¿Hablas conmigo… DECINE? con Darío Grandinetti, presenta 'Después de Kim'
La conversación arranca con la película y con el personaje que interpreta Grandinetti, un hombre jubilado, atravesado por las pérdidas y por una relación familiar rota que vuelve a ponerse en juego con un hecho trágico. El actor explica que lo que más le interesó del papel fue esa mezcla de mal humor, fragilidad y avance imparable, una paradoja que le permite construir un personaje complejo, creíble y lleno de matices.
También destaca el buen entendimiento con Adriana Ozores, con quien comparte una relación marcada por la distancia emocional, el desencuentro y la necesidad de reconstruir lo que quedó suspendido. En la película, subraya, no solo importa la intriga, sino el modo en que dos personas aprenden a convivir con sus prejuicios y a descubrir que la verdad de los otros rara vez coincide con la primera impresión.
Uno de los momentos más humanos de la charla llega cuando Areste pregunta por el fallecimiento de Luis Brandoni, con quien Grandinetti trabajó en su primera película. El intérprete responde con honestidad y sin rodeos: reconoce el vínculo profesional y afectivo, pero rechaza hacer el duelo de forma pública. No le gusta convertir una pérdida reciente en un gesto de exhibición, ni aceptar homenajes improvisados que le resultan forzados.
Esa postura da pie a una reflexión más amplia sobre la relación entre los medios, la intimidad y la rapidez con la que todo se vuelve relato. Grandinetti prefiere guardar el recuerdo para un tiempo más sereno, cuando el afecto no suene a trámite ni a obligación. Su respuesta, lejos de esquivar la cuestión, la coloca en el terreno del respeto y de la verdad emocional.
La charla también se abre hacia su presente profesional. Grandinetti confiesa que aún no ha iniciado los trámites de jubilación y que no piensa dejar de actuar por ahora. Dice que, aunque el teatro es su refugio natural, no siente una dependencia absoluta del trabajo interpretativo: tiene hijos, amigos, familia y otras cosas que le sostienen la vida. Pero añade, con claridad, que actuar es lo que más le gusta.
En ese punto, Areste y Grandinetti coinciden en una idea esencial: el teatro sigue siendo una ceremonia irreemplazable. El actor defiende que la experiencia directa entre escena y platea no puede ser sustituida por la inteligencia artificial, porque el hecho teatral depende del encuentro vivo entre quienes actúan y quienes miran. Y recuerda que, en un oficio hecho de juego, también hay lugar para el placer, la curiosidad y la búsqueda de historias que merezcan la pena.
Otro de los tramos más interesantes de la entrevista llega cuando Areste le pregunta por sus interpretaciones de personajes reales, como el papa Francisco, Juan Perón, Menotti o Haroldo Conti. Grandinetti aclara que nunca le han pedido una imitación exacta ni una copia de la voz o los gestos. Su método pasa por otra vía: investigar quién fue esa persona, qué le ocurrió y qué tensiones interiores arrastra su figura.
El actor explica que, en esos casos, incorpora detalles de la biografía al personaje sin convertirlo en una réplica. Habla de la cadera del papa, de la manera de caminar, del contexto vital de cada uno, pero siempre desde una lógica de interpretación y no de mimetismo. Para él, el valor está en comprender al personaje desde dentro, no en reproducirlo como una postal.
A lo largo de la conversación, Grandinetti deja claro que no ha construido su carrera con una estrategia cerrada, sino a partir de los proyectos que le han ido interesando. Reconoce que elige más por lo que le ofrecen que por una planificación previa, aunque también sabe decir que no a ciertas historias. Prefiere, en general, las películas y obras donde los personajes tienen zonas grises, contradicciones y relaciones humanas complejas.
Por eso el teatro sigue ocupando un lugar central en su vida artística. Allí, dice, tiene más tiempo para ensayar, profundizar y recorrer de principio a fin la historia del personaje. Y allí también encuentra una verdad escénica que el cine y la televisión, con todas sus virtudes, no terminan de igualar. El resultado es una conversación amable, rica y muy en la línea de otras entregas de ‘Hablas conmigo de cine’, una serie de charlas que en Magisterio ya ha reunido a nombres destacados del sector cinematográfico.


