Leer y escribir bien para aprender a pensar y crear

Enseñar a leer y escribir bien, automatizar la lectura desde edades tempranas y recuperar el papel y la repetición son algunas de las claves que proponen Joaquim Valls y Víctor Cerrudo para potenciar la comprensión, el pensamiento y la creatividad.

Ruth del MoralMartes, 13 de octubre de 2026
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El objetivo es educar "el inconsciente prelector" para después aprender a leer mejor. ADOBE STOCK

Enseñar a leer y a escribir bien, automatizar la lectura desde edades tempranas mediante hábitos en casa y en la escuela, y volver al papel y a la repetición son claves para aprender a pensar, crear y comprender mejor los textos. Así lo explican el profesor universitario e investigador Joaquim Valls y el maestro y logopeda Víctor Cerrudo en el libro Enseñar a leer y escribir para aprender a pensar y crear (Ed. Toromítico), en el que ofrecen pautas para facilitar la enseñanza de la lectoescritura con el objetivo de potenciar la inteligencia.

«Cuando se le pide a la escuela que enseñemos a pensar, eso no se puede enseñar en abstracto», señala Joaquim Valls, doctor en Ciencias Humanas, Jurídicas y Sociales, economista y experto en neuroeducación y psicología cognitiva. Valls sostiene que, cuando se consigue automatizar la lectura, el cerebro libera recursos cognitivos que puede dedicar a pensar y crear. Un niño que lee con fluidez, sin avanzar sílaba a sílaba, y que además no comete faltas de ortografía comprenderá mejor un texto cuando llegue a la universidad.

La razón, explica, es que su cerebro no se detendrá cada vez que encuentre una palabra que no encaje en su «almacén ortográfico». La adquisición temprana de fluidez permite así que la atención se concentre en comprender el significado y no en descifrar las palabras. «Es importante que un niño lea mucho. Cuantas más palabras memorice en el lexicón, más rápida va a ser esa extracción del significado y de la pronunciación», explica Víctor Cerrudo, experto en lectura y escritura y profesor de Educación Infantil del CEIP Virgen de Peña Sacra, en Manzanares el Real (Madrid).

Una lectura visual y fluida

El libro recalca la importancia de una buena enseñanza de la lectura para que esta llegue a ser visual y automática, de modo que el niño no tenga que «decodificar» cada palabra que encuentra.

Cerrudo aboga por una metodología de lectoescritura común en todos los colegios y apuesta por el modelo fonético, que enseña el sonido de cada letra, frente al método global, centrado en enseñar palabras completas. «Cuando se aprende cómo suena cada letra, el alumno es capaz de componer y leer a los seis o siete años cualquier palabra», explica el maestro y logopeda. Este aprendizaje proporciona al alumnado herramientas para enfrentarse a términos que nunca ha visto anteriormente.

Cerrudo pone como ejemplo Finlandia, donde, aunque se enseña formalmente a leer y escribir más tarde, existe una etapa de prealfabetización en Infantil. Esta preparación no supone necesariamente coger un lapicero, sino realizar juegos con palabras, sílabas o sonidos.

El objetivo es educar «el inconsciente prelector» para después aprender a leer mejor. Los autores defienden, por tanto, que el contacto con los sonidos del lenguaje y las palabras debe empezar antes de la enseñanza formal de la lectura.

Comprender para pensar y crear

El último informe PISA desvela un desplome en la comprensión lectora de los adolescentes. Los autores consideran que este retroceso no se debe únicamente al uso abusivo de las pantallas, sino que también está ligado a fallos en el aprendizaje temprano de la lectura y la escritura. «Hace diez años también había ese problema y las pantallas tenían una incidencia mucho menor», recuerda Valls. A su juicio, las dificultades actuales requieren revisar cómo se enseñan las habilidades básicas y no limitar el análisis a la expansión de los dispositivos digitales.

«Si lees mal, estudias mal, aprendes mal. Y si tú no tienes conocimientos, ¿cómo vas a crear? Nos tenemos que dar cuenta de que la creatividad forma parte de la memoria», incide el profesor universitario, que vincula la creatividad con el conocimiento previamente adquirido.

Valls añade que sin conocimientos tampoco puede desarrollarse el pensamiento crítico. «La gente piensa que el conocimiento ya está en Internet, pero en Internet solo hay información», afirma. Para convertir esa información en aprendizaje es necesario contar con conocimientos bien asentados que permitan comprenderla y relacionarla.

Aprender mediante la evocación

Ambos autores apuestan por «aprender con la memoria» y no «de memoria», a través de la repetición por evocación. Esta estrategia consiste en recuperar activamente lo aprendido, en lugar de limitarse a releer de manera pasiva los contenidos. Repetir por evocación significa que, cuando un alumno recibe una clase de matemáticas, al llegar a casa debe intentar hacer sin mirar los ejercicios trabajados en el aula. «Ahí es cuando tu cerebro aprende», sostiene Valls sobre esta forma de recuperar lo aprendido.

Incluso el cálculo puede «mecanizarse» mediante la escritura manual y la repetición. «En mi generación estábamos todo el día calculando. Es fundamental para educar un inconsciente cognitivo matemático que permita que, cuando las matemáticas se hacen abstractas, tu cerebro esté más libre para poderlas entender», explica.

La automatización de las operaciones básicas tendría así una función semejante a la fluidez lectora: liberar espacio mental para afrontar tareas más complejas. La práctica reiterada no sería un fin en sí mismo, sino una vía para reducir el esfuerzo cognitivo posterior.

Leer en voz alta y escribir

Leer en voz alta para mejorar la puntuación y volver al papel durante las edades tempranas son otras de las recomendaciones de los autores. La lectura oral ayuda a reconocer el ritmo de las frases y a interpretar mejor los signos de puntuación. «Escribir a mano no solo mejora la parte cognitiva del cerebro, sino también la parte emocional. Si tienes miedo o ansiedad, tu cerebro se cierra y le cuesta mucho más aprender», señala Valls, que también atribuye a la caligrafía efectos sobre las emociones.

Según el investigador, la letra escrita a mano «nos hace más cordiales», mientras que la letra de imprenta «nos hace más fríos y lejanos». La recuperación del papel se plantea así como una herramienta relacionada tanto con el aprendizaje como con la dimensión emocional del alumnado.

Los autores consideran además que la escuela puede «educar el carácter» del alumno para ayudarle a ser más creativo. Este trabajo puede desarrollarse de forma indirecta mediante canciones, cuentos y ejercicios de caligrafía que transmitan actitudes y hábitos de perseverancia. «Se fomenta la mentalidad de crecimiento cuando el niño piensa: ‘Esto me cuesta, pero ya mejoraré'», relata Valls. Enseñar a tolerar la dificultad y confiar en la mejora progresiva completa una propuesta que conecta lectura, escritura, memoria y desarrollo del pensamiento creativo.

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