Greg Hart: "La inteligencia artificial está cambiando todos los aspectos de la forma en la que aprendemos"
Greg Hart, consejero delegado y presidente de Coursera, explica las claves de la integración con Udemy y adelanta cómo será Project Helix, la nueva plataforma de aprendizaje diseñada desde su origen alrededor de la inteligencia artificial. El directivo defiende una IA que no elimine el esfuerzo intelectual, sino que multiplique la interacción, personalice la enseñanza y permita demostrar competencias reales.
Coursera nació en 2012 de la mano de los profesores de Stanford Andrew Ng y Daphne Koller como una de las plataformas pioneras del movimiento MOOC, los cursos masivos, abiertos y en línea. Su propósito era acercar una educación de primer nivel a cualquier persona, con independencia de su lugar de residencia. Más de una década después, la compañía afronta una nueva etapa tras completar, el 11 de mayo de 2026, su integración con Udemy. La operación ha reunido en una misma empresa a más de 290 millones de estudiantes, 18.000 clientes corporativos y 95.000 creadores de contenido.
Al frente de esta nueva fase se encuentra Greg Hart, consejero delegado y presidente de Coursera. En esta entrevista con Magisterio, Hart analiza el futuro de ambas plataformas y presenta Project Helix, el nombre provisional de un nuevo entorno de aprendizaje concebido para combinar los contenidos elaborados por universidades, empresas tecnológicas, instituciones y profesionales. Su objetivo es aprovechar la inteligencia artificial para ofrecer itinerarios adaptativos, prácticas interactivas y evaluaciones capaces de acreditar no solo que una persona ha completado un curso, sino que sabe aplicar lo aprendido.
Para quienes todavía no conocen bien Coursera, ¿cómo describiría la compañía y qué ha cambiado tras la integración con Udemy?
—Coursera fue fundada en 2012 por dos profesores de Stanford, Andrew Ng y Daphne Koller, ambos especializados en inteligencia artificial. Fue realmente uno de los pilares del movimiento MOOC, el movimiento de los cursos masivos, abiertos y en línea. La visión de Coursera consistía en llevar una educación de primer nivel a cualquier persona, en cualquier lugar del mundo.
Creo que Udemy fue fundada con una misión muy parecida: permitir que cualquier persona pudiera transformar su vida mediante el acceso a un aprendizaje de primer nivel. Si avanzamos hasta 2026, Coursera y Udemy se integraron en mayo y las dos empresas tenían un tamaño aproximadamente similar. Coursera había estado más orientada hacia el consumidor, mientras que Udemy había tenido una presencia mayor en el ámbito empresarial. Con la combinación, desde el punto de vista de los ingresos, estamos aproximadamente al 50% entre consumidores y empresas.
El objetivo de reunir Coursera y Udemy era crear una única plataforma que respondiera mejor a las necesidades de todos nuestros usuarios, tanto si se trata de estudiantes individuales como de socios empresariales.
Los modelos de las dos compañías también habían sido algo diferentes y, para mí, ahí reside una de las fortalezas de la combinación. Coursera surgió en Stanford y ha crecido con socios procedentes de la Educación Superior y de algunas de las principales compañías tecnológicas del mundo. Los cursos de Coursera son creados por instituciones como Stanford, Michigan, Yale, Pensilvania, Oxford o Cambridge y, en el ámbito tecnológico, por organizaciones como Anthropic, Meta, Microsoft, Google o DeepLearning.AI.
Udemy, por su parte, cuenta con una extraordinaria red de instructores formada por expertos en distintas materias y profesionales en activo que elaboran cursos y contenidos con mucha rapidez, directamente vinculados a las competencias que las personas necesitan en cada momento.
Consideramos que esta combinación crea algo sin comparación en el mundo y, al mismo tiempo, establece una base extraordinaria para construir experiencias de aprendizaje nativas de inteligencia artificial, verdaderamente interactivas y capaces de aprovechar de formas completamente nuevas todo ese contenido experto creado por personas.
¿Mantendrán Coursera y Udemy como plataformas independientes?
