Lucas Gortazar: "La caída de PISA apunta a una crisis de atención y esfuerzo"

El investigador analiza en el podcast de MAGISTERIO las claves de PISA 2025, el impacto de las distracciones digitales y la necesidad de convertir las reformas educativas en prácticas coherentes y sostenidas.

Diego FranceschJueves, 8 de octubre de 2026
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Lucas Gortazar conversa con el redactor jefe de MAGISTERIO, Diego Francesch.

Lucas Gortazar, licenciado en Matemáticas y doctor en Economía, lleva años estudiando la educación desde una mirada basada en datos. Hasta hace unos días ha sido director adjunto de Investigación de EsadeEcPol, un centro dedicado al diseño y evaluación de políticas públicas basadas en evidencias. Desde esa experiencia, el investigador defiende el valor de las evaluaciones internacionales, pero advierte contra las interpretaciones apresuradas, los rankings descontextualizados y la selección interesada de ejemplos.

La conversación en el podcast de MAGISTERIO parte de PISA 2025, publicado por la OCDE el 8 de septiembre de 2026. Sus resultados muestran una nueva caída del rendimiento en lectura y matemáticas en los países de la organización, mientras ciencias logra estabilizarse. Para Gortazar, el informe constituye una advertencia de fondo, aunque no permite atribuir el retroceso a una única metodología, reforma o corriente pedagógica.

PISA sirve si se mira más allá del ranking

Frente a la idea de que PISA solo sirve para establecer clasificaciones, Gortazar sostiene que una administración educativa puede encontrar respuestas relevantes cuando analiza los microdatos con profundidad. La evaluación permite abordar una primera y una segunda capa de preguntas sobre rendimiento, equidad, comportamiento del alumnado o funcionamiento de los sistemas, aunque no siempre alcance a explicar todas sus causas.

El investigador evita presentar una receta ideológica para interpretar la caída. Entre los territorios y países que han resistido mejor aparecen sistemas con orientaciones muy diferentes. Por eso, considera arriesgado concluir que los resultados premian automáticamente la innovación metodológica o, por el contrario, una supuesta «vuelta a lo básico». Lo importante es observar el contexto completo y no escoger únicamente el ejemplo que confirma una posición educativa previa.

Una de las señales más preocupantes de PISA 2025 aparece en las tareas que exigen mantener la concentración. La OCDE identifica un aumento de las respuestas rápidas e incorrectas y mayores dificultades ante ejercicios que requieren perseverancia. Gortazar relaciona estos datos con una posible crisis de atención sostenida, alimentada por el consumo intensivo de redes sociales, vídeos breves y contenidos digitales que recompensan la inmediatez.

Tecnología sí, pero con un propósito

El problema, matiza, no reside únicamente en la presencia de dispositivos. La tecnología puede contribuir al aprendizaje cuando existe una integración intencional y moderada, pero puede convertirse en una fuente de distracción cuando se utiliza sin orientación. En España, el 29% del alumnado declara que sus compañeros se distraen a menudo con dispositivos durante las clases de ciencias; quienes estudian en esas aulas obtienen, de media, 16 puntos menos, una vez considerado el perfil socioeconómico.

Gortazar critica que el sistema educativo español haya pasado con rapidez del entusiasmo tecnológico a la prohibición. Primero se llenaron los centros de pizarras digitales, tabletas y ordenadores sin desarrollar siempre una estrategia pedagógica; después, ante las dificultades, surgió la tentación de retirarlos. Su propuesta distingue entre mantener los teléfonos móviles fuera del alcance del alumnado e introducir progresivamente otras herramientas digitales como un recurso más, junto al papel, la lectura, la escritura, el trabajo individual o la explicación docente.

La inteligencia artificial plantea un desafío añadido. PISA 2025 refleja que el 54% del alumnado español utiliza semanalmente chatbots para ayudarse a aprender, por encima del promedio de la OCDE. Gortazar pide prudencia: antes de delegar tareas en estas herramientas, los estudiantes deben adquirir bases cognitivas sólidas y aprender a afrontar trabajos difíciles por sí mismos. La cuestión no es aceptar o rechazar la IA, sino decidir cuándo introducirla, para qué y bajo qué reglas. El debate conecta con otros análisis de MAGISTERIO sobre cómo establecer reglas claras para utilizar la inteligencia artificial.

Las leyes no transforman por sí solas las aulas

Para el investigador, muchas dificultades tecnológicas son consecuencia de un problema de implementación más amplio. En España existe demasiada distancia entre lo que establecen las leyes, los decretos y los currículos y lo que finalmente ocurre en las aulas. «Las leyes educativas son leyes, pero no son cambios educativos», resume Gortazar, que reclama guías, secuencias pedagógicas, evaluación y acompañamiento para convertir las reformas en prácticas consistentes.

El caso de Inglaterra resulta útil precisamente por su continuidad. Gortazar recuerda que sus avances no pueden explicarse únicamente por una reforma curricular o por una apuesta por la memorización. Detrás existen treinta años de reformas, desde el aumento de la inversión y el fortalecimiento de la inspección durante el Gobierno de Tony Blair hasta el Pupil Premium, la autonomía de determinados centros y el trabajo de la Education Endowment Foundation para trasladar evidencias a las escuelas.

La principal conclusión es una invitación a construir un debate menos ideológico. Ni PISA ofrece una receta automática ni la tecnología es por sí misma la causa o la solución del deterioro educativo. Las mejoras requieren contexto, evidencias y continuidad, pero sobre todo una ejecución rigurosa. Como recuerda Gortazar, en educación las ideas importan, aunque el verdadero cambio comienza cuando alguien consigue llevarlas de forma coherente hasta cada centro y cada aula.

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