Proyecto Yasira, una iniciativa "de todos" para "prevenir el 'bullying' y detectar el acoso escolar antes de que sea demasiado tarde"
Ismael Maceira, CEO de Samira DTX y Proyecto Yasira, presentando su iniciativa para la prevención del 'bullying' en el auditorio de las oficinas de Microsoft Ibérica. ®MICROSOFT.
«¿Qué pasaría si una enfermedad crónica cambiara vuestra vida por completo… pero no fuera lo peor que os ocurriera?».
Ismael Maceira tenía 12 años cuando fue diagnosticado de COVID persistente, una enfermedad crónica por la que dejó «de hacer deporte, de salir con amigos» y que le mantuvo visitando las consultas de unos y otros médicos durante años. No obstante, lo peor no fue aquella enfermedad, sino «el bullying, la soledad, el miedo». «Las risas, las miradas, los comentarios, el sentirse señalado… deja heridas que nadie ve, que permanecen contigo para siempre». Esta situación le causó una «profunda depresión, ansiedad y agorafobia», que él, no obstante, decidió convertir en algo positivo.
«¿Qué pasaría si convierto este dolor en algo que pueda ayudar a muchas otras personas?», se planteó. «Las cicatrices quedan para siempre, pero si puedes construirlas en algo que pueda servir a otras personas… yo no elegí vivir aquella historia, pero sí elijo qué hacer con ella«, reflexionó.
Así desarrolló, con 16 años, Samira DTX, una startup de salud amparada en la tecnología. Y así presentó este martes, en las oficinas de Microsoft Ibérica, Proyecto Yasira, una iniciativa tecnológica que nace de la promesa de «que ningún niño tenga que volver a entrar con miedo al colegio, a sentirse solo fuera ni dentro de él, mal por ser él mismo». «El futuro no debería enseñar a los niños a sobrevivir al bullying, sino a ser ellos mismos», indicó Maceira con un emotivo discurso en el que supuso el acto de bienvenida al mundo de su proyecto, apoyado por entidades como Microsoft, Letcraft Education o AEPAE, entre otras.
Proyecto Yasira nace desde la tecnología y la innovación para «enseñar empatía, respeto, prevenir el bullying y detectar el acoso escolar antes de que sea demasiado tarde», según su creador. ¿Cómo lo va a hacer? A través de diferentes recursos, entre los que ya están los videojuegos. Para esta misión, Maceira cuenta con un aliado de lujo: Letcraft Education.
Con el objetivo de que los alumnos «aprendan haciendo» y aprovechar desde las aulas el potencial de los videojuegos para «mejorar habilidades», la compañía especializada en innovación educativa ha desarrollado un «entorno seguro» en Minecraft para aportar su granito de arena a esta causa contra el bullying. Su videojuego, un recurso gratuito que ya está disponible para todos los colegios en la página web oficial de la iniciativa, se basa, tal y como explicó Andrea Plaza, Education Manager en Letcraft Education, en una semana en la escuela.
Este mundo virtual posee distintos escenarios que permitirán a estudiantes de entre 9 y 14 años, en una actividad que desarrollarán en dos sesiones en su aula, observar y entender qué es el bullying, aprendiendo a detectar comportamientos de acoso y sus diferentes roles (acosado, acosador, observador).

En el juego, los personajes convivirán durante una semana en distintos espacios de la escuela, donde se enfrentarán a dilemas que pondrán a prueba su empatía. A cada paso que den ocurrirán situaciones a las que deberán enfrentarse según las tres opciones diferentes que les serán planteadas. En función de las decisiones que tomen los alumnos, el juego avanzará de una manera u otra hacia tres finales diferentes.
La información derivada de todas sus decisiones se recogerá en el videojuego en las dos jornadas de clase y será recopilada por el docente, que llevará los debates planteados en el mundo virtual al entorno real para trabajar la empatía en el aula y prevenir situaciones de bullying.
Con este recurso de Proyecto Yasira, Carlos Escobar, socio cofundador y CMO de Samira DTX, explicó que pretenden «que el niño aprenda empatía y que las acciones que haga tienen consecuencias». Las distintas situaciones que plantea el mundo virtual, valoró, permitirán ver «cómo se comporta el niño, identificar a las víctimas y acosadores y actuar sobre ello detectando las señales». «Con todo ello, buscamos acompañar a quienes sufren bullying, que, en realidad, somos todos», analizó Escobar.