—En realidad, estamos construyendo una plataforma completamente nueva. Mantendremos las dos plataformas actuales durante un tiempo, pero decidimos que sería más sencillo y mejor crear desde cero una nueva plataforma nativa de inteligencia artificial, en lugar de intentar trasladar las funciones de una plataforma a la otra.
Internamente la llamamos Project Helix, que es su nombre en clave. Todo el contenido que tenemos en Coursera y Udemy será accesible a través de Project Helix, pero queremos ofrecerlo de una manera mucho más centrada en la inteligencia artificial: más interactiva, personalizada y adaptativa, y con una mayor capacidad para proporcionar no solo contenidos educativos, sino competencias reales.
Al final, nueve de cada diez personas que llegan a Coursera, y probablemente sucede algo parecido en Udemy, quieren desarrollar su carrera profesional. Buscan competencias que puedan aplicar en su profesión. Creemos que una plataforma nativa de inteligencia artificial nos permitirá hacerlo mucho mejor y crear una experiencia más atractiva porque será más interactiva y estará más adaptada a lo que necesita cada persona, teniendo en cuenta sus competencias y su experiencia previa.
También deberá ayudar a los estudiantes a dominar determinadas habilidades y, posteriormente, a demostrar ese dominio de una forma en la que puedan confiar los empleadores. Ese es el objetivo.
La inteligencia artificial puede actuar como tutor o profesor, pero ¿enseña mejor o evita precisamente el esfuerzo que hace posible el aprendizaje?
—Creo que todo depende de cómo se utilice. La inteligencia artificial está diseñada, por su propia naturaleza, para ser lo más útil posible. Sin embargo, en el aprendizaje, los profesores suelen intentar ofrecer solo la ayuda imprescindible, porque parte del proceso de aprender consiste en afrontar dificultades.
Eso ocurre con cualquier cosa que una persona aprende de verdad y acaba dominando. Si te limitas a pasar por una experiencia sencilla y superficial, tu conocimiento y dominio de ese tema o competencia también serán superficiales. No tendrás una comprensión profunda, no podrás recurrir a ese conocimiento con seguridad, recordarlo ni aplicarlo de manera eficaz.
La inteligencia artificial puede utilizarse como una muleta que genere experiencias de aprendizaje superficiales. Es algo que estamos viendo mucho en Estados Unidos. Algunos profesores universitarios cuentan que sus alumnos utilizan la IA durante las prácticas y parece que todo funciona perfectamente. Los estudiantes sienten que han dominado la materia, pero después llegan a un examen en el que no pueden emplear la inteligencia artificial y suspenden. Todo depende, por tanto, de cómo se aplique.
Con Project Helix intentamos tomar lo mejor de esos contenidos extraordinarios creados por personas, junto con su pedagogía y su rigor, y utilizar la inteligencia artificial para ofrecerlos de una manera más interactiva, pero no menos educativa. Queremos hacerlo de forma que el estudiante todavía tenga que demostrar su dominio mediante simulaciones, laboratorios, prácticas y proyectos.
Al terminar la experiencia no debería limitarse a marcar una casilla y decir: «He hecho el curso». Debería poder afirmar: «Esta es una evaluación verificada que demuestra que no me he limitado a recorrer los materiales, sino que sé aplicar lo aprendido en una situación del mundo real». Si conseguimos hacerlo correctamente, será un elemento muy diferenciador y también algo positivo para cada individuo y, por extensión, para la sociedad.
¿Qué características debe tener una evaluación para demostrar que el alumno sabe aplicar realmente una competencia?
—La evaluación tiene que formar parte del aprendizaje de manera mucho más continua. No debe aparecer únicamente al final del curso. El estudiante ha de ser evaluado durante todo el proceso, tanto de maneras informales como a través de pruebas más formales.
Estamos dedicando mucho tiempo a determinar cómo deben ser esas evaluaciones, especialmente las más formales. También pensamos que no deberían depender únicamente de Coursera o Udemy. Las instituciones con las que trabajamos deben participar en el proceso.
