Entre el intelectual y las altas capacidades

Omar Jerez
Artista
16 de octubre de 2026
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Dos de cada cien personas tienen altas capacidades, pero, si tuviera que dar un dato científico no comprobable, diría que una de cada mil personas es intelectual. Mientras que las personas con altas capacidades nacen con estas características, el intelectual las cultiva a lo largo de su existencia para desarrollar un ejercicio discursivo.

En las altas capacidades predomina la metacognición; es decir, pensar sobre lo que se está pensando. En muchos casos, la conexión con el exterior se obvia, generalmente por aburrimiento. Los intelectuales se forman a partir de elementos externos para luego asimilarlos internamente y, de nuevo, exponerlos externamente desde su propia visión.

Es más fácil conocer a alguien con altas capacidades intelectuales que a un intelectual, ya que este requiere un proceso continuo para desarrollar una capacidad cognitiva aplicada a diversos campos del conocimiento. Son dos maneras de procesar la información y la realidad, así como de exponerlas en sus distintas dimensiones. No hay una que sea mejor que la otra; simplemente, cada una recorre su propio proceso, con resultados que convergen y se encuentran.

Las personas con altas capacidades, al encontrarse inmersas en un proceso interno unido a la complejidad de su proyecto cognitivo, pueden llegar a asumir que, cuando quieren manifestar un hecho, los demás no alcanzan a entender del todo qué es lo que quieren decir. El intelectual, en este caso, parte con ventaja, ya que, a pesar de abordar diferentes cuestiones, aunque sean complejas, sus conocimientos son aceptados por los circuitos académicos e históricos.

La persona con altas capacidades puede llegar a crear algo completamente nuevo, mientras que el intelectual puede elaborar, a partir de lo existente, un punto de vista que amplíe con matices lo estudiado.

¿Puede una persona con altas capacidades ser un intelectual? Por supuesto que sí, y la pregunta formulada al revés es exactamente igual de válida. Sin embargo, al analizar a las personas con altas capacidades, no es frecuente encontrarse con intelectuales entre ellas porque, como he dicho antes, al estar inmersas en un proceso metacognitivo, los agentes exteriores no suelen interesarles. Además, saben que, al tener una mente privilegiada, pueden optar por otras vías para llegar a la conclusión del asunto en el que estuvieran trabajando.

Un intelectual comparte con las personas con altas capacidades el hecho de que ambos se mueven por la curiosidad, aunque cuentan con dos maneras diferentes de llevarla a cabo. Leer no convierte a nadie en intelectual, ya que una persona culta posee conocimientos, pero el intelectual no solo tiene conocimientos: también los relaciona siguiendo un patrón y sabe exponerlos adecuadamente en el debate.

Diría que las personas con altas capacidades parten con ventaja en un aspecto respecto del intelectual: al no tener una sobrecarga de información externa, son capaces de entender un mecanismo no explorado y ponerlo en funcionamiento; es decir, pueden crear algo completamente nuevo y, aparentemente, ininteligible.

Creo que el día en que se encuentren estas dos formas de pensar será un gran logro para nuestra especie. Por ahora, son casos aislados, pero todo es cuestión de tomar la iniciativa y dar participación a todos los agentes que se interesen por el tema.

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