Además de la emotiva presentación del proyecto por parte de su creador y de la explicación del videojuego como primer recurso disponible del Proyecto Yasira, el acto de presentación supuso la ocasión perfecta para hacer una radiografía de la situación actual del bullying y las políticas de prevención ante el mismo en España.
Si bien no quiso caer en la negatividad, Enrique Pérez-Carrillo, presidente de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar, reconoció que el sistema, que «siempre llega tarde y se protege a sí mismo«, «está perpetuando el acoso escolar«.
Según el experto en prevención e intervención ante el acoso escolar, el caso de Ismael es «recurrente», pues «se repiten mantras que no son correctos». Pérez-Carrillo señaló algunos de los factores que ponen en riesgo la correcta convivencia en las aulas, como unas ratio muy altas que hacen que «al docente le cueste mucho hacer un seguimiento a los menores«.
Según destacó, la figura del coordinador de bienestar y protección, obligatoria en todos los centros educativos españoles para prevenir, detectar y actuar frente al bullying y cualquier forma de violencia contra la infancia, «no va a funcionar si no tiene una formación realista más allá de un curso de pocas horas que no aterriza realmente qué es el acoso escolar; si no tiene tiempo para hacer la labor; y si no se reconoce su labor». Dicha figura forma parte de la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y a la Adolescencia frente a la Violencia, texto aprobado el 4 de junio de 2021. En este sentido, el presidente de la AEPAE, consideró que «a veces se hacen textos muy bonitos, necesarios, pero que no se están cumpliendo en la propia esencia de la ley«: en dicho texto se hace referencia al «interés superior del menor», pero, «hoy en día, el acoso no está por encima del mismo».

Pérez-Carrillo narró cómo desde la organización, que lleva en activo 21 años y ha atendido a 9.000 víctimas severas, observan que «estamos en el mismo punto de hace 21 años, que fue el primer caso de suicidio mediático por acoso, el caso de Jokin Ceberio«. Esto, en parte, se debe a que el sistema español es «reactivo», centrado en «qué hacer cuando la casa ya se ha quemado», y basado en un protocolo que «no se aplica en nueve de cada diez casos». «Tiene que ser muy operativo, transparente, proteger, sancionar y sensibilizar, y si no se activa o se activa tarde… el niño está en riesgo grave», recordó.
El especialista se mostró crítico con el modo de proceder de los centros educativos españoles frente al bullying. Según dijo, la mayoría no aplican el protocolo e incurren en una «trampa de ley». «Cuando un padre o una madre acude, después de meses de acoso, al colegio, para denunciar la situación de su hijo e intenta documentarlo, desde el centro dicen que están observando lo que ocurre y que no pueden ver el protocolo porque es confidencial, pero es mentira: lo que es confidencial son los datos del menor«, anunció. «El proceso es opaco, un padre o madre no tiene derecho a saber cómo el centro protege a su hijo y sanciona al acosador, y el centro tiene autonomía para aplicar el protocolo pero no lo hace… no el 100% de los centros pero sí la mayoría», añadió.
Además, Pérez-Carrillo determinó que «los datos están sesgados». «Cuando los centros abren el protocolo, bajo la insistencia de los padres, envían la documentación a Inspección sesgada. Cuando esta llega a Inspección, el caso se desestima. Nueve de cada diez protocolos que llegan a Inspección se desestiman», anunció.
En su opinión, «al centro a veces le es más cómodo que se marche la víctima que intervenir. Sino, ¿por qué los niños se cambian de centro? Porque el protocolo no les protege y el que acosa se va de rositas». «Hay centros que hacen las cosas muy bien, pero son la excepción», apuntó.
Por todo ello, el presidente de AEPAE subrayó que «las buenas intenciones, si no se hacen bien, no funciona, y a veces perpetúan el acoso escolar», y reclamó «más prevención y sensibilización, detección temprana y una intervención eficiente» contra el acoso.