Queremos colaborar con ellas para crear evaluaciones verificadas que también puedan respaldar. Nosotros no vamos a ser los únicos expertos del mundo en evaluar una competencia. Somos un actor importante, pero nos vemos igualmente como facilitadores. Nuestro propósito es trabajar con numerosas instituciones y socios para desarrollar estos sistemas de evaluación.
En ese camino hacia la certificación, ¿cómo pueden asegurarse de que un estudiante no utiliza ChatGPT u otra herramienta de inteligencia artificial para responder?
—Una de nuestras ventajas es la profunda relación que mantenemos con las universidades y el hecho de que ofrecemos titulaciones completas. En Coursera es posible cursar un título universitario. Coursera no es la institución que lo concede, pero facilita todo el proceso a través de universidades como Illinois, Heriot-Watt y otras instituciones de diferentes lugares del mundo. Son titulaciones que pueden estudiarse completamente en línea.
Hemos utilizado la inteligencia artificial para detectar que alguien intenta completar una actividad sin realizar el esfuerzo necesario. Contamos con sistemas de supervisión y podemos bloquear el navegador. Estas herramientas se utilizan generalmente en evaluaciones de alto impacto, normalmente dentro de los itinerarios conducentes a una titulación universitaria.
Si detectamos determinados indicios, se los comunicamos a la universidad. Después es la propia institución la que decide cómo actuar porque, en último término, es su título. Durante la evaluación podemos bloquear el navegador y mantener encendida la cámara. De esta forma es posible detectar si una persona aparta constantemente la mirada, mira hacia abajo, tarda demasiado o introduce de repente una gran cantidad de texto. Pegar un bloque completo de texto suele ser una señal bastante rápida de que probablemente el estudiante no lo ha elaborado por sí mismo.
Este tipo de vigilancia puede resultar estresante incluso para quien no pretende hacer trampas. ¿Cómo se puede encontrar el equilibrio?
—Es cierto que, cuando las personas están pensando, a veces apartan la mirada de manera natural. En una situación de supervisión estricta no siempre pueden hacerlo y eso puede generar tensión.
Precisamente por ese motivo reservamos estos sistemas de supervisión para las titulaciones y las evaluaciones de mayor impacto. En los cursos habituales y en los certificados, por regla general, intentamos no utilizarlos. No tendría sentido aplicar el mismo nivel de control en todas las experiencias formativas.
Lo importante es encontrar una forma de proteger la integridad de aquellas evaluaciones que tienen consecuencias académicas o profesionales relevantes sin convertir cualquier actividad de aprendizaje en una situación de vigilancia permanente. Por eso también queremos avanzar hacia una evaluación continua y variada. Cuantas más oportunidades tenga el alumno de demostrar lo que sabe mediante proyectos, prácticas, laboratorios y situaciones aplicadas, menos dependeremos de una única prueba final.
¿Hasta qué punto serán estrictas las certificaciones destinadas a los usuarios particulares?
—En el caso de las titulaciones y de las evaluaciones de alto impacto utilizamos sistemas de supervisión. Para los cursos y certificados habituales procuramos no hacerlo. Pero uno de los asuntos en los que estamos trabajando más intensamente con Project Helix es la necesidad de que la evaluación se convierta en un componente permanente de la experiencia de aprendizaje.
El estudiante será evaluado continuamente de maneras informales y formales. Determinar cómo serán esas pruebas, especialmente las más formales, es una de nuestras principales líneas de trabajo. No queremos plantearlo como un sistema diseñado exclusivamente por Coursera o Udemy. También participarán las universidades, las empresas y las demás instituciones con las que colaboramos.
El valor de una acreditación depende de la confianza que genere. Para conseguir esa confianza, no basta con confirmar que una persona ha reproducido todos los vídeos o ha llegado hasta la última pantalla del curso. Hay que aportar evidencias de que ha adquirido una competencia y puede aplicarla. Ese cambio, desde la finalización del contenido hacia la demostración del dominio, es fundamental.
