Ricardo Acosta: "El sector de la educación sigue pensando en el aula de hace 20 años"

Ricardo Acosta, director del tinerfeño CEIP La Vega, defiende una escuela conectada con los cambios sociales y tecnológicos. Reconocido por sus proyectos de innovación matemática, y por su integración del ajedrez y la robótica en sus clases, reivindica la formación permanente del profesorado para poder ayudar y acompañar en su crecimiento a los alumnos.
MagisterioViernes, 25 de septiembre de 2026
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Ricardo Acosta Alonso, Premio Educa Abanca al Mejor Docente de Educación Primaria de 2025. ®MAGISTERIO.

Ricardo Acosta es docente de Educación Primaria y Educación Física en el CEIP La Vega de Icod de los Vinos, Tenerife, que dirige desde hace una década. Durante este tiempo, el centro ha pasado de contar con poco más de 30 alumnos a multiplicar por siete su matrícula. Un crecimiento que el director atribuye a la implicación de una comunidad educativa que, según afirma, se ha convertido en una gran familia.

Su apuesta por el ajedrez, la robótica, la realidad virtual y la impresión 3D ha situado a este pequeño colegio entre los referentes de la innovación educativa. Acosta defiende que la tecnología debe incorporarse como una herramienta al servicio del aprendizaje, pero también reclama que no se pierda de vista lo esencial: mirar a los ojos al alumno.

Ha sido reconocido por proyectos educativos innovadores como Ajeduca y AjeBótica. ¿En qué consisten?

—Ajeduca comenzó hace nueve años como un proyecto específico de ajedrez educativo. Después de recibir un reconocimiento nacional como proyecto innovador, se me ocurrió fusionar el ajedrez con la robótica educativa. Entonces pasó a llamarse AjeBótica y también recibió un premio nacional.

En Primaria trabajamos las Matemáticas mediante este proyecto una o dos horas semanales. No enseñamos únicamente conceptos propios del ajedrez, sino también percepción espacial, ejes de coordenadas o fracciones. El alumnado programa los movimientos de las piezas utilizando robots como los bee-bots.

Además, desde hace dos años hemos incorporado la realidad virtual para desarrollar partidas interactivas con niños de otros países. El proyecto también incluye ajedrez en línea y diferentes rincones de aprendizaje. Comenzó centrándose exclusivamente en el ajedrez educativo, pero actualmente reúne muchos más conceptos y herramientas.

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El concepto de Aula del Futuro permite trabajar con diferentes tecnologías, edades y actividades simultáneamente dentro de un mismo espacio.

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¿Por qué eligió precisamente el ajedrez?

—Soy un apasionado del ajedrez desde pequeño. Tuve maestros que me inculcaron su importancia y mi padre también me lo transmitió. Aunque no continué practicándolo de manera profesional, siempre tuve claro que, si algún día formaba parte de un equipo directivo, impulsaría el ajedrez dentro de los centros escolares.

En Canarias tenemos la suerte de contar con el proyecto «Educando personitas, no campeones ni campeonas», promovido por la Consejería de Educación. Fomenta el ajedrez desde una perspectiva educativa y no competitiva. Nos hemos sumado a esta iniciativa y tanto el alumnado como las familias están muy implicados.

¿Qué tienen las Matemáticas de especial para usted?

—Siempre me han gustado, especialmente cuando se unen a la tecnología. En nuestra Aula del Futuro no solo trabajamos el ajedrez, la robótica o la realidad virtual, sino también la impresión 3D, la programación de aplicaciones y la inteligencia artificial. Todas estas herramientas permiten abordar numerosos conceptos matemáticos. Intento que el alumnado perciba las Matemáticas como algo natural.

¿Cómo nació el Aula del Futuro y qué está aportando al colegio?

—La creamos hace dos años prácticamente de la nada. En Canarias existía la posibilidad de poner en marcha espacios creativos que servían como repositorios de material tecnológico. Sin embargo, a mí me interesaba más el concepto de Aula del Futuro, porque permite trabajar con diferentes tecnologías, edades y actividades simultáneamente dentro de un mismo espacio.

