Marián Rojas pide cuidar a los docentes: "Necesitamos que os cuidéis"

La psiquiatra y escritora ha situado el cuidado emocional del profesorado en el centro de su intervención durante la primera jornada de TOP Voces Educación 2026, donde ha advertido sobre la crisis de atención, la búsqueda constante de gratificación y el efecto de las pantallas en niños y adolescentes.

MagisterioJueves, 15 de octubre de 2026
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Marian Rojas, psiquiatra.

El congreso TOP Voces Educación 2026 ha comenzado este jueves 15 de octubre en Madrid con un escenario de tensión a las puertas del WPP Campus Ríos Rosas. Mientras los asistentes accedían al encuentro organizado por ACADE, convocado durante los días 15 y 16 bajo el lema «Escenarios futuros: educamos hoy, transformamos mañana», representantes de la denominada marea amarilla se manifestaban para reclamar mejoras en el sector de la Educación Infantil.

Juan Santiago, presidente de ACADE, ha rechazado las formas elegidas para trasladar la protesta y ha defendido que la asociación no es la puerta adecuada para dirigir esas reivindicaciones. «No me puedo mostrar partidario de los escraches ni de ningún tipo de actuación o espectáculo en un congreso como el de ACADE», ha señalado antes de recordar que el conflicto está relacionado con el modelo de gestión indirecta y las decisiones de la Administración.

«El problema real está en la gestión indirecta y no es ACADE quien tiene responsabilidades sobre la retribución, sino la Administración pública«, ha sostenido Santiago. El presidente de la asociación ha recomendado a las manifestantes que conduzcan sus reclamaciones hacia las instituciones competentes y que lo hagan «con mejor educación y mejores formas».

La libertad para abrir cada mañana

Ya dentro del auditorio, Santiago ha abierto institucionalmente el encuentro recordando una escena que se repite diariamente en miles de centros privados: se encienden las luces, llegan los profesores y las aulas vuelven a llenarse de alumnos. Detrás de esa rutina, ha explicado, existen personas que imaginaron un proyecto, invirtieron, contrataron profesionales, asumieron riesgos y consiguieron la confianza de las familias.

Juan Santiago, Presidente de ACADE.

El presidente de ACADE ha advertido de que la capacidad de crear, desarrollar y ampliar centros privados encuentra obstáculos crecientes. Por ello, ha reivindicado una autonomía diferenciada para los centros no sostenidos con fondos públicos, al considerar que asumen sus propios riesgos, se financian con recursos privados y desarrollan proyectos educativos diversos.

Santiago también ha pedido abrir un debate sobre la desgravación fiscal educativa para reconocer el esfuerzo de las familias que eligen la enseñanza privada. «No pedimos un solo céntimo para nuestros centros», ha precisado. Su propuesta consiste en aliviar la carga de quienes contribuyen mediante sus impuestos al sostenimiento del sistema y, al mismo tiempo, pagan íntegramente la educación privada de sus hijos.

Buena parte de su intervención ha estado dedicada a la situación normativa de las universidades privadas, la Formación Profesional y el primer ciclo de Infantil. «La calidad no se discute, la calidad se exige, pero se exige a todos«, ha afirmado al rechazar regulaciones que, a su juicio, imponen condiciones diferentes en función de la titularidad de los centros.

El presidente de ACADE ha concluido reclamando «libertad para crear, autonomía para educar y seguridad jurídica para crecer». «El futuro de la educación no empieza dentro de diez años; empieza cada mañana cuando abrimos nuestros centros«, ha resumido.

Pensar el futuro sin prisas

Encarna Cuenca, presidenta del Consejo Escolar del Estado, ha insistido durante la inauguración en que una educación de calidad necesita la participación de todos los sectores. Frente a la tentación de ofrecer respuestas rápidas, ha pedido comenzar por una pregunta esencial: «¿Qué sociedad queremos?». La respuesta, ha argumentado, determinará qué capacidades habrá que ayudar a desarrollar en el alumnado.

Encarna Cuenca, presidenta del Consejo Escolar del Estado.

Cuenca ha defendido una educación que enseñe a pensar, a distinguir información de conocimiento, a convivir y a cuidar de los demás. También ha recordado que innovar no significa necesariamente incorporar más dispositivos: «Innovar es saber qué necesitamos hacer para obtener los resultados que queremos«.

Sobre la inteligencia artificial, ha propuesto situar siempre el aprendizaje por delante de la herramienta. La pregunta que deberían formularse los centros, ha dicho, es qué aprende el alumno con la IA que no aprendería de la misma manera sin ella. Si no existe una respuesta pedagógica clara, «vamos a pensar un poco más, porque no tenemos prisa«.

