Toni Moll, top 10 Maestros de España: "Para mí, educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos"
Toni Moll (Artà, 1997) es uno de los 10 mejores maestros de España y el próximo mes de enero podría ser distinguido como el número uno, ya que se celebrará en A Coruña la gala de los Premios EDUCA ABANCA y es uno de los nominados. En una entrevista concedida a Magisterio explica cómo ha llegado hasta aquí y da recomendaciones muy interesantes a otros docentes y a los padres.
¿Qué siente al ser uno de los 10 mejores docentes de Primaria de España?
–Antes de nada, me gustaría agradeceros la entrevista y el interés por mi trabajo. Es un sentimiento difícil de describir con palabras. Es una mezcla de emociones muy bonitas y satisfactorias, de orgullo, ilusión y, sobre todo, de agradecimiento por todo lo que estoy viviendo. Me siento muy afortunado de recibir este reconocimiento y de poder compartir una vocación, que para mí va mucho más allá de enseñar: acompañar a los niños en su crecimiento y contribuir a su desarrollo como personas.
¿Cómo lo ha logrado?
–Creo que la clave está, primordialmente, en la manera de relacionarme con mis alumnos, desde el respeto, el amor y la confianza. Considero que, para que se produzca un aprendizaje significativo, primero debemos cuidar el vínculo con los niños y crear un entorno en el que se sientan seguros, escuchados y valorados. También apuesto por el uso de metodologías activas y cooperativas que permitan atender a la diversidad del aula y ofrecer oportunidades de aprendizaje a todo el alumnado. Por último, doy mucha importancia a trabajar aspectos que van más allá de los contenidos académicos, como la educación emocional, los valores, el bienestar, el pensamiento crítico y el autoconocimiento. Para mí, educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos; sino también en ayudar a los niños a conocerse, convivir y desarrollarse como personas.
¿Cuándo y por qué decidió ser profesor?
–Mi vocación nació a una edad muy temprana. Recuerdo que, con apenas 13 ó 14 años, cuando cursaba la ESO, ya decía que quería dedicarme a la educación. Creo que esta inquietud surgió, en parte, de mis propias experiencias; tanto en el ámbito familiar como en mi etapa como alumno. Con el tiempo, fui tomando conciencia de que existían otras maneras de acompañar a los niños, de educar desde la comprensión y de despertar su interés por aprender. Empecé a cuestionarme ciertas formas de educar que había vivido y a descubrir que había otras alternativas. Todo ello despertó en mí el deseo de contribuir a una educación diferente, en la que los niños no solo aprendan contenidos, sino que también se sientan escuchados, comprendidos y acompañados en su desarrollo. Creo que ahí empezó a construirse el maestro que quería llegar a ser.
Mi vocación nació a una edad muy temprana. Recuerdo que, con apenas 13 ó 14 años, cuando cursaba la ESO, ya decía que quería dedicarme a la educación
¿Cuál fue su primer colegio? ¿Y el actual?
–Mis primeros pasos en la docencia fueron dando clases de repaso y realizando algunas sustituciones en dos centros concertados de mi pueblo, Artà. Fue una etapa en la que empecé a adquirir experiencia y a descubrir de primera mano lo que significa estar al frente de un aula. Un año después, tuve la oportunidad de cubrir una sustitución de tres años, que me permitió crecer profesionalmente y consolidar mi manera de entender la educación. Actualmente, trabajo en el colegio Sant Salvador de Artà, un centro muy especial para mí, ya que es el colegio que me vio crecer. Poder volver a él como maestro tiene un significado personal muy bonito.
¿Cree que la figura del profesor está desprestigiada?
–Me atrevería a decir que no, aunque creo que todavía existen ciertos tópicos sobre nuestra profesión. A veces escuchamos comentarios que reducen nuestro trabajo a las vacaciones o que nos meten en el mismo saco que a cualquier otro funcionario, sin tener en cuenta la responsabilidad que implica educar. Sin embargo, últimamente también escucho comentarios que ponen en valor la dificultad y la importancia de nuestra labor. Cuando alguien se para a pensar lo que significa acompañar a 25 niños durante cinco horas al día, cada uno con sus necesidades, sus emociones y sus ritmos de aprendizaje, empieza a comprender la complejidad de nuestro trabajo. Creo que la docencia es una profesión que requiere mucha preparación, paciencia, sensibilidad y capacidad de adaptación. Más que hablar de desprestigio, diría que el reto está en que la sociedad comprenda mejor todo lo que implica ser docente y la responsabilidad que tenemos en la formación de las presentes y futuras generaciones.