Podemos tener a un grupo de tercero de Primaria grabando un pódcast de radio en la zona de interacción y, al mismo tiempo, a estudiantes de sexto trabajando robótica en el espacio de investigación. En otra zona puede haber alumnos elaborando el periódico escolar. Esa convivencia de proyectos es magnífica.

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Si una persona no sabe trabajar en equipo, tendrá muchas dificultades. El modelo basado en trabajos y presentaciones individuales ya no responde a lo que solicitan las empresas.

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Nos pusimos manos a la obra durante un verano mi mujer, otro docente y yo. Presentamos proyectos a convocatorias nacionales para conseguir repercusión y lograr que distintas entidades colaborasen con la dotación tecnológica. El aula se creó sin una aportación económica específica del Gobierno de Canarias. Posteriormente presentamos el proyecto al INTEF y obtuvimos un sello de excelencia con una vigencia de cuatro años.

Si una calculadora puede resolver cualquier operación, ¿por qué siguen siendo importantes las Matemáticas?

—Es una pregunta que hacen constantemente los niños: «Maestro, ¿para qué quiero aprender a dividir o a trabajar con fracciones si tengo una calculadora?». Siempre les respondo que las Matemáticas forman parte del día a día. Estamos rodeados de ellas y es fundamental adquirir esos conceptos para construir los cimientos del futuro.

No obstante, iría un poco más allá. En nuestro centro también trabajamos mucho el aprendizaje cooperativo. Si una persona no sabe trabajar en equipo, tendrá muchas dificultades en su futuro profesional. El modelo basado únicamente en trabajos y presentaciones individuales ya no responde a lo que solicitan las empresas.

La robótica, la programación de drones, la impresión 3D o el ajedrez giran alrededor de las Matemáticas, pero siempre se desarrollan mediante el trabajo cooperativo. Cuando nuestros alumnos terminen una carrera o una Formación Profesional, les pedirán que sepan colaborar con otras personas. Debemos prepararlos desde Primaria.

Ha recibido varios reconocimientos docentes (a finales de febrero de este año, el premio a Mejor Profesor de Educación Primaria de 2025). ¿Qué cree que diferencia su manera de enseñar?

—En España hay muchísimos maestros increíbles que hacen cosas maravillosas, pero quizá no las muestran en las redes sociales o las presentan a convocatorias para conseguir apoyos. Yo intento visibilizar todo lo que hacemos diariamente en el aula.

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Aquello que funciona debe compartirse para que otros docentes puedan aplicarlo. Tenemos que conocer lo que hacen compañeros y retroalimentarnos.

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No se trata de que sea mejor o peor que otros profesores, sino de dar ese impulso para que nuestro trabajo se conozca, otras entidades nos apoyen y podamos mejorar. El objetivo es que el CEIP La Vega, un centro pequeño de un barrio de Tenerife, tenga oportunidades.

Soy bastante insistente con la idea de que aquello que funciona debe compartirse para que otros docentes puedan aplicarlo. También tenemos que conocer lo que hacen compañeros de otros puntos del país y retroalimentarnos mutuamente.

¿Qué opina de las críticas a los premios docentes patrocinados por entidades financieras?

—Entiendo que plataformas formadas por docentes y expertos en educación necesitan el apoyo de entidades externas para financiar este tipo de iniciativas. Trabajo en un centro público y nuestro presupuesto anual es de unos 3.700 euros. En cuanto compras pintura o tienes que reparar algo, una parte importante de ese dinero desaparece.

Además, en Canarias los colegios dependen de los ayuntamientos para determinadas cuestiones de mantenimiento. En nuestro caso no contamos con personal que abra el centro o arregle una bombilla, por lo que muchas de esas tareas terminan recayendo en la dirección.

Por eso visibilizo tanto los proyectos y solicito ayudas. Necesitamos que las entidades nos apoyen para ofrecer al alumnado una educación, unos recursos y unas infraestructuras de calidad. Ese es el objetivo final: luchar por los niños.

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Necesitamos que las entidades nos apoyen para ofrecer al alumnado una educación, unos recursos y unas infraestructuras de calidad.