María Inés López-Ibor, presidenta de la Fundación Juan José López-Ibor, ha puesto el foco en la salud mental de niños y adolescentes. «Cuidar la salud mental de los jóvenes no puede ser una tarea que comience cuando aparece el problema», ha señalado. A su juicio, la intervención debe iniciarse mucho antes, desde la prevención y el acompañamiento, y los centros educativos constituyen uno de los espacios fundamentales para hacerlo.

Maria Ines, López-IP,
María Inés López-Ibor, presidenta de la Fundación Juan José López-Ibor.

López-Ibor ha advertido de que la conexión permanente, la búsqueda de aprobación y la dificultad para desconectar pueden afectar al descanso, la memoria, la atención, la autoestima y los vínculos. «No podemos pedir a nuestros jóvenes que gestionen solos un mundo digital diseñado para captar continuamente toda su atención«, ha recalcado.

La especialista ha resumido el camino en tres palabras: prevención, conocimiento y colaboración. También ha reivindicado la conversación, la escucha, la escritura, el juego y la actividad física: «La tecnología puede ayudarnos, pero no sustituye el vínculo humano«.

Marián Rojas: cuidar a quien cuida

La gran protagonista de la mañana ha sido la psiquiatra y escritora Marián Rojas Estapé, encargada de impartir la conferencia «Entiende y gestiona tu mundo emocional: claves para acompañar mejor a alumnos y equipos». Su primera pregunta ha interpelado directamente al auditorio: «¿Quién cuida al que cuida?».

Rojas ha dirigido su reconocimiento a maestros, profesores y responsables educativos que acompañan a niños y jóvenes mientras intentan enseñarles conocimientos, pensamiento crítico y formas de afrontar la vida. «Para estar bien con alguien, lo primero y más importante es estar bien con uno mismo«, ha afirmado.

Para la psiquiatra, los vínculos sociales actúan como uno de los principales factores de protección de la salud. En un mundo en el que las relaciones presenciales parecen debilitarse, ha defendido que la escuela conserva una función insustituible. La mirada, la escucha y la presencia de un docente pueden resultar decisivas para el desarrollo emocional del alumno.

«La sociedad necesita a los profesores», ha venido a resumir Rojas al final de una intervención en la que ha agradecido su paciencia y su capacidad para acompañar. Para muchos padres, ha añadido, saber que existen docentes comprometidos «baja el cortisol», porque son quienes enseñan aquello que las familias no siempre pueden ofrecer y ayudan a los menores a prepararse para salir al mundo.

Una profunda crisis de atención

El diagnóstico central de Rojas ha sido contundente: «Vivimos una profunda crisis de atención». La especialista ha explicado que la corteza prefrontal participa en la atención, la concentración, el control de los impulsos, la capacidad de posponer recompensas y la empatía. Se trata, además, de una zona cerebral cuyo desarrollo requiere tiempo, práctica y experiencias adecuadas.

Cuando desde edades muy tempranas se recurre de manera sistemática a una tableta para que el niño coma, permanezca quieto o deje de protestar, ha advertido, se sustituye el aprendizaje de la espera por una sucesión constante de luz, sonido y movimiento. «El cerebro, cuanto más lo uso, mejor funciona; si no lo uso, pierde facultades«, ha explicado.

Las consecuencias alcanzan de lleno al aula. Rojas ha descrito cerebros cada vez más atraídos por lo superficial, con dificultades para profundizar, leer textos largos, tolerar una explicación pausada o mantener una reflexión. Sin profundidad, ha agregado, resulta más complicado hacerse preguntas, encontrar un propósito vital y ayudar a que los alumnos piensen críticamente.

La psiquiatra también ha relacionado esta pérdida de atención con la polarización. Cuando disminuyen la reflexión y la empatía, el pensamiento tiende a dividir la realidad entre blanco y negro, adhesión o rechazo. Los algoritmos pueden reforzar ese desplazamiento hacia posiciones extremas mediante contenidos breves que ofrecen confirmación inmediata y reducen el espacio para comprender al que piensa de manera diferente.

Esta preocupación coincide con el debate educativo sobre el uso problemático de pantallas, que exige mirar más allá de la mera prohibición y observar cambios de conducta, alteraciones del descanso y señales de malestar. Para Rojas, la tecnología no debe demonizarse, pero sí utilizarse con criterio, límites y propósito.

Cortisol, alerta y aprendizaje

El primer gran enemigo de la atención señalado por Rojas ha sido el cortisol. Esta hormona permite responder ante una amenaza, pero puede convertirse en un problema cuando el organismo permanece durante demasiado tiempo en estado de alerta. Las preocupaciones familiares, laborales, sociales o económicas pueden activar el mismo mecanismo que una amenaza física, porque cuerpo y mente reaccionan también ante aquello que imaginamos.

