Microsoft y Siena Educación dan voz a las mujeres de la IA en España en educaIA 2026

La tercera jornada formativa educaIA reunió a 20 mujeres referentes en el campo de la inteligencia artificial para detenerse a reflexionar a lo largo de una mañana sobre cómo lograr que la IA responda a las necesidades de nuestra sociedad. En el encuentro se apostó por una educación al servicio de la persona y por una vuelta a la esencia: el vínculo humano como núcleo de la legitimidad de la escuela.
MagisterioJueves, 25 de junio de 2026
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Martina Freire (Globant), interviniendo, con Carmen Llopis e Iria Mata (izqda) y Beatriz Calvo (Nunsys Group) en la mesa redonda sobre la competencia digital real. © FOTOS: JORGE ZORRILLA

La sede de Microsoft Ibérica en Pozuelo de Alarcón se convirtió este miércoles en un gran foro sobre el futuro educativo con la celebración de educaIA 2026, organizado por Siena Educación, Microsoft y Founderz con la Universidad Europea como patrocinadora principal y el apoyo de UNIE, IE y Nunsys Group. Con 250 asistentes presenciales y 300 personas conectadas en streaming, la jornada reunió a voces muy distintas, pero con una preocupación común: cómo integrar la inteligencia artificial sin renunciar a la calidad humana del aprendizaje. Desde el Ministerio hasta la universidad, pasando por la empresa tecnológica y la escuela, todas coincidieron en que la IA no es ya una promesa de futuro, sino una realidad que obliga a revisar evaluación, currículo, liderazgo y formación docente.

Condujo el encuentro la periodista Gemma Rodríguez Betrián.

Con la periodista Gemma Rodríguez Betrián como presentadora, la bienvenida corrió a cargo de Sonia Marzo y Pedro Moreno, por Microsoft España, junto a José María de Moya y Elena Casero, de Siena Educación. Marzo arrancó agradeciendo espacios para la reflexión como educaIA, pero también como los National Education AI Forum celebrados este curso en Barcelona y Valencia. Elena Casero, por su parte, apuntó al I Foro Europeo educaIA que, organizado por Siena Educación y la Fundación Diálogos con el apoyo de la Xunta de Galicia, tendrá lugar en Santiago de Compostela el 2 de octubre. Pedro Moreno puso en valor el hackaton celabrado en varios espacios de la sede de Microsoft de forma simultánea a las intervenciones en el auditorio, con más de una veintena de docentes diseñando y poniendo en marcha, en equipo, tres agentes educativos con Copilot Chat y Agent Builder listos para ser utilizados en sus aulas. En cuanto a José María de Moya, explicó cómo se está incorporando la IA en Siena, con herramientas específicas y propuestas concretas englobadas en Gabinete IA, de la mano del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública.

Sonia Marzo, Elena Casero, Pedro Moreno e, interviniendo, José María de Moya, en la bienvenida a educaIA 2026.
Educar, un acto de confianza en las personas

Abelardo de la Rosa, secretario de Estado de Educación, que finalmente no pudo acudir al encuentro por problemas de agenda, intervino desde el Ministerio agradeciendo la organización del foro, en un momento en que la reflexión sobre el papel de la IA en educación resulta «imprescindible». Lo hizo con una advertencia: la IA debe incorporarse con criterios de uso ético, perspectiva de género, identidad cultural, privacidad y soberanía de los datos. Al tiempo, recomendó la guía del Ministerio sobre el uso educativo de la IA y recordó que la educación conserva un «factor humano insustituible». En su intervención defendió también la «independencia cognitiva del alumnado» y pidió proteger la creatividad y el espíritu crítico frente a la dependencia tecnológica.

María Comín, directora de Educación en EMEA de Microsoft, intervino desde Londres para subrayar el valor del talento femenino y la necesidad de seguir impulsando innovación y liderazgo con las mujeres en el centro.

Abelardo de la Rosa y María Comín, en la bienvenida a educaIA 2026.