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También creo que el gremio docente debe cambiar. Nos criticamos demasiado y estamos muy poco unidos cuando tenemos que defender nuestros intereses. Estos reconocimientos exigen justificar los méritos y mantener una actividad constante mediante proyectos, publicaciones o congresos. En mi caso, no lo hago por mí, sino por el alumnado y las familias.

¿Es partidario de utilizar la inteligencia artificial en la educación?

—Soy partidario de la inteligencia artificial porque considero que es un complemento magnífico para los docentes y el alumnado. Insisto en la palabra «complemento». Puede ayudar al profesorado y a los equipos directivos con tareas repetitivas, burocráticas y administrativas, permitiéndonos ganar tiempo para lo que verdaderamente importa: los alumnos.

En Primaria debemos conseguir que los niños conozcan qué es la inteligencia artificial, para qué sirve y cuáles son sus límites dentro del entorno educativo. Nuestro alumnado tiene entre seis y doce años, por lo que debemos prepararlo para su paso a Secundaria y para que, durante la adolescencia, haga un uso razonable de estas herramientas.

¿La tecnología puede impedir que los estudiantes desarrollen capacidades como la creatividad o el pensamiento crítico?

—No lo veo así, siempre que hagamos un uso razonable y sepamos establecer límites. En Canarias contamos con Emocrea, un área que combina las emociones y la creatividad. Nos permite trabajar cómo se siente el niño y, al mismo tiempo, desarrollar su capacidad creativa.

La educación no ha cambiado tanto como otros sectores. Todavía pensamos en el aula de hace 20 años, con los pupitres mirando al profesor, una clase magistral y los alumnos levantando la mano. En nuestro centro, los estudiantes trabajan por equipos y el profesor guía su aprendizaje mediante el descubrimiento.

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La sociedad cambia y debemos preparar al alumnado para esa realidad. Los docentes debemos marcar los límites y decidir hasta dónde se puede llegar.

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La sociedad cambia y debemos preparar al alumnado para esa realidad. Si la inteligencia artificial ya está presente, no podemos mirar hacia otro lado y decir que es mala. Los docentes somos los profesionales que debemos marcar los límites y decidir hasta dónde se puede llegar.

¿El sistema educativo y el currículo se están adaptando a la velocidad de los cambios tecnológicos?

—Creo que el currículo no lo está haciendo. Es relativamente estable, mientras que la tecnología cambia a una gran velocidad. Por eso, quienes deben actualizarse son los docentes, especialmente mediante los planes de formación de los centros.

A veces hay profesores que dicen que ya están suficientemente formados y que aprenderán por su cuenta. Creo que estamos equivocados. Tenemos la obligación de seguir formándonos todos los días, porque la tecnología cambia constantemente. Yo soy un gran defensor de la tecnología y continúo estudiando y aprendiendo a diario. Si nosotros no nos formamos, no podemos formar al alumnado.

Los equipos directivos debemos impulsar esa mentalidad dentro de los claustros y transmitir que la actualización profesional se realiza, ante todo, por el bien de los estudiantes.

¿Cómo definiría el momento actual de la educación?

—Lo definiría como una etapa de transición marcada por numerosos cambios: las pantallas digitales, la tecnología, la inteligencia artificial y los nuevos protocolos. En Canarias se están incorporando muchos procedimientos relacionados con el acoso escolar, la prevención del suicidio o las altas temperaturas, entre otras cuestiones.

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Quienes deben actualizarse son los docentes. Tenemos la obligación de seguir formándonos todos los días, porque la tecnología cambia constantemente.

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El profesorado tiene ahora un exceso de responsabilidades que antes no existía. Hoy un maestro debe ser docente, psicólogo, médico y conocedor de la tecnología. Tenemos tantas obligaciones que, en ocasiones, no sabemos en qué dirección mirar.

El exceso de información, la burocracia y la acumulación de responsabilidades nos están haciendo perder el foco. Lo verdaderamente importante es el alumno, pero corremos el riesgo de dejarlo a un lado porque no disponemos de tiempo para mirarlo a los ojos.

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