Un niño que vive una situación complicada en casa, atraviesa una pérdida, sufre acoso o experimenta algún tipo de abuso puede mostrar como primera señal una pérdida repentina de atención. Antes de interpretar que un alumno se ha vuelto desobediente, vago o incapaz, Rojas ha recomendado preguntarse qué puede estar ocurriendo detrás de ese cambio.

«Cuando vivimos intoxicados de cortisol nos cuidamos peor y gestionamos peor lo que tenemos en nuestra vida», ha advertido. Esto también afecta al profesor: un docente saturado, con falta de descanso y sometido a una presión continua puede volverse más irritable, impulsivo o negativo. Conocer qué situaciones elevan su estrés y cómo reacciona ante ellas constituye, por tanto, una herramienta profesional además de personal.

Dopamina: cuando nada parece suficiente

El segundo factor de la crisis de atención es, según Rojas, la sobreestimulación del sistema de recompensa. La dopamina favorece la motivación y ayuda a repetir las experiencias que producen placer, pero numerosas plataformas, videojuegos, contenidos digitales y productos están diseñados para activar una y otra vez ese mecanismo. «La dopamina dice: esto me gusta y quiero volver a repetirlo«, ha explicado.

La liberación constante de dopamina puede llevar a necesitar estímulos cada vez más intensos y a perder interés por los placeres sencillos. El problema no reside únicamente en buscar satisfacción, sino en llegar a utilizar la pantalla para escapar del aburrimiento, la incomodidad o el silencio. «Una sociedad intoxicada de estímulos placenteros se convierte en una sociedad intolerante al dolor«, ha afirmado.

Ese dolor puede ser una espera, una clase lenta, una tarea exigente, una reunión o el esfuerzo necesario para estudiar. Rojas ha contrapuesto la gratificación instantánea a otra forma de recompensa, la que aparece después de trabajar, perseverar y superar una dificultad. «Cuando vivimos enganchados a la gratificación instantánea, nos convertimos en intolerantes a la vida, porque la vida tiene un componente enorme de esfuerzo».

Para los profesores, la competencia es desigual: resulta difícil que una explicación sobre literatura, historia o matemáticas produzca el mismo impacto inmediato que un vídeo breve, un gol o un contenido elaborado para retener al usuario. De ahí la necesidad de recuperar el asombro, el silencio, la espera y la cultura del esfuerzo, no como castigo, sino como camino para volver a disfrutar de los aprendizajes profundos.

Profesores con la batería cargada

Rojas ha cerrado su intervención con varias herramientas de cuidado. La primera ha sido el ejercicio físico, al que ha definido como «el mejor antidepresivo». Moverse, caminar y practicar deporte ayudan a reducir el estrés, regular la dopamina y preparar al cerebro para aprender, comprender y memorizar mejor.

La segunda es proteger el sueño, especialmente entre niños y adolescentes. Durante la noche, ha explicado, el cerebro consolida aprendizajes, ordena experiencias emocionales y realiza procesos de limpieza fundamentales. Un joven que duerme seis horas porque permanece conectado al móvil pierde una parte esencial de ese trabajo cerebral y tendrá mayores dificultades para controlar sus emociones e impulsos.

El sueño resulta igualmente importante para el profesorado. «Si hay una característica que tiene que tener un profesor es la paciencia», ha señalado Rojas. Esa paciencia depende en buena medida de una corteza prefrontal descansada. Cuando el docente comienza el día con la batería emocional agotada, cualquier contratiempo puede situarlo rápidamente en su peor versión.

Además del descanso y el movimiento, ha recomendado introducir pequeños momentos de recarga mediante la respiración, la contemplación, la música, la lectura, la meditación, la oración o el contacto con la naturaleza. No existe una única receta: cada persona debe identificar qué la altera, cuáles son sus vías de escape y qué consigue repararla.

La última palabra ha sido oxitocina, vinculada a la confianza, la empatía y el afecto. Frente a una sociedad acelerada, estresada y atrapada en la gratificación inmediata, Rojas ha reivindicado el poder de acompañar sin juzgar. «Intoxicados de cortisol nos salva la oxitocina; intoxicados de alerta, miedo y tensión, nos salva el amor«, ha afirmado.

Su despedida ha sido un agradecimiento a los docentes y, al mismo tiempo, una petición: «Necesitamos que os cuidéis». Porque cuidar al profesor no es un asunto secundario ni un privilegio personal. Es proteger a quien cada mañana sostiene vínculos, despierta preguntas y acompaña a quienes representan el futuro de la sociedad.

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