Tres de cada diez escolares tendrán problemas de aprendizaje o neurodesarrollo
Expertos en psicología infantil destacan la importancia de la detección precoz, el apoyo a las escuelas y la implicación familiar para prevenir problemas que pueden derivar en ansiedad, depresión y estrés durante etapas posteriores.
La familia, el entorno y la escuela son los tres agentes que deben avanzar juntos para proporcionar seguridad emocional al menor. © ALEJANDRO / ADOBE STOCK
Cuidar la salud mental infantil entre los 3 y los 6 años puede reducir a la mitad los trastornos que surgen durante la adolescencia, según explican varios expertos en psicología y psiquiatría infantil. Los especialistas advierten, además, de que tres de cada diez menores tendrán algún problema de aprendizaje o de neurodesarrollo durante su etapa escolar.
Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, investigadores y docentes subrayan la importancia de la detección precoz en las escuelas y reclaman más recursos para atender las necesidades del alumnado. También ponen el foco en el entorno familiar, especialmente relevante en unas edades en las que los niños aprenden a través del ejemplo de los adultos.
El psiquiatra de Infancia y Adolescencia e investigador de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), Hilario Blasco-Fontecilla, advierte de que durante los últimos diez años han aumentado los ingresos hospitalarios de menores por problemas de salud mental. Este incremento responde, por una parte, a la mejora de los diagnósticos tempranos y, por otra, a circunstancias sociales como las redes o la pobreza económica y emocional de las familias. «Una familia sin recursos que no puede ofrecer una buena alimentación a su hijo o no puede nutrirlo emocionalmente porque trabaja 16 horas al día impacta en la salud mental del menor», señala Blasco-Fontecilla.
El investigador explica que una detección temprana desde Atención Primaria, acompañada de programas de intervención escolar, permitiría reducir a la mitad numerosos problemas que posteriormente pueden derivar en ansiedad, depresión o estrés. «Detectar con dos años a un niño con Trastorno del Espectro Autista (TEA) hará que a los 18 años sea normofuncional, mientras que si se detecta a los 4 años el resultado posterior será peor«, advierte.
La psicóloga infantil y coordinadora del programa MENTIS del Área de Colegios CEU, Macarena Borrega, también observa un aumento de los problemas de salud mental en las aulas, aunque considera que el riesgo es menor que hace unos años gracias al desarrollo de medidas de prevención. «Nos basamos en tres ejes principales para detectar cuándo puede haber un problema: el sueño, la alimentación y la higiene. También se evalúa el aprendizaje, por si hay un menor rendimiento, y cómo socializa, si tiene un juego autónomo», explica.
Los niños son muy sintomáticos y expresan lo que les sucede mediante conductas, comportamientos o mensajes. Borrega apunta que, entre los 3 y los 6 años, los problemas de salud mental que no proceden de un diagnóstico médico pueden ser un reflejo de la sociedad y de las dinámicas que rodean al menor. «Falta tomar conciencia de que los niños no tienen el ritmo del adulto. Despertarlos temprano y darles ya siete consignas supone una dificultad en una edad donde necesitan procesarlas una a una para entenderlas», recalca la psicóloga.
Ana Martínez, profesora de segundo ciclo de Infantil en el colegio Blanca de Castilla de Burgos, advierte de que el trabajo diario con uno o más alumnos con estas características resulta difícil por la falta de recursos educativos. «Lo ideal sería dos profesoras para atenderles. Creo en la integración con recursos, sin ellos es una utopía», sostiene.
Durante sus 35 años de docencia siempre ha tenido alumnos disruptivos, aunque reconoce que eran menos que en la actualidad. La diferencia, añade, es que al principio de su trayectoria no ponía nombre a esas conductas. Ahora, la experiencia y el conocimiento le permiten sospechar que detrás puede haber algún trastorno, un problema familiar, una educación sin límites o un uso excesivo de pantallas.
La familia, el entorno y la escuela son los tres agentes que deben avanzar juntos para proporcionar seguridad emocional al menor, incide Borrega. En el ámbito educativo, socializar entre iguales, practicar juegos simbólicos, ampliar las horas de patio y evitar la introducción de pantallas durante Infantil son algunas de las medidas preventivas recomendadas, junto con las rutinas y el establecimiento de límites.
El juego es «una forma valiosa en la que los niños y niñas procesan emociones y experiencias», recuerda Unicef. En su último informe sobre España, la organización advierte de que un tercio de los trastornos de salud mental comienza antes de los 14 años. «Con 3 años, llegar a clase, colgar la mochila e ir a la asamblea son hábitos que modelan el comportamiento», explica Borrega, que coincide con Blasco-Fontecilla en que el carácter también puede educarse.
«Las dimensiones biológicas y genéticas las heredamos, pero el temperamento se transforma en un carácter a través del aprendizaje», afirma el investigador de la UNIR, que también es director general del Instituto de Salud Mental y Bienestar Emooti.
Entre las medidas planteadas también se encuentran los programas que ayudan a los niños a reconocer sus emociones y sus virtudes. Borrega recuerda la campaña «#47SegundosMás», puesta en marcha para reivindicar una escucha más atenta hacia los menores. «47 segundos es el tiempo medio que nuestro cerebro dedica a algo antes de cambiar el foco, y no basta. Hay que escuchar más», concluye la psicóloga, que insiste en la necesidad de respetar el ritmo infantil y prestar atención a las señales que los niños transmiten mediante su conducta.