Javier Rodríguez Torres, director general de Planificación y Gestión Educativa del Ministerio de Educación, señaló en su intervención que «la transformación digital solo es transformación si incorpora todo el talento disponible», y agradeció a la organización el haber puesto en foco en las mujeres en esta tercera jornada de reflexión, investigación e innovación. En un momento en que toca plantearse «hasta dónde» puede llegar la IA, «sin ingenuidad ni alarmismo», para él, el verdadero desafío es «saber pensar cuando tenemos una inteligencia artificial delante». También advirtió de que la educación sigue obligada a formar ciudadanos libres, críticos y responsables, con creatividad, empatía, sentido ético y capacidad de colaboración, y de que la relación docente-alumno continúa siendo el corazón del sistema, con la mirada del docente preparada par detectar talento y acompañar al alumno con capacidad de escucha para ayudarle a enseñar a pensar, a comprender el mundo y convivir con los demás. Partiendo de estas premisas, la cuestión es cómo incorporar la IA, con qué propósito, y, también, con qué límites. Rodríguez Torres, que hizo alusión a la obra de Daniel Kahneman Pensar rápido, pensar despacio, hizo una defensa del «pensamiento propio» y la capacidad de hacerse buenas preguntas en tiempos de IA.

Javier Rodríguez Torres, director de Planificación y Gestión Educativa del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes.
La gran conversación sobre cómo se está transformando la educación
Tíscar Lara y Paloma J. Velasco, en la primera de las conversaciones.

La conversación inaugural entre Tíscar Lara, directora de Transformación y Comunicación Digital del Instituto Cervantes, y Paloma J. Velasco, decana de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Educación y Humanidades de la Universidad Europea de Madrid, fue uno de los puntos más conceptuales de la mañana. Lara insistió en que la IA no es una simple herramienta, sino una «infraestructura crítica de propósito general» que afecta a cómo aprendemos, cómo nos informamos y hasta cómo tomamos decisiones como sociedad. Por eso reclamó detenerse, mirarse en el espejo y decidir qué está haciendo bien y merece seguir haciendo la escuela. «No hablamos de una tecnología más», vino a decir, sino de un cambio de naturaleza que exige pensar con seriedad el futuro educativo, sin dejarnos arrastrar por la inercia.

Para Lara, no se trata de inventar nada nuevo sino de ir a la esencia y aferrarse a lo nuclear de la educación. El reto, por tanto, es desarrollar criterio propio, pensamiento crítico y capacidad creativa o, dicho de otro modo, educar ciudadanos libres, críticos y responsables, capaces de transformar su sociedad. Frente a esto, alertó de los riesgos de la «pereza cognitiva» y de la atrofia que puede producir una descarga excesiva de trabajo sobre la máquina. «Hay que aprender despacio para luego poder pensar rápido», resumió, defendiendo que la IA solo debe entrar donde aporte valor y no donde debilite el andamiaje intelectual del alumno.

Paloma J. Velasco acompañó esa idea con una pregunta de fondo: si cambia el aprendizaje, debe cambiar también lo que evaluamos. Su intervención puso el acento en que el sistema no puede seguir fijándose solo en resultados finales, porque la IA ya produce respuestas, textos y hasta defensas aparentemente impecables. El gran giro, defendió, está en volver a mirar el proceso, el pensamiento y la manera en que el alumno llega a una conclusión. En esa línea, su advertencia fue tajante: la evaluación no puede ser un mero trámite, porque es la que termina marcando qué enseñamos y cómo lo enseñamos.

¿Qué merece realmente ser evaluado en tiempos de IA?
Paloma J. Velasco, Cristina Villalonga, Clara Cordero y Loreto Gómez abordaron cómo debe transformarse la evaluación.

El primer bloque, con Cristina Villalonga (Universidad Nebrija), Clara Cordero (Universidad Rey Juan Carlos) y Loreto Gómez (IE University), puso el foco en la obsolescencia del modelo tradicional de evaluación. Todas coincidieron en que la IA ha dejado en evidencia un problema previo: la escuela y la universidad llevaban tiempo midiendo demasiado el producto y demasiado poco el proceso. Clara Cordero defendió que el aula debe convertirse en un espacio de «artesanos del pensamiento», donde se valore la generación de ideas y la capacidad de darles forma, no solo la respuesta correcta al final del camino.

