Toni García Arias: "La vocación es imprescindible para ser docente, porque hoy la profesión es más compleja que nunca"
Toni García Arias es maestro y director del Colegio Joaquín Carrión Valverde, además de profesor universitario y autor de varios libros sobre educación. Reconocido como Mejor Docente de España en 2018 y finalista del Global Teacher Prize en 2023, lleva años reflexionando sobre los retos que afrontan las aulas y quienes trabajan en ellas.
En esta entrevista habla de la pérdida de autoridad del profesorado, la creciente distancia entre las familias y la escuela, el papel de la tecnología y la inteligencia artificial, y la necesidad de alcanzar un gran pacto educativo que aporte estabilidad al sistema. También cuestiona algunas de las modas asociadas a la innovación y reivindica el respeto como fundamento de la convivencia escolar.
P: Has recibido muchos premios a lo largo de tu trayectoria. ¿Por qué proyectos te han premiado?
R: Empecé recibiendo premios de innovación educativa por un trabajo que hice con alumnos de sexto sobre software de edición digital y luego sobre impresión 3D. Después llegaron otros reconocimientos, como el de Mejor Docente de España en 2018, el Global Teacher Award en 2021 y haber sido finalista del Global Teacher Prize en 2023.
P: ¿Qué significa para ti recibir ese tipo de galardones?
R: Es muy gratificante porque supone un reconocimiento a la carrera docente. Yo he convertido mi profesión en mi pasión, en mi hobby. Me dedico prácticamente las 24 horas a esto, leyendo cosas de educación y haciendo cosas de educación. Y además esos premios me sirven para dar voz a la educación en espacios donde a veces no la tiene.
P: ¿Qué te inspiró a escribir tus libros?
R: Al principio yo escribía sobre todo artículos de educación, y mucha gente me decía:
P: Has recibido muchos premios a lo largo de tu trayectoria. ¿Por qué proyectos te han premiado?
R: Empecé recibiendo premios de innovación educativa por un trabajo que hice con alumnos de sexto sobre software de edición digital y luego sobre impresión 3D. Después llegaron otros reconocimientos, como el de Mejor Docente de España en 2018, el Global Teacher Award en 2021 y haber sido finalista del Global Teacher Prize en 2023.
P: ¿Qué significa para ti recibir ese tipo de galardones?
R: Es muy gratificante porque supone un reconocimiento a la carrera docente. Yo he convertido mi profesión en mi pasión, en mi hobby. Me dedico prácticamente las 24 horas a esto, leyendo cosas de educación y haciendo cosas de educación. Y además esos premios me sirven para dar voz a la educación en espacios donde a veces no la tiene.
P: ¿Qué te inspiró a escribir tus libros?
R: Al principio yo escribía sobre todo artículos de educación, y mucha gente me decía: «¿Cómo consigues esos resultados con tus alumnos? ¿Por qué no escribes sobre ello?». A partir de ahí empezó mi primer libro, sobre un cambio de mirada hacia la educación. Luego surgieron otros temas, como la educación emocional para adolescentes y la educación de las fortalezas. Escribir también me permitía aprender más.
P: ¿Por qué ser profesor hoy es tan complicado?
R: Porque hoy en día ser docente exige mucha automotivación. Antes la sociedad apoyaba más la tarea del profesor y el alumnado venía con una base de normas y valores desde casa. Ahora la figura del docente ha cambiado completamente, el conocimiento está más accesible para todos y la sociedad le pide mucho más al profesor.
P: ¿La vocación es tan importante como dices?
R: Sí, es imprescindible. Hay muchas personas que entran en el mundo de la educación y, si no consiguen la plaza o no descubren a tiempo esa vocación, se retiran a los pocos años. Es una profesión muy compleja. Si no eres un apasionado, es muy difícil soportar todo lo que conlleva.
P: ¿Qué ocurre con la relación entre escuela y familias?
R: Hoy en día estamos más distanciados que nunca. Cuando yo empecé, la familia apoyaba las orientaciones del profesorado y las llevaba a la práctica en casa. Ahora te cuestionan absolutamente todo. Los padres creen conocer a su hijo mejor que nadie, pero quien lo ve en interacción con otros niños y en un entorno colectivo eres tú, el docente.
P: ¿Es más difícil lidiar con los padres que con los alumnos?
R: Posiblemente sí. Antes había más apoyo de la familia hacia la escuela; ahora muchas veces te cuestionan cualquier cosa. Y cuando ya no hay remedio, porque el problema ha crecido en la adolescencia, es cuando vienen y te dicen que tenías razón.
P: ¿Ha aumentado la indisciplina en las aulas?