En España existe la sensación de que los planes de estudio universitarios tardan demasiado en actualizarse. ¿Cómo deberían adaptarse estas instituciones?
—En Estados Unidos afrontamos muchos retos similares. En la mayoría de los países, las universidades no están construidas de manera natural para actuar con rapidez. Es una consecuencia de su historia y de su funcionamiento. Hay muchísimas cosas que las universidades hacen extraordinariamente bien, pero la velocidad no suele ser una de sus principales fortalezas.
Las instituciones más innovadoras tienden a plantearse preguntas como: «¿Cómo podemos ser más emprendedores? ¿Cómo podemos conseguir que, al menos, algunas partes de la universidad evolucionen con mucha más rapidez?». Con frecuencia encuentran la respuesta mediante alianzas.
Creemos que Coursera puede desempeñar un papel relevante para ayudar a las universidades a adaptarse porque nos encontramos en una posición muy particular. Mantenemos relaciones extraordinarias con universidades de todo el mundo. Algunas crean contenidos y propuestas educativas para Coursera, mientras que otras utilizan Coursera como clientes. Muchas no se limitan a elaborar contenidos para la plataforma, sino que también los incorporan para complementar sus propios planes de estudio.
Lo vemos especialmente en Oriente Medio y Asia, donde distintas universidades utilizan Coursera para reforzar la labor de su profesorado. Lo hacen, en parte, porque reconocen el valor de contar con contenidos de primer nivel diferentes a los que ellas mismas ofrecen. También porque no pueden ampliar la universidad con la rapidez que necesitan ni contratar a suficientes profesores.
¿La formación en línea puede ayudar a responder a la falta de profesores y al crecimiento de la demanda universitaria?
—Sí. En India, por ejemplo, los estudiantes pueden cursar en línea hasta el 40% de sus créditos. El Gobierno indio lo permite porque resultaría imposible construir suficientes instituciones educativas y contratar y formar al número de profesores necesario para atender a toda la población en edad de estudiar, debido a la magnitud de sus cifras.
Por ese motivo, muchas universidades indias utilizan Coursera para complementar su oferta y proporcionar una parte de esos créditos en línea. Así acceden a contenidos distintos y, al mismo tiempo, se benefician de una alianza singular.
La enseñanza en línea no tiene por qué sustituir a la universidad ni a sus profesores. Puede aumentar su capacidad, completar aquello que no pueden ofrecer con sus propios recursos y permitirles evolucionar con mayor rapidez en ámbitos donde el conocimiento cambia constantemente.
Creemos que tenemos una función particular a la hora de ayudar a las universidades en esa adaptación. No se trata de indicarles qué deben hacer, sino de proporcionarles tecnología, contenidos, distribución y relaciones con instituciones de todo el mundo para que puedan ampliar y actualizar su propuesta educativa.
¿Las universidades vieron inicialmente a Coursera como una competencia?
—No sé si necesariamente nos consideraron una competencia, especialmente al principio, porque no intentábamos hacer lo mismo que una universidad. Aunque ahora es posible obtener un título universitario mediante un programa facilitado por Coursera, no se trata de un título de Coursera. El título procede de la universidad asociada. Además, esa posibilidad llegó más tarde.
Al comienzo, el objetivo consistía sencillamente en ampliar el acceso a la educación. Para las universidades, Coursera representaba tanto una oportunidad para experimentar y aprender como una forma de llegar a un conjunto mucho más amplio de estudiantes de todo el mundo, personas a las que de otra manera no habrían podido alcanzar.
Uno de los grandes desafíos para una universidad habría sido invertir en tecnología tanto como hemos invertido nosotros y construir por sí sola toda la plataforma. Eso resulta muy difícil para cualquier institución individual. La distribución también supone un verdadero reto.
Con el tiempo, las universidades han empezado a vernos como una vía para complementar lo que hacen y llegar a públicos a los que sería muy complicado acceder por su cuenta. La relación no consiste en sustituir a la institución, sino en permitir que extienda su enseñanza más allá de los límites físicos y tecnológicos que tendría actuando sola.