Cristina Villalonga recordó que hoy «es muy fácil estudiar y muy difícil aprender», y explicó que la evaluación debe buscar fricción cognitiva, esa incomodidad en el aprendiz que obliga a pensar, a contrastar y a no quedarse en la primera capa de información. Loreto Gómez añadió que la clave está en evaluar no solo lo que el alumno entrega, sino también cómo trabaja, cómo participa y cómo decide, porque el proceso es ya parte del aprendizaje y no un simple trámite previo al examen.

Por su parte, Paloma J. Velasco proclamó que «la evaluación es quien nos marca el camino, el aprendizaje»: «Dime cómo evalúas y te diré cómo enseñas» y apostando por «volver a los básicos». Para Paloma J. Velasco, la crisis de la evaluación estaba ya antes de la irrupción de la IA, y apostó, en tiempos de IA, por modelos de aprendizaje híbrido persona-máquina decidiendo, por ejemplo, qué respuesta de las que me aporta la IA es la buena. El docente, explicó, debe ser responsable de definir dónde se puede emplear la IA, dónde no, y donde sí se puede cómo evaluar su uso.

Flexibilidad cognitiva, capacidad de enfrentarse a un evento incierto, planificación estratégica, pensamiento crítico… son algunas de las habilidades que merecen ser evaluadas en tiempos de IA, coincidieron todas ellas.

La brecha invisible no es solo de herramientas

El segundo bloque, con Beatriz Calvo, Carmen Llopis, Iria Mata y Martina Freire, se centró en «lo que no estamos viendo». Beatriz Calvo, de Nunsys Group, recordó que la tecnología entró ya en las aulas, pero el sistema no estaba preparado para gobernarla. Iria Mata, de Fundación Cotec, defendió que el liderazgo debe ser pedagógico, coherente y acompañado de recursos seguros, porque no puede recaer todo el peso en el docente o en el equipo directivo. La conclusión de fondo fue que la gran brecha no es de acceso, sino de uso significativo.

Martina Freire, de Globant, utilizó una imagen muy gráfica: la transformación organizacional es como un bote a remos en el que cada miembro avanza a un ritmo distinto; solo se cambia de rumbo si todos reman hacia el mismo lado. Esa idea enlazó con la de Beatriz Calvo, que pidió un mejor ecosistema de datos para personalizar el aprendizaje. «Trash in, trash out», recordó, para subrayar que sin datos de calidad la IA no puede devolver valor educativo real. En su diagnóstico, la IA no transforma por el mero hecho de estar presente: solo lo hace cuando se inserta en un diseño pedagógico y en una gobernanza capaces de sostenerla.

Carmen Llopis, de No solo son pantallas, añadió que normalizar la IA exige coherencia normativa y una integración que no deje «las alas cortadas» a los centros. Su diagnóstico fue claro: si queremos aprovechar la innovación, la regulación debe facilitar el uso responsable y no convertir la tecnología en un laberinto burocrático que frene precisamente lo que quiere ordenar. La mesa dejó también otra advertencia importante: la digitalización no puede ser solo un despliegue técnico, porque sin liderazgo compartido, sin recursos y sin comunicación entre administración y centros, la innovación se queda en la superficie.

La escuela como "laboratorio de vida"
Paloma Durán, Luisiana Rodríguez, Gloria Placer y Carmen Pellicer en el bloque 3, ‘Escuela, centralidad y vínculo humano’.

En el tramo final de la mañana, Carmen Pellicer, presidenta de la Fundación Trilema, puso sobre la mesa el debate más profundo. Su tesis fue nítida: no basta con hablar de educación emocional, porque «no se educan las emociones, sino las virtudes». Pellicer defendió la formación integral del alumnado y pidió rescatar la idea de carácter, compromiso ético, autorregulación y responsabilidad como fines irrenunciables de la escuela. Frente a una época que mide todo en eficiencia, reivindicó volver a educar buenas personas. Su intervención conectó con una idea que ya había defendido en otras ocasiones y que aquí volvió a adquirir centralidad: la educación debe mirar a la persona entera, no a piezas separadas.

