Un coche de carreras por Sabadell
Me siento como un coche de carreras que recorre Sabadell. Cada día parece una competición contra el tiempo: tengo que estudiar, trabajar y cumplir una serie de objetivos que no vienen al caso. Y sé que no soy la única persona que vive así; la ciudad entera es un hervidero. A los ruidos se suma un ir y venir de gente y más gente, que podría convertirnos en campeones en cualquier circuito de Fórmula Uno. Esta velocidad no es una casualidad: forma parte de la historia de Sabadell, una ciudad que creció gracias a la industria, las ansias por avanzar y el esfuerzo de miles de personas.
Sabadell está cerca de Barcelona. Su apogeo llegó durante los siglos XIX y XX gracias a la industria textil. La máquina de vapor cambió los métodos de producción, lo que llevó a que se levantaran grandes fábricas de telas conocidas, precisamente, como «vapores”. Estos edificios industriales, caracterizados por sus altas chimeneas, se convirtieron en el símbolo de la ciudad, a la que muchos llamaban “la Manchester catalana», en referencia a la urbe inglesa que lideró la revolución industrial.
Nos impulsa la fuerza de nuestros antepasados que vivieron la época dorada de Sabadell. Por ellos mi ciudad es un coche de carreras, propulsado por el motor del trabajo y el crecimiento económico. La actividad de sus factorías y sus habitantes no conoce descanso. Hoy la velocidad sigue rigiendo la vida cotidiana.
Muchos adoptamos esa velocidad como un modo de vivir, ya que no dejamos de pisar fuertemente el acelerador. Estamos convencidos de que hacer más cosas en menos tiempo nos convierte en personas productivas. Por eso vamos corriendo de un lugar a otro, resolvemos gestiones, hacemos llamadas y respondemos mensajes al instante, y cuando nuestro destinatario no actúa como esperamos, nos ponemos nerviosos. Sin embargo, a menudo nos olvidamos de disfrutar. Un coche de carreras está diseñado para alcanzar grandes velocidades, pero también necesita detenerse en boxes para repostar y revisar el motor y las ruedas. A las personas, cuando vivimos permanentemente aceleradas, el cansancio y las dificultades nos terminan pasando factura.
Quizás el verdadero progreso no consiste en llegar antes que los demás, sino en saber hacia dónde nos dirigimos. Sabadell ha demostrado a lo largo de su historia su capacidad para avanzar, adaptarse a los tiempos e innovar. Pero una ciudad no debería medirse únicamente por su productividad o por su crecimiento; también por la calidad de vida de quienes la habitan. Por eso nos hace falta bajar el ritmo, pues nadie puede mantenerse al límite sin desgastarse, tampoco las máquinas.

Cristina Elías, ganadora de la XXI edición de www.excelencialiteraria.com en la modalidad Artículo de opinión