¿Cuál ha sido el mayor avance que la inteligencia artificial ha aportado a la educación en línea?
—Creo que la inteligencia artificial está cambiando todos los aspectos de la forma en la que las personas aprenden. Coursera comenzó a utilizarla para mejorar la experiencia educativa muy poco después de que ChatGPT apareciera en noviembre de 2022.
La traducción automática fue uno de los primeros ejemplos. Más del 70% de los cursos de Coursera han sido traducidos en formato de texto a 26 idiomas. Durante el último año y medio también hemos empezado a incorporar doblaje mediante inteligencia artificial, que era el siguiente paso lógico. Para finales de este año esperamos contar con 1.000 cursos doblados con IA a seis idiomas, entre ellos el español.
La traducción es un primer paso muy importante porque resulta más sencillo aprender en la lengua materna. Sin embargo, no estamos utilizando la inteligencia artificial únicamente para traducir, sino también para ampliar y mejorar la propia experiencia de aprendizaje.
Contamos con Coursera AI, una herramienta que acompaña al estudiante en casi todos nuestros cursos. Mientras realiza la formación, puede plantear preguntas sobre contenidos anteriores, prepararse para los próximos cuestionarios o participar en simulaciones.
La idea es que la experiencia siga siendo fiel al profesor, a su pedagogía y a los objetivos que ha definido para el curso y el plan de estudios, pero que al mismo tiempo resulte más interactiva. Los profesores pueden introducir lo que denominamos diálogos, que utilizan la IA para crear una especie de conversación socrática individual con el estudiante.
Evidentemente, no se trata de una verdadera conversación cara a cara con el profesor. Es la inteligencia artificial la que asume ese papel, de una forma parecida a como podría intervenir el docente en un aula. Estamos intentando utilizarla para complementar y mejorar la experiencia, no para borrar la identidad, la pedagogía o el criterio del profesor.
¿Es posible reproducir mediante inteligencia artificial la calidad de una buena clase presencial?
—Eso es precisamente lo que queremos llevar al siguiente nivel con Project Helix. Creemos que la inteligencia artificial permite crear ahora una experiencia educativa verdaderamente diferente de todo lo anterior.
Pensemos en las mejores experiencias presenciales de aprendizaje que hemos tenido a lo largo de nuestra vida. En mi caso, y creo que también para muchas otras personas, probablemente se produjeron en una clase relativamente pequeña con un profesor extraordinario. No era una lección magistral, sino un aula reducida en la que había una conversación y un diálogo constante.
Puede ser también el análisis de un caso empresarial. La interacción no se produce únicamente entre los estudiantes y el profesor, sino entre los propios estudiantes. Existe una conversación de ida y vuelta que implica a todo el grupo.
Hasta la llegada de la inteligencia artificial era imposible reproducir esa experiencia en línea, salvo mediante una clase en directo. Evidentemente, puede hacerse de forma sincrónica con una herramienta como Zoom. Pero fuera de ese aprendizaje simultáneo y en vivo, era imposible.
Ahora empezamos a disponer de la capacidad necesaria para reproducir algo parecido. Se podrían crear identidades de inteligencia artificial que representaran a varios tipos de estudiantes. Una persona participaría en esa experiencia mientras la IA interpretaría a los demás alumnos y también asumiría o reforzaría el papel del profesor.
Esto permitiría que un estudiante no se limitara a contemplar una pantalla, leer un texto o reproducir un vídeo. Tendría que intervenir, argumentar, responder a perspectivas distintas, resolver problemas y demostrar que comprende lo que está ocurriendo. La tecnología podría adaptar la conversación a sus conocimientos previos, detectar dónde encuentra dificultades y proponerle nuevas oportunidades para practicar.
La ambición no consiste en convertir el aprendizaje en algo más fácil ni en eliminar el esfuerzo. Consiste en recuperar, dentro de la educación digital, algunos de los elementos que hacen valiosa una gran experiencia presencial: el diálogo, la práctica, la retroalimentación y la necesidad de pensar. Estamos empezando a descubrir todo lo que será posible a partir de ahora.