Pellicer recordó que el hacer puede quedar cada vez más en manos de la máquina, pero a la escuela le corresponde ocupar el espacio del ser. Por eso insistió en que el vínculo educativo sigue siendo insustituible: mirar al alumno, poner límites, acompañar en la dificultad y sostener un proyecto común. Su llamada a la escuela como espacio de carácter y de valores fue una de las más aplaudidas de la jornada. También subrayó que no se puede disociar a la persona en competencias aisladas, porque la misión escolar sigue siendo formar ciudadanos capaces de convivir, decidir y comprometerse con el bien común. Para Pellicer, la escuela es un «laboratorio de vida», el lugar para crear vínculos emocionales sanos, pero no egocéntricos, sino altruistas, sin perder nunca de vista que la finalidad de la escuela obligatoria es enseñar a vivir.

La propia Pellicer encontró eco en la conversación con Gloria Placer, de la Fundación Vodafone, Luisana Rodríguez, de UNIE, y Paloma Durán, consultora de Naciones Unidas. Durán recordó una imagen tan sencilla como poderosa: la IA puede ayudar, pero no tiene «un corazón para mirar a cada alumno». Desde esa premisa, defendió la presencia, la empatía y el diálogo como rasgos que ninguna automatización puede reemplazar. Luisana Rodríguez, por su parte, insistió en que la escuela sigue siendo el lugar donde se aprende a convivir, a asumir responsabilidad y a construir futuros compartidos.

En conexión desde México, Bertha Saldívar, del Tecnológico de Monterrey, dejó otra advertencia que condensó bien el espíritu del bloque: el riesgo no está en incorporar IA, sino en reducir la educación a eficiencia, personalización o productividad. Si la tecnología se usa para ganar velocidad y perder profundidad, el precio será demasiado alto. Su intervención sirvió para reforzar la idea de que el vínculo humano no es un adorno del sistema, sino el núcleo de su legitimidad.

La ansiedad del algoritmo
La psicóloga Beatriz Mª Urra, en su conferencia ‘La ansiedad del algoritmo’.

Si Beatriz Calvo, de Nunsys Group, había planteado como un escenario poco deseable pero no tan improbable «una sociedad de zombis que solo saben buscar consultar el algoritmo para ver qué les dice», la conferencia de Beatriz Mª Urra, psicóloga de la Clínica RECURRA-GINSO, dibujó una idea central: la tecnología no explica por sí sola el malestar actual de los menores, pero sí puede amplificar vulnerabilidades de partida. Su diagnóstico fue claro: cada vez llegan a consulta chicos y chicas más jóvenes y con problemas más graves, en un escenario donde la inteligencia artificial, las redes sociales y otros entornos digitales actúan como aceleradores de la presión emocional.

Urra explicó que en su trabajo diario ve una realidad preocupante: familias desbordadas, conflictos intensos, absentismo escolar, consumo de sustancias y dificultades de convivencia que llegan a edades cada vez más tempranas. Frente a la idea de que todo se explica por la inteligencia artificial o por las redes, defendió una lectura más compleja: el problema no es una sola herramienta, sino la suma de factores que afecta al desarrollo de niños y adolescentes.

La psicóloga alertó de que muchos adultos responden desde el miedo y caen en el reflejo de controlar todo lo que hacen sus hijos. A su juicio, esa estrategia puede cerrar el diálogo y empujar a los menores a un mayor secretismo. Frente a ello, reivindicó una presencia adulta que acompañe, un adulto presente, no vigilante, que escuche y que no convierta la relación educativa en una sucesión de prohibiciones. Urra enlazaba así con intervenciones previas que subrayaron la importancia del vínculo y el apoyo de los adultos de referencia, como padres y docentes, frente a una IA que siempre te da la razón, porque así se la ha entrenado, dando lugar a un refuerzo positivo que en muchos casos acaba enganchando a los adolescentes. «Los adolescentes necesitan referentes. Si no lo encuentran en su familia o sus profesores, van a buscar ese referente en la IA, que siempre es condescendiente, que siempre refuerza», subrayó, con el consiguiente riesgo para determinados perfiles (obsesivos, hipocondriacos, tendentes a una comparación enfermiza con los demás, inseguros con su cuerpo…). Urra aseguró que lo que tiene lugar entre el adolescente y la IA no es un diálogo, y, desde luego no fomenta la empatía, sino, al contrario, el egocentrismo. De ningún modo, continuó, la IA puede ser un sostén emocional. Como mucho, una tirita, pero «el vínculo sigue siendo humano». «No te enganchas a la tecnología, te enganchas a lo que te hace sentir», concluyó.

