El exceso de pantallas se asocia con dificultades lingüísticas interconectadas entre los 3 y 5 años
Una investigación liderada por la Universidad de Granada relaciona una exposición a pantallas superior a la recomendada entre los 3 y los 5 años con dificultades lingüísticas que tienden a presentarse de manera simultánea. El análisis, basado en datos de 16.914 menores, advierte de un posible impacto transversal en una etapa decisiva para aprender a comunicarse.
La capacidad para comprender indicaciones, explicar experiencias, plantear preguntas o expresar necesidades influye en la participación cotidiana del niño, tanto dentro del aula como en el entorno familiar.
Un equipo de la Universidad de Granada y la University of Southern Denmark ha observado que los niños de entre 3 y 5 años con mayor exposición a pantallas presentan dificultades lingüísticas más interconectadas. Los problemas no aparecen necesariamente de forma aislada, sino que pueden formar una red que afecta al mismo tiempo a diferentes dimensiones de la comunicación.
El hallazgo, publicado en Frontiers in Psychology, apunta a que superar el tiempo recomendado frente a dispositivos se asocia con una organización más densa de las señales de alerta relacionadas con el lenguaje. Esto significa que la dificultad para desarrollar una habilidad concreta tiene más probabilidades de estar vinculada con problemas en otras competencias lingüísticas.
La investigación no establece por sí sola una relación directa de causa y efecto. Sus resultados muestran una asociación entre variables y permiten describir cómo se conectan las dificultades, pero no demuestran que las pantallas sean el único origen de los problemas detectados. En el desarrollo infantil también intervienen factores familiares, sociales, educativos y personales.
El estudio fue liderado por Ana María Ruiz-Ruano García, del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Ciencias de la Educación de la UGR. El equipo analizó una encuesta oficial estadounidense con información de 16.914 niños de entre uno y cinco años, una muestra especialmente amplia para estudiar la relación entre las pantallas y el desarrollo temprano del lenguaje.
Los investigadores aplicaron técnicas de análisis de redes, una metodología que permite ir más allá del recuento de dificultades. En lugar de examinar cada señal de alerta por separado, estudiaron las relaciones que se establecen entre ellas y compararon la estructura resultante según el tiempo que los menores pasaban delante de una pantalla.
Este enfoque permitió comprobar que, entre los niños de 3 a 5 años con una exposición superior a la recomendada, las dificultades constituían entramados más conectados. La aparición de un problema lingüístico se encontraba relacionada con una mayor probabilidad de que también estuvieran presentes otras limitaciones en el desarrollo comunicativo.
El trabajo toma como referencia los límites de exposición recogidos en las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud para la primera infancia. Según la nota difundida por la UGR, los menores que superaban el umbral de una hora diaria no solo concentraban más señales de alerta, sino que estas mantenían más relaciones entre sí.
Las capacidades estudiadas abarcan distintos componentes de la comunicación infantil. Entre ellas se encuentran la posibilidad de formular preguntas, seguir instrucciones, construir frases con sentido, expresar emociones mediante palabras y utilizar correctamente determinados sonidos y preposiciones.
El análisis también incorpora habilidades necesarias para desenvolverse en situaciones de comunicación social. En los menores con una elevada exposición a pantallas, las dificultades detectadas en estos ámbitos tendían a integrarse en una misma red, en vez de manifestarse como problemas independientes y claramente delimitados.
Los resultados sugieren así un posible impacto de carácter transversal. El fenómeno observado no se limitaría al vocabulario o a la construcción de frases, sino que alcanzaría distintos ámbitos comunicativos. La conexión entre las señales de alerta puede resultar especialmente relevante porque los años previos al inicio de la Educación Primaria constituyen una etapa fundamental para consolidar las bases del lenguaje.
La capacidad para comprender indicaciones, explicar experiencias, plantear preguntas o expresar necesidades influye en la participación cotidiana del niño, tanto dentro del aula como en el entorno familiar. Las dificultades simultáneas en varias de estas áreas pueden hacer más complejos los intercambios comunicativos y el acceso a situaciones de aprendizaje.
El estudio aporta información útil para comprender los patrones asociados al uso intensivo de dispositivos, aunque sus resultados deben interpretarse con prudencia. Al trabajar con datos procedentes de una encuesta, la investigación permite identificar relaciones estadísticas relevantes, pero no determinar todos los mecanismos que podrían explicar esas conexiones.
Tampoco toda utilización de una pantalla implica las mismas experiencias. El tipo de contenido, el contexto, el acompañamiento adulto y la posible sustitución de conversaciones, juegos o actividades físicas son elementos que pueden modificar la experiencia infantil. El trabajo se concentra en el tiempo de exposición y en su asociación con diferentes hitos del lenguaje.
Desde esta perspectiva, los resultados refuerzan la importancia de prestar atención a los hábitos digitales durante la primera infancia y de favorecer interacciones lingüísticas frecuentes. Conversar, narrar lo ocurrido durante el día, compartir cuentos, jugar y responder a las preguntas infantiles ofrece oportunidades para practicar la comprensión y la expresión oral en situaciones significativas.
Las conclusiones pueden servir también como apoyo para familias, docentes y profesionales que realizan el seguimiento del desarrollo. La presencia simultánea de varias señales de alerta aconseja una observación conjunta de habilidades, en lugar de valorar cada dificultad como un episodio desconectado del resto de competencias comunicativas.
La investigación ha sido financiada mediante el Plan Propio de Investigación de la Universidad de Granada. El equipo ha puesto a disposición de la comunidad científica el código empleado en los análisis, junto con tablas, figuras y otros materiales, con el propósito de facilitar la revisión y reproducibilidad de los resultados.
La apertura de estos recursos permite que otros investigadores examinen los procedimientos utilizados, contrasten los hallazgos y desarrollen nuevos trabajos sobre infancia, lenguaje y hábitos digitales. De este modo, el estudio combina una muestra de gran tamaño con un enfoque metodológico destinado a comprender la interdependencia de las dificultades durante una etapa clave del desarrollo.
