con la de Poyatos: al que posee conocimiento, la IA puede ampliarle capacidades; al que delega sin comprender, puede conducirlo a pensar cada vez menos.

Estévez defendió una inteligencia colaborativa en la que la velocidad de la máquina complemente, pero no suplante, al cerebro humano. Expuso varios usos de Claude para buscar y organizar información, recuperar documentos propios o aprender a manejar herramientas complejas. Sin embargo, insistió en que los colegios deben continuar enseñando a estudiar, memorizar, razonar, discutir y debatir. Ante escenarios tecnológicos inciertos, reivindicó el papel del profesorado para formar personas únicas, útiles y capaces de seguir aprendiendo.

El encuentro continúa este viernes 16 de octubre con una jornada de masterclass simultáneas. La Sala Tirso acoge «Usos innovadores y eficientes de Claude AI para el sector educativo», con Pablo Martínez, y «Creación de Agentes con Claude», a cargo de César Mariel. En la Sala Chamberí, Gonzalo Romero imparte «Gemini para Directivos. Liderando la transformación con IA generativa». Las sesiones trasladan así el debate desde los principios hacia la aplicación práctica en centros, sin perder de vista la pregunta planteada por Poyatos: qué propósito pedagógico justifica encender la herramienta.
