Fakes educativos

En los debates educativos estamos muy cansados de estereotipos y mantras que, sin ningún rigor científico, se arrojan a la palestra y “didaskalia” a modo de frentismo. La especulación retórica carente de fundamento, la hojarasca hueca sobre asuntos educativos entra en bucle, degenerándose. Situar el centro del debate en lo técnico, lo científico y pedagógico es vital. Es muy fácil y cómodo defender las utopías cuando las consecuencias de aquellas la sufren otros. Necesitamos una educación basada en evidencias sólidas.

Javier Fernández Franco
Inspector de educación
5 de octubre de 2026
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¿Qué es de la calidad y el éxito educativo? Evidentemente, sin calidad, la equidad es una contradicción en sus puros términos. No puede haber equidad sin alto desempeño. Se nos quiere hacer creer que equidad es sinónimo de escolarización. No caigamos en ese fraude. Por eso, no logro entender cómo seguimos comprando las recetas fracasadas de los vendedores de crecepelo educativo, esos que llevan lustros en el postureo, pontificando sobre una educación comprensiva que no comprende nadie y produce cada vez más fracaso escolar, en la venta de humo, en el marketing cutre, en la jerga de su ombligo. Esto es: haciendo daño.

Es doloroso que en educación se valoren más las presuntas intenciones de las medidas, que los resultados reales de aquellas. Aceptamos que nombrando las cosas, estas se realizarán automáticamente. Nos autoengañamos con palabras bonitas.  Hemos comprado que la realidad es el lenguaje.

Como el tópico argumento tan manoseado de la financiación. En educación a partir de un cierto nivel de inversión/gasto no se aprecian mejoras si se sigue aumentando el presupuesto en sí, ya que, asentadas unas bases económicas, lo que importa no es tanto cuánto se invierte en educación sino por qué tipo de educación se apuesta (formación inicial y continua adecuada de los docentes, sistema de acceso a la función pública bien orientado y con buenos criterios selectivos, profesionalización de los directivos escolares, independencia de la inspección, evaluación rigurosa y  con efectos de todos los actores, calidad en la gestión de las distintas enseñanzas, medidas efectivas de atención a la diversidad como pauta común de la práctica en las aulas y centros, recuperación de los principios de esfuerzo, respeto y disciplina, exigencia de resultados al alumnado, profundización sistemática en los aprendizajes imprescindibles, rendición de cuentas al profesorado, currículo explícito, prestigio social de los docentes…).

Por encima de un suelo mínimo, (en el que se situaba España hasta el 2010), aumentar la financiación no se va a trasladar automáticamente en una mejora si seguimos manteniendo la actual arquitectura legal y de sistema, prácticamente inamovible -aunque parezca lo contrario- desde 1990.

Pero una vez constatado esto, sí que se producen efectos negativos si se deteriora la financiación. El informe “Education at a Glance 2026”, indica que el gasto público medio por alumno en las economías más avanzadas es de 11.957 euros, mientras que el español es de un 11% menos que la media de la OCDE.

Si pensamos que la educación es cara, podemos probar con la ignorancia.

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