Amaia Salamanca debuta como directora con 'Empatía', una mirada a la salud mental adolescente

Amaia Salamanca concluye el rodaje de su primer cortometraje como directora y guionista, una historia protagonizada por Manuela Velasco y Unax Hayden que pone el foco en la salud mental adolescente y en los riesgos de construir la identidad a través del teléfono móvil.

MagisterioMartes, 6 de octubre de 2026
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Amaia Salamanca en un momento del rodaje.

Amaia Salamanca ha finalizado el rodaje de Empatía, un cortometraje producido por No Insistas con el que da el salto a la dirección y al guion. La obra traslada al terreno audiovisual una preocupación presente en numerosos hogares y centros educativos: la influencia que pueden ejercer las pantallas sobre la manera en que niños y adolescentes interpretan la realidad, se relacionan con los demás y construyen su propia imagen. El proyecto nace así con una clara vocación de concienciación, pero también con la intención de acercarse al problema mediante una historia de ficción.

La película está protagonizada por Manuela Velasco, conocida por trabajos como Rec y Velvet, y por el joven actor Unax Hayden, que ha participado en Las ciegas hormigas y 20.000 especies de abejas. A través de sus personajes, Empatía aborda un escenario cada vez más reconocible: el de menores cuya experiencia cotidiana se encuentra atravesada por el móvil y por una exposición constante a contenidos, mensajes y estímulos digitales. El cortometraje plantea, de este modo, una reflexión sobre la distancia entre pantallas y realidad.

Un debut detrás de la cámara

El proyecto supone el primer trabajo como directora de Amaia Salamanca, que también firma el guion. La actriz se coloca detrás de la cámara para contar una historia vinculada con uno de los debates educativos y familiares más presentes en la actualidad: cómo acompañar a los menores en un entorno tecnológico que evoluciona con rapidez y que ocupa una parte creciente de su tiempo de ocio, comunicación y aprendizaje.

La mirada de Salamanca parte de la preocupación por la desconexión que puede producirse entre la vida diaria y aquello que muestran las pantallas. Las redes sociales, los vídeos y otras plataformas digitales no solo entretienen, sino que también proporcionan modelos de éxito, belleza, popularidad o comportamiento. Cuando faltan herramientas para interpretarlos, esos referentes pueden favorecer una percepción distorsionada de la realidad y generar frustración ante la comparación permanente con otras vidas aparentemente perfectas.

La directora considera necesario que la sociedad preste una atención especial a la salud mental durante la infancia y la adolescencia. Su planteamiento no sitúa el problema únicamente en la tecnología, sino en un consumo que puede desarrollarse sin orientación suficiente. La disponibilidad permanente de contenidos y la dificultad para desconectar pueden convertir el móvil en el centro de la rutina, desplazando el descanso, las relaciones presenciales y otras actividades necesarias para el desarrollo emocional de los menores.

Acompañar en lugar de prohibir

La propuesta de Empatía conecta también con la necesidad de proporcionar a niños y adolescentes criterios para utilizar la tecnología. Manuela Velasco subraya la importancia de acompañarlos para que comprendan los riesgos asociados a los recursos digitales. Esa perspectiva evita reducir el debate a una oposición entre permitir o prohibir y lo sitúa en un terreno más amplio: la educación, el diálogo y la adquisición progresiva de autonomía y pensamiento crítico.

Este acompañamiento requiere que familias y docentes conozcan los espacios digitales que frecuentan los menores, se interesen por los contenidos que consumen y mantengan abiertas vías de comunicación. Establecer límites de tiempo puede resultar útil, pero también es importante conversar sobre privacidad, relaciones en internet, presión social, necesidad de aprobación y exposición a mensajes dañinos. La finalidad no debería ser controlar cada interacción, sino ayudar a identificar situaciones de riesgo y facilitar que los adolescentes puedan pedir ayuda con confianza.

El uso problemático de las pantallas puede manifestarse mediante irritabilidad cuando no se dispone del dispositivo, abandono de aficiones, aislamiento, alteraciones del sueño o dificultades para mantener la atención. Ninguna señal aislada permite establecer por sí sola la existencia de una adicción, pero los cambios persistentes de conducta aconsejan observar la situación y, cuando sea necesario, recurrir a profesionales. MAGISTERIO ha recogido en diferentes ocasiones algunas señales de alarma relacionadas con una posible dependencia tecnológica y la necesidad de actuar desde la prevención.

Una cuestión educativa y social

La salud digital de los adolescentes no depende exclusivamente de las decisiones individuales de cada familia. También involucra a los centros educativos, las administraciones, las plataformas tecnológicas y el conjunto de la sociedad. La alfabetización digital debe enseñar a manejar herramientas, pero además ha de incorporar el análisis de los contenidos, el cuidado de la intimidad, la gestión de las emociones y la comprensión de los mecanismos utilizados para captar y retener la atención. Se trata de promover una convivencia digital más responsable.

En este contexto, el cine puede contribuir a abrir conversaciones que no siempre resultan sencillas. Una historia de ficción permite acercarse a conflictos familiares, miedos e inseguridades sin convertirlos de inmediato en una lección teórica. Empatía pretende utilizar esa capacidad narrativa para mostrar cómo la relación con el móvil puede afectar al bienestar psicológico y a los vínculos cotidianos, especialmente durante una etapa en la que la identidad todavía se encuentra en pleno proceso de construcción.

Tras la finalización del rodaje, el cortometraje inicia ahora su recorrido como una obra que combina creación audiovisual y sensibilidad social. Sin presentar la tecnología como un enemigo, el debut de Amaia Salamanca plantea la necesidad de observar qué lugar ocupa en la vida de los menores y qué apoyos reciben para utilizarla. Su mensaje central apunta a una responsabilidad compartida: escuchar, acompañar y ofrecer alternativas antes de que el aislamiento o la dependencia conviertan la pantalla en la única ventana hacia el mundo.

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