R: Sí, de forma generalizada. Todos los datos lo corroboran. La indisciplina y el incumplimiento de las normas van en aumento, especialmente en secundaria. En muchos centros se viven situaciones muy severas. La autoridad docente se ha perdido porque tampoco se la da la sociedad.
P: ¿La escuela está asumiendo funciones que no le corresponden?
R: Exactamente. Hoy se le pide a la escuela que arregle problemas que son familiares o sociales. Se nos exige actuar sobre el acoso escolar fuera del horario escolar, sobre el uso del móvil en casa o sobre cuestiones que dependen del ámbito familiar. Eso nos obliga a hacer también de padre y de madre, además de docentes.
P: ¿Cómo habéis conseguido en tu centro una cultura de convivencia tan sólida?
R: Con una base muy clara: todo el mundo merece respeto. En nuestro colegio no se insulta, no se pega y no se falta al respeto ni a profesores ni a compañeros. A partir de ahí podemos construir lo que queramos. No hay que inventarse grandes proyectos, la base es el respeto.
P: ¿Qué entiendes por innovación educativa?
R: Creo que hay mucha palabrería y muy pocos resultados. En España nos encantan las modas, y si vienen en inglés, todavía más. Pero innovación no es simplemente cambiar el nombre a lo de siempre. Innovar es hacer algo diferente con la finalidad de mejorar el aprendizaje.
P: ¿Se confunde innovación con tecnología?
R: Sí, constantemente. Por ejemplo, la gamificación no consiste en que los niños se diviertan, sino en que aprendan. Y el aprendizaje basado en proyectos no es juntar alumnos y decirles que trabajen, sino organizar roles, tareas y recursos. Confundimos la metodología con la finalidad.
P: ¿Qué papel debe tener la tecnología en el aula?
R: La tecnología debe usarse para crear, no solo para consumir. Si se usa como consumidor, no aporta nada nuevo. Y si para aprender unas tablas de multiplicar da igual una pizarra digital que un papel, no tiene sentido usarla solo por usarla. La tecnología debe tener un valor añadido real.
P: ¿Y qué opinas de la inteligencia artificial en educación?
R: Soy partidario del uso de las tecnologías y de las redes sociales. Me parece maravilloso poder conectar con un docente a 10.000 kilómetros. Lo que me preocupa es el uso ético. No me preocupa solo el aprendizaje, sino la moral de quien plagia o usa la IA de forma fraudulenta.
P: ¿La IA puede afectar a la creatividad?
R: Sí, porque cuanto más la usas, menos creativo te vuelves. La IA es fantástica para recabar información y aprender, pero no para sustituir la creatividad ni para engañar al profesor diciendo que has hecho algo que en realidad no has trabajado.
P: ¿La tecnología os está ayudando a los docentes o os carga más?
R: Yo pensaba que iba a venir a salvarnos de tanta burocracia, pero al final muchas veces la duplica. Hay que enviar documentos por correo, por plataformas y por distintos softwares. En vez de simplificar, multiplica el trabajo del docente.
P: ¿Influye mucho la política en la educación?
R: Muchísimo. Cada cambio de gobierno trae un cambio de ley, de currículo o de normativa, y eso genera cansancio y hartazgo en el profesorado. Nos obliga a aprender constantemente nuevas cosas que luego repercuten muy poco en la mejora real del alumno.
P: ¿Hace falta un gran pacto educativo?
R: Sin duda. Hace falta un acuerdo de Estado, un sistema educativo estable, con un currículum nacional y con pequeñas modificaciones cuando lo exijan los cambios sociales. No hay voluntad política para eso y mientras no exista, seguiremos en este vaivén permanente.
P: ¿Ves coincidencias entre las grandes leyes educativas?
R: Sí, muchas. La esencia de la educación es prácticamente la misma en una ley del PP y en una del PSOE. Lo que cambia son pequeños perfiles, matices o intereses ideológicos, pero la base educativa es coincidente y se podría alcanzar un acuerdo.
P: ¿Hay una intención política de influir en la escuela?
R: Sí, la educación siempre ha sido una vía de intervención sobre los futuros ciudadanos. Cada régimen, democrático o dictatorial, intenta dirigir a través de la educación. Pero hay aspectos que pertenecen al ámbito familiar y que no se pueden trasladar al aula.
P: ¿Dónde pones el límite?
R: En todo lo que sea ideológico o político. Nosotros debemos garantizar una educación integral y de calidad, transmitir valores básicos y conocimientos, pero no adoctrinar ni ocupar el lugar de la familia en cuestiones ideológicas. Eso no debe tratarse en un centro educativo.