El crochet conquista la moda y las redes sociales
Del resurgimiento de lo artesanal entre la generación Z a la reivindicación del tiempo propio, Laura Carmona demuestra que el ganchillo ha dejado de ser una labor del pasado para convertirse en una forma de expresión personal, creatividad y bienestar.
Laura Carmona, la cordobesa conocida como Susimiu, una de las grandes referentes del crochet contemporáneo, publica 'Crochet inspiración' (Larousse), un libro que combina 16 proyectos originales con todo lo que le habría gustado saber cuando empezó a tejer.
Hubo un tiempo en que el ganchillo parecía reservado a nuestras abuelas, a los tapetes y a las labores domésticas. Hoy, sin embargo, el crochet está presente en las pasarelas, las redes sociales y los armarios de las nuevas generaciones. Tops, bolsos, jerséis, complementos y objetos de decoración tejidos a mano han convertido esta técnica ancestral en una tendencia que conecta con algunas de las grandes inquietudes contemporáneas: la sostenibilidad, el consumo consciente, la creatividad y la necesidad de recuperar espacios de calma en un mundo cada vez más acelerado.
Laura Carmona, más conocida como Susimiu, lleva más de una década contribuyendo a esta transformación. Convertida en una de las grandes divulgadoras del crochet en España, ha construido una comunidad de cientos de miles de seguidores y ha demostrado que el ganchillo puede ser moderno, atractivo y accesible para cualquiera que tenga ganas de aprender.
Ahora publica un libro que va mucho más allá de un manual de patrones. A través de sus páginas, la autora comparte su experiencia, sus aprendizajes y los errores que ha cometido durante años, con el objetivo de acompañar tanto a quienes empiezan desde cero como a quienes quieren perfeccionar su técnica.
Vivimos rodeados de pantallas, notificaciones y estímulos constantes. Frente a esa velocidad, cada vez cobran más valor las actividades que nos permiten concentrarnos en una sola cosa, trabajar con las manos y disfrutar de un proceso sin exigir resultados inmediatos.
En este contexto, el crochet ha encontrado una nueva razón de ser. La repetición de los movimientos, la atención que requiere cada punto y la satisfacción de ver crecer una pieza tejida convierten esta práctica en una actividad que invita a bajar el ritmo y concentrarse en el presente.
No es casualidad que en los últimos años se haya popularizado la expresión «el nuevo yoga» para referirse al ganchillo.
Para Susimiu, tejer es mucho más que crear objetos bonitos. Es también una manera de conocerse, enfrentarse a la frustración, aprender a tener paciencia y aceptar que las cosas no siempre salen bien a la primera.
La autora reivindica el valor de equivocarse, deshacer y volver a empezar. Una filosofía que trasciende las labores y que puede aplicarse a muchos otros aspectos de la vida cotidiana.
El resurgimiento del crochet no puede entenderse sin las redes sociales y las nuevas generaciones, que han recuperado esta técnica y la han convertido en una forma de expresar su identidad.
Durante los últimos años, el movimiento slow fashion, la reivindicación de lo hecho a mano y el rechazo a la producción masiva han contribuido a renovar el interés por las técnicas textiles tradicionales.
Firmas como Loewe o Bottega Veneta han incorporado la estética del crochet a sus colecciones, mientras que miles de creadores comparten sus diseños y procesos en plataformas como Instagram y TikTok.
Pero existe una característica que hace especialmente singular al ganchillo: el crochet auténtico no puede reproducirse mediante una máquina industrial convencional. A diferencia de otras técnicas textiles, sus movimientos requieren la intervención humana. Cada pieza representa, por tanto, tiempo, habilidad y trabajo manual.
En una sociedad acostumbrada a la inmediatez, el crochet reivindica precisamente lo contrario: el valor de hacer las cosas despacio.
Laura Carmona comenzó a tejer a los 19 años y aprendió de forma autodidacta, con la ayuda de un antiguo libro de labores que le regaló quien hoy es su suegra. Por entonces, los tutoriales de YouTube y las comunidades de tejedoras en redes sociales no tenían la presencia actual.
Después de años de aprendizaje, más de 400 patrones diseñados y una trayectoria profesional construida alrededor del hilo y la aguja, Susimiu ha querido reunir en un solo volumen todos aquellos conocimientos que le habrían facilitado sus comienzos.
Crochet inspiración nace de esa experiencia y de una idea sencilla: aprender a tejer no debería convertirse en una carrera de obstáculos ni en una fuente de frustración.
La autora explica cómo elegir materiales y herramientas, interpretar patrones, comprender las técnicas fundamentales y evitar los errores más frecuentes. Pero también aborda cuestiones menos habituales en los manuales de crochet: el miedo a no tener habilidad, la falta de tiempo, el perfeccionismo, la autoexigencia o la dificultad de abandonar un proyecto que no funciona.
Su propuesta invita a aprender sin miedo, avanzar al propio ritmo y entender que equivocarse forma parte del proceso creativo.
El libro incluye 16 patrones originales organizados por niveles de dificultad, concebidos para que el aprendizaje sea progresivo y cada persona pueda desarrollar su creatividad.
Entre las propuestas encontramos prendas de vestir como tops, un jersey, un poncho o un kimono; accesorios como bolsos, un clutch, un turbante o un gorro infantil; y piezas para el hogar y la vida cotidiana, como cojines, un neceser o una funda para libros con marcapáginas.
Los proyectos reflejan el universo estético de Susimiu, caracterizado por el color, las combinaciones de texturas y una interpretación contemporánea del trabajo artesanal.
Más allá de enseñar a reproducir diseños, la autora busca que cada persona adquiera los conocimientos y la confianza necesarios para desarrollar su propio estilo.

Crochet inspiración es también una reflexión sobre nuestra relación con el tiempo, la creatividad y las expectativas que depositamos en nosotros mismos.
Frente a la cultura de la productividad, Susimiu propone disfrutar de una actividad en la que no es necesario competir, hacerlo todo perfecto ni terminar cuanto antes.
Porque, como recuerda a lo largo del libro, tejer implica tomar decisiones, equivocarse, rectificar y aprender. Y quizá ahí reside una de las razones por las que esta técnica sigue conquistando a nuevas generaciones: en su capacidad para convertir algo tan sencillo como un ovillo y una aguja en un espacio de libertad personal.