¿Considera el hecho de que el Govern haya modificado la normativa para que se les considere autoridad pública es positivo?
–Sinceramente, creo que reconocer al profesorado como autoridad pública puede tener un valor simbólico y jurídico, pero considero que, por sí solo, no va a mejorar de manera significativa la realidad que vivimos en las aulas. Desde mi punto de vista, hay otras necesidades mucho más urgentes. Necesitamos más recursos humanos para poder atender adecuadamente a la diversidad del alumnado, más flexibilidad a la hora de desarrollar los contenidos curriculares y una reducción de la carga burocrática que soportamos los docentes, dedicando muchas horas a tareas administrativas que nos restan tiempo para lo verdaderamente importante: preparar las clases y acompañar a nuestros alumnos. Además, creo que necesitamos revisar determinadas estructuras del sistema educativo para adaptarlas mejor a lo que sabemos sobre el aprendizaje y el desarrollo infantil. Debemos avanzar hacia aulas más activas, donde los niños puedan experimentar, cooperar, moverse, hacerse preguntas y construir su propio aprendizaje, en lugar de pasar tantas horas sentados escuchando y reteniendo información. En definitiva, más allá de reconocer nuestra autoridad, creo que lo verdaderamente importante es dotarnos de las condiciones y los recursos necesarios para ejercer nuestra profesión de la mejor manera posible.
Cuando alguien se para a pensar lo que significa acompañar a 25 niños durante cinco horas al día, cada uno con sus necesidades, sus emociones y sus ritmos de aprendizaje, empieza a comprender la complejidad de nuestro trabajo
¿Cuál es la necesidad más urgente que tienen los docentes?
–Creo que necesitamos más recursos humanos en las aulas, reducir la carga burocrática y disponer de más tiempo y conocimientos para atender al alumnado. A esto añadiría una necesidad que considero fundamental: seguir formándonos en educación emocional, tanto a nivel personal como profesional. Como docentes, necesitamos conocernos mejor, comprender nuestras propias emociones y aprender a gestionarlas para poder acompañar al alumnado en este ámbito. La educación emocional es una parte esencial del desarrollo humano y, sin embargo, no siempre recibe la atención que merece. No podemos olvidar que detrás de cada alumno hay una persona que está aprendiendo a conocerse, a relacionarse y a gestionar lo que siente. Para acompañarla en ese proceso, nosotros también necesitamos herramientas y formación.
Es muy activo en redes sociales, ¿qué consejo da a los padres para mejorar la educación de sus hijos?
No soy muy partidario de dar consejos, porque cada familia y cada niño son diferentes. Sin embargo, recuerdo haber leído en un libro una reflexión que me pareció muy acertada: para acompañar adecuadamente la crianza, es importante contar, como mínimo, con herramientas y recursos educativos o realizar un proceso de crecimiento personal. Y creo que ambas cosas son fundamentales, porque no podemos acompañar a nuestros hijos de una manera consciente si no aprendemos también a conocernos a nosotros mismos. Si tuviera que hacer una sugerencia a las familias, les diría que intentaran reservar cada día un rato de tiempo de calidad exclusivo para sus hijos, sin pantallas ni otras distracciones, estando realmente presentes. Vivimos a un ritmo frenético y, a veces, estamos tan pendientes de todo lo que tenemos que hacer que nos olvidamos de parar y conectar con ellos. Muchas veces, no necesitan que hagamos más cosas por ellos, sino que estemos más presentes cuando estamos con ellos.
¿Y a otros docentes?
–A otros docentes les diría, en primer lugar, que eduquemos siempre desde el respeto y que tengamos en cuenta las necesidades, los ritmos y los procesos de aprendizaje de cada alumno. Es importante conocer sus intereses, descubrir su potencial y ayudarles a reconocer las habilidades y los talentos que cada uno lleva dentro. Nuestra labor no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino también en ayudar a cada niño a descubrir quién es, desarrollar sus capacidades y ponerlas al servicio del mundo. Para mí, educar también significa acompañarles para que puedan convertirse en la mejor versión de sí mismos. Y me gustaría terminar con una frase que me emociona especialmente y que refleja muy bien mi manera de entender la educación: «Si fuésemos conscientes de cómo la infancia define la vida adulta, veríamos la crianza como el mayor acto de amor». Porque educar a un niño es mucho más que prepararlo para el presente; es también contribuir a la persona que será mañana.
A otros docentes les diría, en primer lugar, que eduquemos siempre desde el respeto y que tengamos en cuenta las necesidades, los ritmos y los procesos de aprendizaje de cada alumno