Programas de formación docente y nuevos itinerarios
Anna Cejudo (de pie) y Sonia Marzo y Amaya Arigita explicaron cómo se está formando ya a los docentes en IA desde Founderz, Microsoft y la UAM.

Anna Cejudo, co-CEO de Founderz, y Amaya Arigita, Vicedecana de Cultura, Compromiso Social y Comunicación Institucional de la Universidad Autónoma de Madrid, protagonizaron la conferencia de clausura de la jornada con un mensaje compartido: la inteligencia artificial ya está en las aulas y no basta con sumarla como una capa más de tecnología. Ambas defendieron que el reto es mucho mayor y obliga a replantear qué significa aprender, enseñar y evaluar en un contexto en el que la IA atraviesa todos los sectores y todos los niveles educativos, y cómo hacerlo de forma ética y responsable.

Cejudo subrayó que la conversación ya no es si la IA ha entrado en la educación, sino cómo se está usando y con qué propósito. A su juicio, esta tecnología no deshumaniza por sí misma, sino que abre una oportunidad para volver a las preguntas esenciales: qué queremos automatizar, qué debe seguir requiriendo esfuerzo y qué lugar ocupa el criterio pedagógico del docente. En ese sentido, insistió en que el acompañamiento es tan importante como la herramienta y en que los profesores no pueden sentirse solos ante la incertidumbre.

La responsable de Founderz recordó que la organización trabaja desde hace años en la intersección entre inteligencia artificial, aprendizaje y futuro laboral, con programas de formación junto a Microsoft y una comunidad internacional de cientos de miles de alumnos. También puso el foco en la cátedra de empleabilidad y uso responsable de la inteligencia artificial impulsada junto a la Universidad Autónoma de Madrid, una alianza público-privada destinada a fomentar la investigación, la divulgación y el debate sobre cómo integrar estas herramientas de forma segura y útil tanto en el ámbito educativo como en el profesional.

Cejudo defendió además nuevos itinerarios de formación para docentes que permitan integrar la IA en las aulas con sentido pedagógico y sin perder de vista la dimensión humana. Recordó que el valor de la educación no está en la herramienta, sino en la relación entre quien enseña y quien aprende, y en la capacidad de adaptar la tecnología a cada etapa, cada centro y cada necesidad.

Por su parte, Amaya Arigita explicó que en la Universidad Autónoma de Madrid ya se está trabajando para incorporar el uso de la inteligencia artificial en las guías docentes, bajo supervisión del profesorado y con respaldo institucional. Según detalló, esta medida busca dar seguridad a docentes y estudiantes en un contexto en el que el alumnado ya utiliza estas herramientas, pero no siempre con el criterio necesario.

Arigita señaló que el primer desafío es enseñar a preguntar bien. Frente al uso de la IA como un atajo para copiar y pegar, defendió un aprendizaje basado en prompts bien construidos, en la formulación de preguntas encadenadas y en el pensamiento crítico. En su experiencia, esta metodología ayuda a que el alumnado deje de usar la tecnología como una simple máquina de respuestas y la convierta en un apoyo para explorar ideas, organizar proyectos y profundizar en los contenidos.

La docente relató también experiencias prácticas en el aula, especialmente en titulaciones vinculadas a Educación Infantil y Primaria, donde la IA se ha utilizado en simulaciones de entrevistas y en dinámicas en las que actúa como tutor, alumno o familia. A su juicio, estas prácticas demuestran que la inteligencia artificial puede ser una aliada valiosa si se introduce con acompañamiento y con una finalidad pedagógica clara.

Arigita concluyó que el reto no es prohibir la tecnología, sino empezar a enseñarla mucho antes de que el alumnado llegue a la universidad. Solo así, sostuvo, será posible evitar usos mecánicos o superficiales y convertir la IA en un recurso que ayude a aprender mejor, con más criterio y sin perder de vista que el humano debe seguir estando en el centro.

Algunos de los docentes que participaron en el ‘hackaton’.
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