Elena del Pilar Jiménez-Pérez: "El problema no es la tecnología, es la falta de control con las redes sociales"
Los resultados en comprensión lectora del último informe PISA han resultado demoledores para nuestro alumnado. Algo que muchos ya anunciaban desde hace tiempo, como apunta la asesora de Cuadernos Rubio y experta en Neuroeducación, IA y competencias clave, Elena del Pilar Jiménez-Pérez, titular del Departamento de Didáctica de la Universidad de Málaga y presidenta de la Asociación Española de Comprensión Lectora. «El problema no es la tecnología ni la IA, que ya forma parte de nuestras vidas y debemos relacionarnos de manera sana con ella. Es el uso que le damos en casa y en las aulas», explica Jiménez-Pérez, quien sí que señala directamente a las redes sociales como parte del problema: «Sus algoritmos agresivos buscan emborrachar las neuronas de dopamina para crear dependencia y ganar más y más dinero cada vez. Algunos estudios apuntan a que producen el mismo efecto que las drogas, por ejemplo, síndrome de abstinencia, agresividad, falta de control, incapacidad de concentrarse, impulsividad, inmadurez, pérdida de capacidad de razonamiento… En cerebros aún por formar, es una verdadera bomba de relojería».
La experta apunta a que, si analizamos los países que han quedado mejor en el informe PISA, muchos de ellos, como Finlandia, Singapur, Japón o China, apuestan de manera firme por la tecnología, pero limitan o directamente prohíben el acceso de menores a las redes sociales. «No soy de prohibir, pero al menos limitaría el acceso antes de los 16 años. Y es algo en lo que padres y profesorado tienen que sumar, porque no podemos confiar en la legislación y menos aún en la autorregulación de las tecnológicas en este punto», señala.
«La adolescencia es una etapa de extraordinaria sensibilidad. Es cuando el ser humano desarrolla su capacidad de tomar decisiones con conocimiento de sus consecuencias a medio y largo plazo, a través de la maduración del neocórtex frontal y regulación en el sistema límbico, y cuando se producen de manera más intensa las podas posinápticas de esta etapa», indica la experta, por lo que apunta a la importancia de acompañarlos en el acercamiento a este entorno. En cuanto a los docentes, apuesta desde hace años por la importancia de la neuroeducación porque «el cerebro de los jóvenes ha cambiado con el uso de la tecnología y de la IA, que han llegado para quedarse. El reto es saber cómo funciona ahora para poder acompañarlos».
La profesora enumera seis motivos que nos pueden alertar de que nuestros niños y niñas tienen un problema con la tecnología, que puede afectar en el futuro a su atención y a su capacidad de comprensión:
- Si corta la atención voluntariamente mientras mira una serie o conversa contigo para comprobar algo en el móvil. Debe ser capaz de centrarse en una sola cuestión durante el proceso comunicativo.
- Si lo primero y lo último que hace en el día está relacionado con el móvil o la tableta.
- Si para relajarse su primera opción es la tableta o el móvil.
- Si muestra ansiedad o, peor aún, agresividad, si le retiras el dispositivo.
- Si sus temas de conversación giran principalmente en torno a las redes sociales y sus temáticas de moda.
- Si no es capaz de relacionarse con sus iguales en edad con fluidez y naturalidad, los conozca o no.
Para Jiménez-Pérez un niño o una niña con una relación sana con la tecnología entregará el dispositivo cuando se lo pidas sin problema o lo pedirá con naturalidad al concluir una conversación, sin imponerlo ni esconderse.
Al hilo de esta situación, la asesora de la editorial Rubio propone 10 sencillos tips para ayudar a los más jóvenes a mejorar la capacidad de comprensión lectora y de su entorno:
- Fomentar la lectura en familia y tratar de leer en papel como mínimo el 50 % de nuestras lecturas.
- Incluir lecturas literarias en sus hábitos, sí o sí. Es la forma natural de entrenar la competencia lectora.
- Fomentar la lectura de autores clásicos de forma progresiva. Aunque sin entrenamiento es contraproducente, puede ayudar a exponerlos a frases más complejas y a un vocabulario más rico y extenso. Es una forma de elegir si deseas que la arquitectura de tu cerebro sea una chabola o Versalles.
- Apostar por formatos breves. Tener siempre a mano microrrelatos, cómics, tebeos o revistas (por ejemplo, en el coche) para aprovechar trayectos o esperas cortas.
- Leer en el supermercado. Proponerles comparar las etiquetas de productos similares durante la compra para analizar la información y elegir la mejor opción.
- Contrastar la información. Comprobar la misma noticia en varios medios de comunicación escritos y compararlas.
- Cocinar en equipo, dejando que nos guíen en la cocina mientras leen en voz alta y nos explican paso a paso los detalles de una receta.
- Un «¿Sabías que…?» diario: compartir un dato curioso durante la comida o cena familiar. La persona a la que le toque el turno elige el tema e investiga previamente.
- Jugar a los detectives con la IA: hacerle una pregunta sobre actualidad o historia a la inteligencia artificial y verificar si la respuesta ajusta los datos a la realidad, si se inventa información o si existen otras versiones.
- Evitar las pantallas tras el anochecer para no alterar los ritmos circadianos, lo que evita desajustes hormonales (como la alteración del cortisol) y problemas para conciliar el sueño.
